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MELANOMAS Y LUNARES POSTIZOSEn Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828), pintor oficial de la corte de Carlos IV realiz...
25/04/2026

MELANOMAS Y LUNARES POSTIZOS

En Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828), pintor oficial de la corte de Carlos IV realizó el retrato de la familia real, incluyendo a la izquierda en un segundo plano, a la infanta María Josefa de Borbón, hija de Carlos III y María Amalia de Sajonia.

Lo que resulta notorio es que la poco agraciada dama presenta a nivel de la sien derecha una tumoración cutánea, totalmente negra, la que podría ser compatible con queratosis seborreica, un nevus de gran tamaño o un melanoma maligno. Para quienes sostienen este último diagnóstico, abona el mismo el hecho que la infanta muriera un año después de pintado el cuadro, a los 57 años de edad.

La infanta era realmente fea y, para colmo, de mal carácter, al grado que cuando convocaron al príncipe heredero de Austria para arreglar su matrimonio con la infanta Josefa, al verla, el novio decidió cambiarla, con éxito, por la hermana. Lo mismo le pasó con Luis XV de Francia, que, al conocerla, abandonó la idea arguyendo que era muy joven, aunque la novia tenía ya 24 años. Resultado que, agria y solterona, se quedó para vestir santos, muriendo del melanoma que tal vez, no fuera tal. Para patobiógrafos actuales, la mancha cutánea no sería un melanoma sino un lunar postizo, moda por aquella época.

Los lunares postizos eran bastante comunes en el siglo XVIII; se los llamaba “lunares reales”, por la frecuencia en que eran usados por damas de la realeza. El propio Goya, en uno de los retratos que hizo de la Duquesa de Alba, le agregó uno de estos adminículos estéticos, a veces usados para tapar las cicatrices de la viruela, pero las más, simplemente como una moda.

Al respecto, uno de los más famosos pintores del barroco francés, François Boucher (1703-1770 expuso este hábito femenino en el cuadro “Una dama en la toilette”, en el cual una mujer frente al espejo se está pintando un lunar en la cara.
Otro posible melanoma maligno se encontraría en el autorretrato que hiciera Tiepolo junto a su hijo, donde se observa la lesión en la sien izquierda del artista.

En estos casos, el diagnóstico clínico puede encontrarse enmascarado por una moda cosmética de la época.

Prof. Dr. Eduardo Scarlato – Prof. Dr. Antonio Werner

LAS CARDIOPATÍAS CONGÉNITASComo cardiopatías congénitas se conocen aquellas malformaciones anatómicas del corazón o de l...
04/01/2026

LAS CARDIOPATÍAS CONGÉNITAS

Como cardiopatías congénitas se conocen aquellas malformaciones anatómicas del corazón o de los grandes vasos que se forman durante el desarrollo del embrión, es decir, antes del nacimiento. No es común que sean representadas como tales en el mundo del arte, pero sí en forma indirecta, con signos muy evidentes, como la cianosis (coloración azulada de piel y mucosas por la falta de oxigenación), los dedos en palillos de tambor, malformaciones torácicas o falta de desarrollo.

El pintor barroco Giovanni Lanfranco (1582-1647) realizó el cuadro “San Lucas cura al niño hidrópico”, adelantando el diagnóstico al observador. En la obra, San Lucas, uno de los cuatro evangelistas, pintor aficionado y médico de profesión, oriundo de Antioquía (hoy Turquía), es interrumpido en su trabajo de pintar el rostro de la Virgen María por una madre que le ruega que cure a su hijo enfermo. La profesión de Lucas está aludida en el libro que se encuentra a su lado, pues en el lomo lleva la inscripción “Hipócrates”. Por otra parte, en la epístola de San Pablo dirigida a los colosenses, puede leerse el siguiente párrafo: “Os saluda Lucas, el médico amado”. El niño enfermo que motiva la consulta tiene unos tres años de edad, y presenta una coloración oscura, cianótica, que se hace más evidente en los labios y en los párpados, francamente amoratados. Completa el cuadro un vientre muy prominente, claramente ascítico, por acumulación de líquido seroso en la cavidad peritoneal. El rostro triste del pequeño niño completa el cuadro (Figura 1).

