27/01/2026
UNA ABEJA ME CONTAGIÓ SU VUELO
Cuando dejamos de batallar contra el curso de las cosas y nos dedicamos a develar sus posibles sentidos —transformando en capital interno lo vivido— retomamos la ruta del propósito, del deseo honesto y de la elección genuina.
Allá afuera, afuera de uno mismo, si no estamos distraídos, la vida nos ofrece a diario sus mejores lecciones. ¡Como ocurre con las abejas!: en su búsqueda de néctar, se mueven entre flores transportando en sus cuerpos el polen. En ese accionar vital, integran lo masculino y lo femenino —del estambre al estigma— para que en esa unión emerja, una vez más, la Vida. Es así como posibilitados por el paso del tiempo, el sol, las lluvias y varios vientos permiten que brote una Nueva Forma.
¿Por qué entonces no habríamos de hacer nosotros lo mismo?
Ya me venía asomando al néctar de cada persona con la que me cruzaba; a los saberes aprendidos y a todo lo visto y oído. Pero esta vez, decidí dar un paso más... o un vuelo.
¿Te acordás de esos dibujos que se perdieron? Prometieron volver renovados y cumplieron. (¡Pronto te contaré qué estuvimos haciendo, y en que se están convirtiendo!).
Porque, al igual que vos, pasé varios soles y lunas en pausa, también por truenos de enojos, y me brotó lluvia de los ojos. Pero la vida siempre empieza de nuevo y yo tuve mucha suerte: una abeja me contagió su vuelo.
PD: Pronto novedades. Guardo el anhelo profundo de que cada palabra te contagie de nuevos sentidos y de todos los posibles vuelos.