30/04/2026
La soledad se ha convertido en una palabra demasiado rápida. Se usa como diagnóstico, como alarma social, como etiqueta que simplifica realidades muy distintas.
En sociedades longevas, donde la vida se alarga y las biografías se vuelven más complejas, estar solo no significa siempre lo mismo. A veces es herida. A veces es refugio. A veces es elección. Y, en ocasiones, puede ser también transformación.
Por eso conviene revisitar la soledad con más precisión y menos automatismos. No para relativizar su gravedad cuando duele, sino para comprenderla mejor. Porque solo se cuida bien lo que se comprende bien.