La ascitis, o hidropesía, como se la llamaba antiguamente, es un signo clínico muy llamativo, y común a una serie de enfermedades, tales como como trastornos hepáticos (cirrosis y ciertos tipos de hepatitis), pancreatitis, insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal, síndrome nefrótico, algunas neoplasias o tuberculosis. Cuando la colección de líquido dentro del abdomen es cuantiosa, como en el caso del niño del cuadro, puede provocar dificultas para respirar (disnea) y dolor de espalda. Los tobillos también se hinchan por el edema, lo que no podemos comprobar ya que Lanfranco dejó los pies fuera del cuadro. Lucas, como buen médico, ya está tomando el pulso radial en la muñeca del niño, mientras mira al cielo, pidiendo la ayuda de Dios para curar al paciente.

Hecho el diagnóstico de ascitis, resta conocer la causa probable del trastorno. La corta edad del niño y la cianosis marcada en piel y mucosas hacen pensar que se trata de una insuficiencia cardíaca por Tetralogía de Fallot, una cardiopatía congénita caracterizada por la transposición de los grandes vasos que entran y salen del corazón. Si aceptamos este diagnóstico presuntivo, la descripción gráfica de Lanfranco sería la primera de esta cardiopatía congénita, ya que la misma fue vislumbrada por Stensen, años después de la muerte del artista y definitivamente descripta por Étienne-Louis Arthur Fallot recién en 1888.

Pero si bien la tetralogía de Fallot es una de las cardiopatías cianógenas que permiten la sobrevida del paciente, ésta no cursa con ascitis. En el caso de la Comunicación Interventricular severa, la sobrecarga del ventrículo derecho puede causar hipertensión pulmonar, la que sí puede conllevar a una cianosis y a un abultamiento abdominal por hepatoesplenomegalia. Este fenómeno es conocido como el síndrome de Eisenmenger o de cianosis tardía y podría ser el otro diagnóstico de nuestro pequeño paciente.

La tetralogía de Fallot ocurre en 3 de cada 10.000 nacimientos vivos y constituye aproximadamente del 7 al 10% de todos los defectos congénitos. Es una de las causas más comunes de cardiopatía cianótica más allá de la edad neonatal. La etiología es multifactorial y se ha asociado con la ingesta materna de ácido retinoico, diabetes materna no tratada, la fenilcetonuria, o las anomalías cromosómicas relacionadas son las trisomías 21, 18 y 13. Sin embargo, son más frecuentes las microdeleciones del cromosoma 22.

La forma clásica de la tetralogía incluye cuatro anomalías del corazón y sus principales vasos sanguíneos: la comunicación interventricular, el estrechamiento de la arteria pulmonar, el cabalgamiento o dextraposición de la aorta y el engrosamiento de la pared muscular del ventrículo derecho.
A la doctora Maude Abbott (1868-1940), le costó mucho esfuerzo y constancia lograr graduarse como la primera mujer médica de Canadá, luchando contra la oposición y discriminación de sus futuros colegas. Cuando intentó inscribirse como alumna de medicina en la Universidad McGill de Montreal, se consideró que el hecho significaría “una verdadera calamidad” para la casa de estudios. Algunos profesores amenazaron con renunciar si Maude era admitida. Finalmente logró ingresar a la Escuela de Medicina de otra universidad, donde, en 1894, se graduó con honores.
Luego de completar su formación en Patología en Viena, se dedicó al estudio profundo de las cardiopatías congénitas, con tanto éxito que el propio Sir William Osler (1849-1919), la invitó a participar en su monumental obra “Principios y Práctica de la Medicina”. Así lo manifestó Osler: “Sabía que escribiría un buen artículo, pero no esperaba uno de tan extraordinario mérito. Es, sin duda, lo mejor que se ha escrito jamás sobre el tema en inglés, posiblemente en cualquier idioma. No tengo palabras para expresar cuánto aprecio el cuidado y el esfuerzo que ha dedicado... Durante años será la obra de referencia sobre el tema”. Su otra pasión fue la creación y curadoría de museos de medicina, al estilo de Rudolf Virchow en Berlín. Fue cofundadora de la Asociación Internacional de Museos Médicos (IAMM) y coeditora de su revista.
Sus logros en el tema de las enfermedades congénitas del corazón hicieron que Diego Rivera la incluyera como la única mujer en el mural dedicado a la historia de la cardiología que realizó en 1944 para el Instituto Nacional de Cardiología de México. El gran muralista la representó como una amable cardióloga que atiende a una niña con los labios cianóticos.
La pintora Mary Alexandra Bell Eastlake, (1864-1951), amiga de la cardióloga, hizo dos retratos al óleo de Maude Abbott. El primero se vendía en el negocio de un marchand como “Retrato de una anciana” hasta que un médico afecto a la historia reconoció a Maud en el retrato, que hoy se exhibe en el Museo dedicado a su memoria. El segundo, de 1936, que presenta a Abbott con su toga doctoral roja, fue utilizado en la estampilla canadiense editada en el año 2000 (Figura 2).
Los defectos físicos que esta enfermedad evidencia han sido retratados por distintos artistas, sin embargo, es en los autorretratos del holandés Dick Ket (1902-1940) donde se ilustran claramente muchas de las características clínicas, tales como la cianosis, los dedos en palillos de tambor o la facies abotagada. Estos signos pueden observarse en su autorretrato de 1932. Dick Ket murió a los 38 años de insuficiencia cardíaca, luego de vivir diez años recluido en casa de sus padres por el grado de incapacidad que lo aquejaba (Figura 3).

