Gabriela Obeid terapeuta en biodecodificación regresiones e hipnosis

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Gabriela Obeid  terapeuta en biodecodificación regresiones e hipnosis Si estas dispuesto a hacer ese clic y aceptar que tu vida así, como viene no es viable.

Si los problemas te sobrepasan, si perdiste el sentido de tu vida, si te cansaste de tanto dolor, la biodescodificacion te brindará herramientas para ser tu mejor versión. La biodescodificacion te servirá para cambiar antiguos patrones y creencias que
te mantienen enfermo, que no te permiten vivir una vida feliz.

No me fui de mi esposo porque me engañó. Me fui porque se quedó viendo el partido del domingo por la noche mientras mi p...
31/01/2026

No me fui de mi esposo porque me engañó. Me fui porque se quedó viendo el partido del domingo por la noche mientras mi perro convulsionaba en la sala, y todavía tuvo el descaro de decirme: “Debiste recordármelo más fuerte”.

Yo no estoy divorciándome de un monstruo. Me estoy separando del “buen tipo” que nunca grita, que saluda a todos, que parece correcto… pero que lleva veinte años viviendo como si su vida fuera un favor que me hace.

Me llamo Mariela, tengo 52 años, y afuera la gente cree que mi esposo, Arturo, es un premio. Es el vecino que ayuda a empujar el coche cuando no prende, el que prende el asador en las reuniones familiares, el que le cede el paso a la señora en la fila del mercado. No se emborracha, no se mete en pleitos, y siempre sonríe.

Mi madre —que en paz descanse— me habría dicho que estoy loca. “Mariela, es trabajador”, habría dicho. “Así son los hombres. Sí quiere al perro.”

Pero esa noche aprendí una verdad dura, con los ojos rojos, sentada en una sala de espera de veterinaria iluminada con tubos blancos, a las dos de la madrugada: querer no es subir fotos bonitas. Querer es acordarse de lo que mantiene con vida a alguien.

Y ese “alguien” se llama Chispa.

Chispa no es perro de exposición. Es un mestizo color miel, con el hocico ya canoso y las orejas disparejas, que adoptamos del albergue municipal hace ocho años, justo cuando el menor se fue a estudiar y la casa se quedó demasiado callada. Chispa tiene la cadera mal, un corazón enorme… y epilepsia. Para no convulsionar, necesita una pastillita blanca todos los días a las siete de la tarde.

No a las ocho. No “cuando acabe el partido”. A las siete.

Durante años yo he sido el motor silencioso de esta casa. Yo sé cuándo se paga el predial, cuándo vence la luz, dónde guardamos la copia de la llave, qué papel le pidieron a mi hijo en la escuela cuando era niño, cuál medicamento le cae mal a Chispa, y qué señora del consultorio se pone nerviosa si esperas demasiado.

Arturo “ayuda”.

Si le pongo la bolsa de basura en la mano, la saca. Si le escribo una lista, compra lo que dice la lista. Si le marco con plumón rojo la fecha en el calendario, entonces “se acuerda”. No decide: ejecuta. Yo cargo con lo invisible. Yo soy la que piensa por los dos.

El domingo pasado fue el quiebre.

Trabajo como enfermera de turno en un hospital público. Es pesado, de esos turnos donde no te sientas ni a tomar agua, donde la gente llega con miedo en la cara y tú tienes que ser calma con las manos temblando. Esa tarde-noche, urgencias estaba lleno, y yo no podía salir.

A las cinco y media le llamé a Arturo.

—Amor, estoy atorada. No voy a llegar a cenar —le dije, apretando el teléfono entre el hombro y la oreja mientras cambiaba guantes—. Hay comida en el refri. Pero escúchame bien, esto es lo importante: Chispa tiene que tomar su pastilla a las siete. Está en el pastillero azul, arriba de la barra. Pon una alarma ahorita.

—Ya quedó, Mari —me contestó alegre. De fondo se oía el volumen de la televisión y voces emocionadas—. No te preocupes. Yo me encargo. Te quiero.

A las seis cuarenta y cinco le mandé un mensaje: “Recuerda: pastilla de Chispa en 15 min. Por favor confirma.”

Me respondió con un pulgar arriba. 👍

Ese pulgar fue como un sello: “Tranquila, ya.”

A las nueve y media, cuando por fin llegué a la casa, la sentí rara desde la puerta. A esa hora Chispa siempre está ahí, arrastrando un poco la pata, pero moviendo la cola como si yo fuera una fiesta. Esa noche no. Ni pasos. Ni uñas en el piso. Ni su resoplido conocido.

