29/12/2025
Subir el volcan Lanin empezó en la preparación: entrenar cuando no siempre había ganas, organizar tiempos, equiparme, informarme, descansar. Nada de eso garantizaba llegar, pero si era una forma de acción comprometida, de moverme en dirección a algo que para mí tiene valor.
Durante la subida aparecieron el cansancio, la incomodidad, el miedo y también pensamientos como: " y si no puedo?" Desde ACT, no se trata de que esas experiencias internas desaparezcan, sino de hacerles lugar sin que dirijan mis decisiones. Aprender a caminar con el malestar, en lugar de luchar contra él, fue parte del proceso.
Hubo algo muy claro en la montaña: no todo depende de mí. El clima, el viento, el estado del terreno no se pueden controlar. Aceptar eso no fue resignarme, sino dejar de gastar energía en pelear con lo inmodificable para poder responder con mayor flexibilidad. Lo que si dependía de mí fueron mis hábitos y disciplina, escuchar mí cuerpo, pedir ayuda si era necesario.
La cumbre era un objetivo, pero no el único. A cada paso, el objetivo se volvía más pequeño y concreto: avanzar hasta el próximo tramo, regular la respiración, estar presente. Eso también es activación conductual: elegir acciones alineadas con lo importante, incluso cuando la experiencia interna no siempre es cómoda.
La montaña me recordó algo que veo todos los días en terapia: los procesos no son lineales. No todo se puede controlar y avanzar no siempre se siente bien. Pero cuando las acciones están guiadas por valores, el camino tiene sentido, incluso si el resultado no es el que imaginábamos.
No hubo cumbre, pero si una enseñanza clara: no todo está en mis manos, y reconocerlo también es una forma de fortaleza.
❤️