Otro ejemplo de cardiopatía congénita lo encontramos en una acuarela que ilustraba un libro de medicina de 1880, perteneciente al artista Thomas Godart, quien cooperaba en las obras del anatomista inglés Luther Holden (1815-1905), presentaba el caso de un niño con sarampión, pero más allá del cuadro infeccioso que se quería mostrar, se evidencian signos de una grave cardiopatía, como la marcada cianosis y los dedos de las manos con la característica forma de palillos de tambor (Figura 4).
La artista inglesa contemporánea Sofie Layton, reconocida mundialmente por su abordaje multidisciplinario a la temática de las cardiopatías congénitas, se ha inspirado en este aspecto del sufrimiento humano tan específico por estar casada con un cardiópata congénito. Para experimentar las condiciones de vida de los pequeños afectados, a Sofie se le permitió residir una temporada en el Hospital Infantil Great Ormond Street de Bristol, con el asesoramiento del cardiólogo Giovanni Biglino. Entre las variadas obras que presentó en diversas exposiciones, se reproduce la que la autora describe como “un corazón reconstruido después de una cirugía puede ser tan desconcertante como un cubo de Rubik” (Figura 5).

Prof. Dr. Eduardo Scarlato – Prof. Dr. Antonio Werner

LITIASIS URINARIAComo litiasis urinaria, o urolitiasis, se conoce a la presencia de cálculos en la vía por la que transc...
27/09/2025