Caminé hacia la sala y vi a Arturo dormido en su sillón, con la cabeza ladeada. La televisión seguía prendida, iluminándole la cara. En la mesita había una caja de comida a medio terminar y un plato con salsa seca. El control remoto estaba en su pecho, como si lo abrazara.

—¿Dónde está Chispa? —pregunté fuerte.

Arturo abrió los ojos despacio, como quien despierta de una siesta inocente.

—¿Eh? Ya llegaste… —se frotó la cara—. Pues… por ahí andaba. Como que estaba raro hace rato. Yo creo que se metió abajo de la mesa.

“Raro”.

Sentí el estómago caer, como si alguien jalara una cuerda por dentro. Crucé al comedor sin discutir. Ya no era hora de discutir: era hora de sobrevivir.

Lo vi entre las patas de una silla y la pared. Chispa estaba rígido, con espuma en la boca, las patas golpeando el piso sin control, los ojos abiertos sin verme. Su cuerpo se sacudía como si un rayo lo atravesara. Un ruido pequeño y triste salía de su garganta.

No grité. No hubo teatro. Mi mente se apagó y se encendió otra cosa: esa parte que sólo aparece cuando amas.

Lo levanté como pude —sesenta libras de miedo y vida— y mi espalda protestó con dolor. Lo cargué hasta el coche, le abrí la puerta con manos torpes, lo acomodé en el asiento trasero sobre una cobija vieja, y arranqué.

No sé cuántos altos pasé sin mirar, ni cuántas veces dije “aguanta, mi amor, aguanta” sin voz. Sólo recuerdo el sudor en mi nuca, mis manos pegadas al volante, y el ruido de su respiración cortada.

En la veterinaria de urgencias olía a desinfectante y a noche larga. Me hicieron llenar papeles, decir su nombre, su peso, su condición, como si no estuviera viendo cómo se me deshacía el mundo en el asiento trasero. Una doctora con ojos cansados me habló rápido, me preguntó la hora de su última dosis.

—A las siete —dije—. Siempre a las siete.

—¿Y se la dieron?

Me quedé callada dos segundos. Esos dos segundos fueron una vergüenza que no me pertenecía.

Cuatro horas me quedé sentada en una silla de plástico, con el uniforme arrugado, llorando bajito para no hacer espectáculo. Rezándole a un Dios al que hacía años no le hablaba. Pensando en todas las veces que yo sostuve todo. En todas las veces que dije “no pasa nada”.

A las tres y media de la mañana por fin me lo entregaron estabilizado, sedado, con una vía aún puesta y la lengua afuera, como si estuviera profundamente dormido después de pelear con un enemigo invisible. Me dieron indicaciones, me dieron advertencias, y me dieron una cuenta que me dolió menos que el corazón.

Cuando entré al fraccionamiento, vi a Arturo parado en la puerta, rascándose la cabeza como si el mundo fuera una confusión.

—¿Está bien? —preguntó.

Y luego dijo la frase que acabó con mi matrimonio. Esa frase que muchas mujeres han escuchado en alguna forma, en alguna cocina, en alguna sala, en alguna vida:

—Amor, creo que exageras… Me distraje. El partido se puso buenísimo. Tú debiste llamarme a las siete para asegurar.

“Tú debiste.”

Bajo la luz fría del foco del porche, se me rompió algo. No por la pastilla. No por el dinero. Se me rompió la ilusión de que yo tenía un compañero.

Porque en esa frase estaba todo: que la responsabilidad era mía, que él sólo “ayudaba”, que si él fallaba, yo tenía que haber supervisado mejor.

Lo miré bien. De verdad lo miré. No al hombre que saluda en la calle, no al que prende el asador. Lo miré como se mira una verdad que una se negó a aceptar por años.

—Arturo —le dije, y mi voz salió tranquila, eso fue lo más aterrador—, yo no soy tu mamá. No soy tu secretaria. Te llamé. Te mandé mensaje. Te dije dónde estaba el pastillero. La única manera de garantizarlo era salir corriendo del hospital y metérsela yo misma en la boca.

Él frunció el ceño, como herido.

—¡Pero yo hago muchas cosas! Ayer hasta arreglé la llave del lavabo.

—Tú no haces cosas —le contesté—. Tú esperas instrucciones. Y hoy tu “distracción” casi mata al único ser en esta casa que me mira como si yo fuera importante.

En ese momento Chispa, sedado y todo, movió apenas la cola dentro del coche. Un golpe suave, como un “aquí sigo”. Como si entendiera que esa conversación no era sobre él, pero por él por fin abrí los ojos.

