06/05/2025
La Rubedo es la última fase necesaria para transmutar. Representa el yo esencial descubierto en el apogeo del proceso de separación y disolución de la personalidad. Todo el proceso alquímico, que en realidad no tiene principio y fin porque es un proceso continuo, describe un sacrificio, una entrega total, en el que el “cuerpo alquimizado” es desintegrado, con el fin de extraer su esencia más pura. El proceso que inicia con la rendición y la entrega de lo más denso, y luego de atravesar un periodo de introspección, culmina con la realización de la gran obra (Opus magnum). El Fénix es el ave asociada a esta fase y simboliza la realización espiritual.
El bardo del devenir, la etapa entre la muerte y el renacimiento, es un período intermedio lleno de dificultades para las personas que no hayan cultivado la ecuanimidad mental en la vida. Sin embargo, ese periodo intermedio también se aplica a una mente perturbada. Cuando nos hallamos entre una vida tranquila y una extremadamente ruidosa; cuando nos debatimos entre lo viejo conocido y lo nuevo y desconocido; entre el pasado y el presente.
Bardo puede ser entendido como «este mismo momento». El ahora de este momento es la interrupción continua (o la pausa) entre nuestras experiencias transitorias, tanto temporales como espaciales, como la pequeña interrupción que existe entre este aliento y el siguiente; o el surgimiento y el desvanecimiento de este pensamiento y el siguiente. El intervalo también puede ser experimentado como el intermedio de dos objetos: el hueco entre dos árboles o dos coches, el espacio que proporciona la definición; o podemos entender este intervalo como la vacuidad que nos permite ver la forma. En realidad, todo está entremedias. Por minúsculo que sea el intervalo, siempre existe, y siempre está situado entre paréntesis. Todo en el sistema que es el mundo entero existe en medio de otra cosa. Desde este punto de vista, la connotación especial de intermedio que hace referencia al estado entre la muerte y el renacimiento aparece como prototipo de las transiciones que ocurren en este ciclo de la vida en el que nos encontramos ahora; las etapas del bardo explican cómo estas transiciones icónicas de la muerte a la vida aparecen en la experiencia cotidiana.
La pregunta sobre qué harás en el bardo en realidad es: ¿Qué harás en medio de sonidos espantosos?, ¿o en un tren apestoso y lleno de gente?, ¿o en un ataque terrorista, o en una guerra, o en cualquiera de los innumerables eventos no deseados de la vida? ¿El diagnóstico de una enfermedad, un pinchazo en la rueda del coche, una sensación de menosprecio, de falta de respeto, de rechazo? ¿Qué harás cuando experimentes que tu vida está siendo interrumpida por circunstancias que no deseas?
¿Mantendrás una mente estable que pueda acomodarse a lo que no quiere, y que realmente sirva de beneficio para ti y para los demás? ¿O explotarás con miedo, arrastrado por el enojo o la pérdida de autocontrol? ¿Cómo actuamos cuando no conseguimos lo que queremos, o cuando no queremos lo que tenemos?
Con la ayuda de los ejercicios de respiración, la velocidad de la mente que se aferra se reduce, permitiéndonos conectar con el nivel sutil del cambio constante. Cada instancia que nos permite visibilizar el cambio nos ayuda a estabilizar la comprensión de la impermanencia como la condición inmutable de nuestras vidas. Como camino a la liberación, el reconocimiento intelectual de la impermanencia debe integrarse con la experiencia encarnada; esto nos ayudará a dejar de aferrarnos a aquellas cosas que no podemos retener, ya se trate de nuestros propios cuerpos o de los de las personas a las que amamos, o de nuestros roles, o de nuestro prestigio.
Los vislumbres de la conciencia prístina pueden ser transformadores, pero se necesita trabajo para estabilizar la visión. Es por esto por lo que decimos: «Momentos cortos, muchas veces».
Conceptos del bardo: Texto extraído del libro “Enamorado del Mundo” de Yongey Mingyur Rimpoché, capítulo 6.