LITIASIS URINARIA

Como litiasis urinaria, o urolitiasis, se conoce a la presencia de cálculos en la vía por la que transcurre la o***a, comenzando por el órgano donde se produce, el riñón, el uréter, la vejiga, donde se estaciona, y la uretra, por donde sale al exterior. Estos cálculos urinarios se originan por la precipitación y cristalización de sustancias químicas presentes en la o***a, como oxalato de calcio y ácido úrico. Es una enfermedad de alta prevalencia a nivel mundial, vinculada a factores alimenticios, estilo de vida, y factores genéticos. Las complicaciones de la litiasis son principalmente el dolor agudo e intenso (cólico renal), la infección y la hematuria, es decir, la presencia de sangre en la o***a.
Se han encontrado cálculos renales en momias egipcias, y se menciona “la enfermedad de la piedra” en los papiros médicos de la época. En una tabla mesopotámica, de unos 3.000 aC, se lee: “Introducirás un remedio en el pene con la ayuda de pequeños tubos de bronce”, lo que documenta la existencia de catéteres uretrales para el tratamiento de problemas urinarios obstructivos. Todas las sociedades idearon métodos para extraer los cálculos, pero siempre con procedimientos agresivos altamente riesgosos, al grado que Hipócrates incorpora en su famoso “Juramento”, que los médicos “No operaremos ni siquiera a aquellos que sufran del mal de la piedra, y dejaremos esta labor a aquellos que practican la cirugía”, reafirmando de paso la supremacía de la clínica sobre la cirugía, diferenciación que persistió hasta el siglo XVI.
El médico romano Celso (25 aC-50 dC) describió en “De re medica” el método para extraer las piedras de la vejiga a través de la vía perineal, con tanta aceptación que fue utilizado hasta aproximadamente el siglo XV. Una ilustración medieval muestra el momento de la extracción del cálculo vesical por vía perineal, una operación con alta mortalidad por hemorragia o infecciones. Y si el paciente sobrevivía, portaba una fístula para toda la vida.
Ante tamaños riesgos, era mejor solicitar la intersección de un santo milagrero, o aún mejor, directamente de la Virgen María, para eliminar los cálculos, como lo expone una ilustración del Códice Rico. En la primera viñeta, el paciente acude al médico en busca de ayuda. Cuando, a través de la uroscopia conoce el diagnóstico, se pone en manos de la Virgen María, pudiendo así expulsar la piedra.
En la medicina del Islam, se destacó como cirujano dedicado a la urología el turco Seraffedin Sabuncuoglu (1385-1468), autor de un tratado muy completo, con 134 ilustraciones sobre intervenciones urológicas, como, entre otras, el tratamiento de las retenciones urinarias y de los cálculos vesicales.
La medicina tuvo un avance notable en el Renacimiento, al dejar atrás los dogmas intocables del Medioevo, basados en la autoridad indiscutible de los textos de Hipócrates y Galeno, y la imposibilidad de avanzar en el estudio de la anatomía por la prohibición eclesial de disecar cadáveres. A partir del siglo XV se desarrolla la anatomía científica y consecuentemente la cirugía, impulsadas ambas ciencias por Vesalio y Ambroise Paré. Paralelamente, la invención de la imprenta favoreció la difusión del conocimiento médico. En el campo especifico de las enfermedades urológicas, Jean Desromain, en 1520 inventó una técnica novedosa para romper los cálculos vesicales con el litótomo, que se introducía por la uretra y podía triturarlos. La operación requería que el paciente adoptara una posición con las piernas bien flexionadas, como muestra la ilustración.
Otra ilustración, representa al cirujano urólogo realizando un cateterismo vesical a un soldado que padece una obstrucción uretral, mientras otros dos esperan su turno. La escena hace pensar que se trata de pacientes blenorrágicos, ya que, al no existir antibióticos, la gonorrea se convertía en una enfermedad crónica que traía como secuela la estenosis de la uretra.

Prof. Dr. Eduardo Scarlato – Prof. Dr. Antonio Werner

FIEBRE AMARILLA O VÓMITO NEGROLa fiebre amarilla, mal de Siam o fiebre de Barbados, ha sido una de las enfermedades cont...
24/09/2025