Esa mañana no dormí. Me quedé viendo el pastillero azul sobre la barra, como si fuera un testigo. Me acordé de cuántas veces yo aguanté “se me olvidó”. Cuántas veces yo hice doble trabajo para que él no se sintiera mal. Cuántas veces yo fui la que recordó cumpleaños, citas, pagos, vacunas, llamadas, recados, todo. Cuántas veces yo fui la adulta sola, acompañada.

Hoy, mientras escribo esto, tengo cajas abiertas en el suelo. No son muchas, porque una aprende a vivir ligero cuando carga demasiado tiempo con lo ajeno. En una caja van mis fotos viejas, en otra mis libros, en otra las medicinas de Chispa, su correa, su plato.

Chispa está sentado junto a la puerta. Está mareado, con los ojos medio cerrados, pero me observa. No necesita explicación. Los perros no piden discursos: sienten el aire cuando cambia.

Me voy porque estoy cansada de ser la única persona despierta en mi propia vida. Cansada de la incompetencia disfrazada de “yo soy tranquilo”, de “tú sabes que yo soy así”, de “se me pasó”.

Preferiría estar sola cargando mi mundo, que acompañada por alguien que se sube al mundo como pasajero y se ofende si le pides que agarre el volante.

A muchas mujeres nos enseñaron que la vara para un “buen hombre” está bajísima: que no grite, que no golpee, que trabaje, que salude bonito. Y si cumple con eso, una debe agradecer.

Pero el amor no es sólo no hacer daño. El amor es hacerse responsable.

Una pareja no es alguien que “ayuda” cuando se le pide. Una pareja ve lo que hace falta y lo hace. Una pareja recuerda lo importante sin que le pongan alarmas como a un niño. Una pareja sabe que el perro necesita su medicina porque ama al perro… no porque teme que le reclamen.

Abrí la puerta del coche del lado del copiloto.

—Vámonos, Chispa.

Él se subió despacio, sin que yo le repitiera. Sin que yo le rogara. Sin que yo le insistiera. Como si me dijera: “Yo sí te escucho.”

Me voy no porque dejé de querer a Arturo de un día para otro. Me voy porque por fin empecé a quererme a mí misma lo suficiente como para renunciar al papel de madre de un adulto.

La diferencia entre un compañero y un dependiente es simple: el compañero comparte la preocupación; el dependiente sólo disfruta el paisaje.

Yo ya no voy a manejar el camión mientras alguien duerme atrás. Hoy, por primera vez en años, me elijo. Y esa decisión —aunque duela— también es amor.

Tu cuerpo se comunica así, aquello que llamamos enfermedad es una respuesta biológica a un conflicto emocional! Vos te e...
28/01/2026

Tu cuerpo se comunica así, aquello que llamamos enfermedad es una respuesta biológica a un conflicto emocional!

Vos te escuchas?

Mi querida alma,Al cerrar este año, quiero invitarte a una pausa suave y honesta.Una pausa para respirar, sentir y mirar...
01/01/2026

Mi querida alma,

Al cerrar este año, quiero invitarte a una pausa suave y honesta.
Una pausa para respirar, sentir y mirar tu camino con amor.

Porque aprender de lo que nos pasó marca la diferencia entre padecer la vida… o aprender de ella.

Este año no se mide solo por lo que dolió.
También se mide por todo lo que lograste, incluso aquello que a veces minimizás.
Cada paso que diste —aun los más pequeños— fueron necesarios.
Ellos te trajeron hasta acá y te hicieron ser quien sos hoy.

No olvides que la mirada más amorosa que podés ofrecer es hacia vos misma.
Cuando aprendes a mirarte con respeto, compasión y ternura, el mundo también comienza a responderte con una sonrisa más cálida, más humana, más verdadera.

En los momentos difíciles, cuando la emoción aprieta y la mente se acelera, acordate de respirar.
Respirar para reconocer que eso que estás viviendo es un momento… no toda tu vida.

Y sobre todo recordá también que no estás sola.
Hay personas que te aman, que se alegran sinceramente cuando te ven, que sonríen cuando llegás.
No pierdas de vista esos lazos: también son sostén, refugio y medicina.

Cada día sos tu mejor versión cuando elegís trabajar tus heridas con conciencia.
Cuando te animás a mirarte con honestidad y amor.
Cuando sembrás hoy aquello que deseás cosechar mañana.

