13/11/2025
A veces lo entendemos todo.
Sabemos que esa relación no nos hace bien,
que duele más de lo que calma,
que no somos felices ahí.
Y aun así… no podemos soltar.
No es falta de inteligencia,
ni debilidad, ni poca autoestima.
Es algo mucho más profundo.
Es el inconsciente aferrado a una historia que todavía no se cerró.
Porque uno no se queda solo por amor.
Se queda por lo que esa relación activa de su propia historia.
Por la promesa de reparación,
por la esperanza de que esta vez el amor sí alcance,
por ese deseo silencioso de ser miradx, entendidx, elegidx…
como no lo fuimos antes.
Cada quien ama con las marcas de cómo fue amado.
Y a veces eso que hoy duele se parece demasiado
a la forma en que aprendimos que el amor se siente:
con esfuerzo, con espera, con miedo.
Por eso, cuando intentamos soltar,
no solo perdemos al otro.
También sentimos que perdemos una parte de nosotros mismos,
esa que todavía cree que ahí podría sanar algo viejo.
🌿
Mirarse sin juzgar no es justificarse.
Es poder decirse:
“me quedo porque algo mío está intentando no volver a doler”.
Y desde ahí, empezar a acompañarse con ternura,
hasta que un día —sin aviso—
soltar ya no duela tanto.
✨
Saber no siempre alcanza.
Pero mirarse con verdad,
eso sí empieza a liberar.