FIEBRE AMARILLA O VÓMITO NEGRO

La fiebre amarilla, mal de Siam o fiebre de Barbados, ha sido una de las enfermedades contagiosas más temidas por los humanos, ya que podía producir epidemias devastadoras, como las sucedidas entre los siglos XVII y XX.
La enfermedad genera necrosis hepática, que se traduce en ictericia, vómitos hemorrágicos, anuria y delirio terminal. El nombre de fiebre amarilla deriva de la coloración cutáneo mucosa característica de la ictericia.
El virus de la fiebre amarilla es transmitido a los humanos por la picadura de mosquitos infectados, en particular de la variedad Aedes aegypti. Pese al conocimiento antiguo de la afección, recién en el año 1901 se relacionó la transmisión de la fiebre amarilla con la picadura del mosquito a los humanos.
La transmisión de la fiebre amarilla fue un misterio para la ciencia durante siglos hasta que en 1881, el médico cubano, Carlos J. Finlay (1833-1915), finalmente demostró el papel que el mosquito desarrolla en el ciclo de la enfermedad.
No fue fácil la aceptación por la comunidad médica local. Cuba estaba ocupada por las tropas estadounidenses que habían vencido a las colonialistas españolas en la guerra en 1898, y las nuevas autoridades enviaron varias comisiones médicas con el objetivo de erradicar las epidemias que hacían estragos en sus fuerzas acantonadas en la isla. El científico más importante era el médico Walter Reed, quien invitó a Finlay para que se asociara a su Comisión y tratara de probar su teoría del mosquito como transmisor.
No solo lo logró, sino que aplicando sus recomendaciones sobre la manera de eliminar al mosquito, logró erradicar en siete meses las epidemias de fiebre amarilla.
La primera epidemia confirmada de fiebre amarilla en América fue la de 1647 en Barbados, con un saldo de 5.000 mu***os. Debido al corto alcance del vuelo del mosquito, las epidemias ocurrieron con mayor intensidad en los centros poblados como Buenos Aires, que las padeció en los años 1852, 1858, 1870 y 1871, la más grave de todas. Fue un desastre que mató aproximadamente a 14.000 personas, lo que significaba el 8 % de la población.
Por ser endémica en Brasil, se piensa que fue transmitida por los soldados que regresaban de la Guerra de la Triple Alianza. La difusión de la epidemia en la ciudad se vio favorecida en los barrios más pobres y más poblados, por el hacinamiento y las escasas condiciones sanitarias. La saturación de los cementerios obligó a la creación del cementerio de la Chacarita y para las áreas de entierro de los cadáveres de los apestados se recurrió a detenidos por delitos comunes sin sentencia firme, con la promesa de que se les reducirían las p***s.
La conducta de las autoridades fue diversa y criticada. Mientras algunos, como el presidente, Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), y el vice, Valentín Alsina (1802-1869), huyeron a resguardarse en el Tigre, otros dejaron la vida en la atención solidaria de los enfermos, como los médicos Francisco Javier Muñiz (1795-1871) y Manuel Argerich (1835-1871), y el abogado Roque Pérez (1815-1871), que había liderado la Comisión Popular que debió actuar en lugar de Ejecutivo ausente en la tragedia. Como héroes anónimos murieron 11 médicos, 60 sacerdotes y 22 miembros de la Comisión.
El pintor uruguayo Juan Manuel Blanes (1830-1901), que por entonces estaba radicado en Buenos Aires, pintó un cuadro en plena epidemia de 1871. Lo llamó “Un episodio de fiebre amarilla en Buenos Aires” y en el mismo, con gran maestría representó la visita de los integrantes de la Comisión Popular, Manuel Argerich y Roque Pérez a la pieza de un conventillo de San Telmo, en la cual yace una madre moribunda, con el color amarillento de la enfermedad, junto al pequeño hijo que se aferra a su pecho. A la derecha, y en el cono de la sombra, se alcanza a ver otra víctima sobre un camastro. El cuadro conmovió a los miles de porteños que concurrieron a verlo a fines de 1871, en el hall central del viejo Teatro Colón, cuando la sala estaba todavía frente a la Plaza de la Victoria, hoy Plaza de Mayo.
La pintura de Blanes está inspirada en una noticia publicada por varios diarios de la ciudad. El diario “La Tribuna” lo titulaba "Horroroso", y relataba que un sereno de la calle Balcarce (barrio de inmigrantes), "había encontrado la puerta de una casa abierta y al entrar encontró en una de las piezas el cadáver de una mujer, en cuyo seno mamaba un niño. No sin algún trabajo consiguió desasirlo de los brazos de la mu**ta." Hay, en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo un boceto preliminar de Blanes, más fiel a la noticia periodística, pero que evidentemente no terminó por conformar a Blanes, ya que presenta diferencias notables con la pintura final. En el boceto, todo es más dramático; los visitantes no están identificados y no parecen muy comprometidos con la tragedia que están viendo, el cadáver sobre la cama se encuentra en una posición chocante, y el niño directamente está mamando del pecho de la madre mu**ta.
En el puerto andaluz de Cádiz se desató una grave epidemia de fiebre amarilla en el año 1819, llegada desde La Habana por la corbeta anglo-americana “Delfín”, varios de cuyos tripulantes murieron durante la travesía. Los efectos de la enfermedad fueron retratados por el pintor academicista Théodore Géricault (1791-1824), en el cuadro que llamó “Escena de la epidemia de fiebre amarilla en Cadiz”. En una habitación muy pobre conviven seis personas con claros signos de padecer la afección en distintos estadíos, el cadáver de una mujer en primer plano. En el centro, recostado en la pared, Géricault incorporó la figura de un moro, una presencia acertada en el ambiente de Andalucía.

Prof. Dr. Eduardo Scarlato – Prof. Dr. Antonio Werner

CAMPTOCORMIALa camptocormia es una enfermedad de afectación muscular de aparición poco frecuente y tardía, consistiendo ...
26/07/2025

CAMPTOCORMIA

La camptocormia es una enfermedad de afectación muscular de aparición poco frecuente y tardía, consistiendo básicamente en una lumbalgia crónica asociada a una cifosis secundaria a la debilidad de la musculatura paravertebral lumbar. Esta cifosis se incrementa con la fatiga, siendo reductible completamente en decúbito supino y presentando una relación mujer/hombre de 4 a 1. En un 20% de los casos se asocia a un déficit moderado de la musculatura escapular o pelviana.
El término camptocormia deriva del griego Kamptein (curva) y Kormós (tronco), habiendo sido descripto en un principio por Brodie en 1837 como un trastorno psiquiátrico histérico. Posteriormente se lo observó en reclutas en la I y II Guerra Mundial que presentaban dolor y debilidad de la musculatura paravertebral dorso-lumbar. Hasta inicios de la década de los 90 esta entidad fue considerada de origen psiquiátrico, y es a partir de esa época en que, a raíz de diversos estudios, se pasó a considerarla como una enfermedad con base orgánica. En 1996 Karras planteó la diferenciación entre dos procesos hasta entonces etimológica y clínicamente confundidos: camptocormia y cormoptosis. La cormoptosis se referiría al cuadro de dolor lumbar y cifosis que se presenta en sujetos jóvenes y que tendría una etiología psiquiátrica, mientras que la camptocormia se referiría a un proceso que cursaría con afectación de la musculatura paravertebral.
El evangelio según san Lucas, escrito entre los años 70 a 80, presenta una sanación milagrosa, la que, dado el tipo de patología y la forma de curación, podría corresponder con un caso de camptocormia. “Estaba un sábado enseñando en una sinagoga. Había allí una mujer poseída de un espíritu inmundo que la tenía enferma desde hacía 18 años, estaba encorvada y no podía de ninguna manera enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.» Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó y glorificaba a Dios”. (Lucas 13:10-17). La inmediata recuperación de la postura erecta es la mejor evidencia de que la curvatura era reversible, excluyendo una deformidad fija por espondilitis, espondilosis, escoliosis, osteoporosis u osteomielitis tuberculosa o enfermedad de Pott.

Prof. Dr. Eduardo Scarlato – Prof. Dr. Antonio Werner

ANEMIA Y LOS BÚCAROSLa palidez como signo visible de la anemia puede ser excepcionalmente por sí misma el motivo de una ...
09/07/2025

ANEMIA Y LOS BÚCAROS

La palidez como signo visible de la anemia puede ser excepcionalmente por sí misma el motivo de una obra de arte, o, mucho más común, ser una señal más de uno o varios personajes enfermos o heridos en un cuadro cuya temática no guarda relación con la anemia. La palidez obedece al déficit de hemoglobina en los tejidos, la proteína rica en hierro que es transportada por los glóbulos rojos, y que le confiere el color rosado a la piel y las mucosas.
Samuel van Hoogstraten (1627-1678) fue uno de los discípulos preferidos de Rembrandt, y entre su prolífica obra se encuentra el cuadro “La dama anémica”, de 1660. Una mirada superficial a la tela permite ver la clásica visita médica en la pintura flamenca, con un elegante y distante facultativo que estudia la o***a de la paciente pálida, mientras el marido asiste preocupado por la salud de la esposa. Pero en realidad, el argumento tiene una intencionalidad moralista, habitual en los pintores de su época, miembros de una sociedad calvinista y puritana. El médico examina la muestra de o***a de la enferma para certificar que está embarazada, mientras el esposo, incómodo, mira fijamente el vaso que confirmará su sospecha de que no es realmente el padre. La protagonista mira con complicidad al observador. El cuadro de Venus y Cupido que cuelga sobre la puerta del fondo alude a los complementos eróticos de la escena. El pintor ha logrado transmitir con mucha naturalidad y realismo la palidez de la piel y de las mucosas faciales por causa de la anemia, en este caso, por el propio embarazo, que aumenta el requerimiento de hierro en la sangre.
Contemporáneo de van Hoogstraten, Gabriel Metsu (1619-1667), radicado en Ámsterdam, se especializó en la pintura de género, retratos y bodegones. En el cuadro “El niño enfermo”, de 1660, el pequeño personaje en el regazo de la madre que lo sostiene con cariño luce débil, con los brazos y piernas colgando fláccidos. No sabemos lo que padece, pero sí que posiblemente estuviera anémico por la palidez de la piel. La expresión serena de la madre nos asegura que no es nada grave. Los colores terrosos elegidos por el pintor ayudan a aportar intimidad a la escena.
Durante mucho tiempo la coloración pálida de la piel fue un concepto estético y de posicionamiento social. Portar una piel pálida rayana en la lividez cadavérica llegó a convertirse en un símbolo de pertenencia a la clase más privilegiada. Solo aquellos que no debían estar bajo el sol, condenados a ganarse el pan con el sudor de su frente, lograban una piel pálida, la que además, evocaba el recuerdo de la levedad de las cosas mundanas, sujetas a la temporalidad. La búsqueda de la palidez con objetivo estético condujo a hábitos extravagantes como la bucarofagia, es decir, el hábito de comer el barro de los búcaros (del portugués púcaro y éste a su vez del latín pocŭlum “vaso”), recipiente que posee una boca y cuello angosto y un vientre abombado.

Esta práctica está incluida dentro de otra enfermedad más amplia, la geofagia, la que está comprendida a su vez en una categoría superior que es la pica o ingesta de cualquier sustancia incomestible. El término pica proviene del nombre científico de la urraca (Pica pica), por ser ésta un ave que engulle todo aquello que de alguna manera le atrae.

Estas cerámicas confeccionadas con barros rojizos procedentes de ciertas zonas de Extremadura y de México, fueron muy codiciadas porque refrescaban y aromatizaban el agua y porque algunas jóvenes las utilizaban para anemizarse ingiriéndolos pulverizados, ya que, al parecer, estas arcillas ingeridas interferían con la absorción del hierro, generando con el tiempo, una anemia ferropénica. Por otro lado, esta deficiencia de hierro se traducía en muchos casos en amenorrea, lo que servía como rudimentario mecanismo anticonceptivo. El exceso de esta práctica alcanzó niveles tales que llegó a intervenir la Inquisición, prohibiendo esta práctica.

Es el caso de la infanta Margarita, presente en primer plano en “Las meninas” de Velázquez, recibiendo una bandeja con un pequeño búcaro. Como se cree que la infanta padecía el síndrome de McCune-Albright o pubertad precoz, con frecuentes y muy abundantes menstruaciones desde su infancia, en este caso estaría recibiendo el mismo en calidad de medicamento.

El pintor retratista de la corte de Felipe II, Alonso Sánchez Coello (1532-1588) pintó en 1585 a Juana de Mendoza, duquesa de Béjar, y si bien la obra se titula “Enano entregando chocolate a Juana de Mendoza, futura duquesa de Béjar”, el ofrecimiento lo realiza en un búcaro.

Juan Bautista del Mazo (1612-1667) era yerno de Diego Velázquez, y como tal pintaba siguiendo el estilo y técnicas de su célebre suegro. Uno de sus cuadros más famosos, “La reina Mariana de España vestida de luto”, sigue los lineamientos básicos que Velázquez estableciera para “Las Meninas”, incluido el perro, los enanos y el ofrecimiento del búcaro, en este caso al pequeño futuro rey Carlos II. La obra se pintó un año después de la muerte de Felipe IV, razón por la cual la reina guarda luto estricto.

La práctica fue registrada también en la literatura. Lope de Vega (1562-1535), en su obra “El acero de Madrid” comenta acerca de la opilación relacionada con los búcaros: “Mujer que come medio jarro/ que no lo hace por el barro/ sino por dar a entender/ que su barriga es basera” (plana como una bandeja).

Paradójicamente, el tiempo traería de la mano del hierro una serie de tónicos utilizados para tratar medicamente la anemia ferropénica. Una mujer anémica es la protagonista de un cartel publicitario francés de 1898, que hacía la propaganda de un tónico ferroso para tratar la carencia de hierro. No se trata de la típica dama parisiense, coqueta y mundana; la imagen es la de una trabajadora, una costurera que cae lánguida y pálida sobre la máquina de coser. El advenimiento de la revolución industrial, y el pasaje del trabajador del campo asoleado a la sombra de la fábrica, sumado a la mala alimentación, llevó a que la palidez de la piel, otrora patrimonio de la clase pudiente, pasase a ser un signo de la clase trabajadora. La hora del atardecer, el gato, la lámpara humeante de gas, y el fondo de París con la torre Eiffel le agregan dramatismo a la escena.

Prof. Dr. Eduardo Scarlato – Prof. Dr. Antonio Werner

AMUSIAAmusia es el término con el que se denomina a un número de trastornos que inhabilitan el reconocimiento de tonos o...
24/05/2025

AMUSIA

Amusia es el término con el que se denomina a un número de trastornos que inhabilitan el reconocimiento de tonos o ritmos musicales, de su reproducción, su lectura, dicción o su escritura. En este sentido, es un trastorno equiparable a la afasia.
La amusia, salvo los casos congénitos, sobreviene a partir de una lesión cerebral. La manera de clasificar los distintos tipos de amusia se clasifica en base a las alteraciones clínicas que provoca, entre las que se encuentran:
Amusia motora, cuya expresión clínica sería la incapacidad para silbar o cantar.
Amusia perceptiva, cuya expresión clínica sería la incapacidad para discriminar los tonos.
Amnesia musical, cuya expresión clínica sería la incapacidad para reconocer canciones familiares.
Apraxia musical, cuya expresión clínica sería la incapacidad para interpretar música.
Agrafia musical, cuya expresión clínica sería la incapacidad para escribir música.
Alexia musical, cuya expresión clínica sería la incapacidad para leer música.
En la mitología griega, Tamiris o Tamaris, hijo de Filamón y Argíope, fue un “aedo” tracio, artistas que cantaban epopeyas acompañándose de un instrumento musical, el phorminx. Fue considerado el primer hombre que cortejó a otro hombre, cuando sedujo a Jacinto, el hijo de Clío, la musa de la Historia. Apolo, también enamorado de Jacinto, convenció a Tamaris que desafiara a las musas a una prueba de canto y destreza con la lira. Las musas, como castigo por su soberbia, lo cegaron y le privaron de su habilidad musical, constituyendo un típico caso de apraxia musical
Aleksandr Andréyevich Ivánov (1806-1858) fue un pintor ruso que adhirió a la decadente y conservadora tradición del Neoclasicismo, por lo que encontró poca aceptación entre sus contemporáneos. Desarrolló gran parte de su carrera artística en Roma, de donde regresó a Moscú en 1858, solo para morir dos meses después en una epidemia de peste. Hoy, su obra es reconocida, y entre la misma se encuentra el cuadro "Apolo, Jacinto y Cipariso tocando y cantando", de 1834, donde Apolo abraza tiernamente al joven Cipariso mientras Jacinto toca la flauta.
En la mitología griega, Cipariso (Ciprés en castellano), al morir fue convertido por Apolo en el árbol ciprés, el cual elevó su punta aguda hasta el cielo. Desde entonces, es el árbol que electivamente adorna los cementerios, al considerárselo el símbolo del dolor por la muerte de los seres queridos.
Un ejemplo actual de amusia adquirida ha sido el caso del músico y compositor francés Maurice Ravel (1875-1937), quien sufrió en los últimos años de su vida un compromiso del córtex prefrontal y los ganglios de la base, lo que le produjo una afasia de Wernicke, con gran dificultad para la lectura y la escritura, aunque logró conservar la comprensión del lenguaje. Desde el punto de vista musical, esta lesión neurológica se tradujo en un pensamiento musical relativamente bien conservado, pero con gran afectación de la escritura y la lectura de las partituras musicales. Su obra más famosa, el “Bolero”, con su “ostinato” repetitivo, su relativa pobreza melódica y su linealidad, sería el reflejo de esta enfermedad.
El propio compositor opinaba así del Bolero: "¿Mi obra más famosa? El Bolero, por supuesto. Por desgracia, está vacío de música." En sus últimos años, la lesión cerebral de Ravel lo transformó en un ser incapaz de comunicarse con los demás, aunque lamentablemente, con conservación parcial del intelecto. En 1932 expresó: "Tengo la cabeza llena de música, pero no soy capaz de escribirla".
Desafortunadamente, el célebre compositor fue puesto en manos de los neurocirujanos Clovis Vincent (1879-1947) y Thierry de Martel (1974-1940), pioneros de la especialidad en Francia, quienes decidieron abrirle el cráneo para investigar la presunta existencia de una masa tumoral que explicaría la evolución de su enfermedad. No encontraron nada, pero terminaron con la vida de Ravel, que al salir del quirófano entró en un estado comatoso del que no se recuperó, falleciendo a los 62 años.

Prof. Dr. Eduardo Scarlato - Prof. Dr. Antonio Werner

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