Que estas fiestas te encuentren reconociéndote, abrazándote y honrando tu propio proceso.
Y que puedas volver a leer estas palabras cada vez que necesites recordar quién sos… y todo lo que ya sos capaz de transformar.

Con amor y presencia. Gabi

Guardá esta carta. Volvé a ella cuando el camino se vuelva exigente. Siempre hay algo en vos que sabe volver a casa.

El NARCISISTA no se aleja porque ya no te ama.Se aleja porque ya no te controla.Esta es una verdad que duele aceptar, pe...
28/12/2025

El NARCISISTA no se aleja porque ya no te ama.
Se aleja porque ya no te controla.

Esta es una verdad que duele aceptar, pero libera:
el NARCISISTA no se queda con la mujer que despierta,
se queda con la que duda.

Antes → te confundía y tú intentabas aclarar.
Mujer Tipo A → confunde y tú no entras al juego.

Antes → te castigaba con silencio.
Mujer Tipo A → el silencio ya no te disciplina.

Antes → buscaba reacción, llanto o culpa.
Mujer Tipo A → no le das combustible 🧠🚫

Cuando te conviertes en Mujer Tipo A, pasan cosas concretas:
– Empiezas a marcar límites sin explicarlos
– Dejas de justificar comportamientos tóxicos
– Ya no negocias lo básico
– No persigues validación

Y eso al NARCISISTA lo descoloca.

No porque te ame menos.
Sino porque perdió el control.

Por eso muchos desaparecen, te castigan o buscan a otra víctima.
No soportan a una mujer que ya no depende emocionalmente de ellos.

Si hoy alguien se alejó cuando empezaste a poner límites,
no fue pérdida.
Fue confirmación 🔥

💬 Escribe “CONFIRMO” si esto explica lo que viviste.
👀 Sigue la página si estás construyendo una Mujer Tipo A que ya no es manipulable.
📤 Compártelo con quien todavía cree que si cambia, él cambiará.

En estas fiestas cuídate! Y si eso significa priorizarte, hacelo! Ya es hora!
28/12/2025

En estas fiestas cuídate! Y si eso significa priorizarte, hacelo! Ya es hora!

24/12/2025

Mi hijo es chef y hace una comida exquisita!
Durante 20 años me dedique yo a organizar eventos, hoy el legado quedó en manos de el

Te recomiendo! Si mañana llega gente y te falta comida tenemos para ofrecerte estas opciones, hechas como en cada! 3884861331

Mi hijo es chef y hace una comida exquisita!Durante 20 años, me dedique yo a hacer esto organizando eventos, hoy el lega...
24/12/2025

Mi hijo es chef y hace una comida exquisita!

Durante 20 años, me dedique yo a hacer esto organizando eventos, hoy el legado quedó en manos de el!

Te recomiendo! Si mañana te llega gente y te falta comida tenemos para ofrecerte estas opciones 3874861331

Sobrevivir o trascender?En Medellín, Colombia, hay una esquina del barrio Manrique donde durante años ocurrió algo extra...
21/12/2025

Sobrevivir o trascender?

En Medellín, Colombia, hay una esquina del barrio Manrique donde durante años ocurrió algo extraño.

Todos los días.
A las 3:00 a.m. exactas.

Aparecían sándwiches.

Envueltos en papel aluminio.
Dentro de una bolsa plástica.
Colgados de un poste.

Nadie veía quién los dejaba.

Las personas que vivían en la calle ya lo sabían:
si llegabas a las 3:15 a.m., no quedaba ni uno.

Esto pasó sin fallar, durante seis años.
De 2016 a 2022.

Ni lluvia.
Ni Navidad.
Ni Año Nuevo.

Siempre a las 3:00 a.m.

Hasta que un día… dejaron de aparecer.

—¿Dónde está el man de los sándwiches?— preguntaban.

Nadie sabía.

Carolina, una trabajadora social del sector, decidió investigar.
Habló con vecinos, tenderos, vigilantes.

Un vigilante nocturno le dijo:

—Yo lo vi varias veces. Era un señor mayor, como de 65 años. Llegaba en moto, colgaba la bolsa y se iba. Nunca hablaba con nadie.

—¿Y por qué dejó de venir?

—No sé… hace cuatro meses que no lo veo.

Carolina publicó en grupos de Facebook de Medellín:

“Busco al hombre que dejó sándwiches en Manrique a las 3 a.m. durante seis años. Dejó de hacerlo hace cuatro meses. ¿Alguien sabe quién es?”

En dos días, la publicación se compartió 8.000 veces.

Hasta que apareció un comentario:

“Creo que era mi papá. Murió hace cinco meses.”

Carolina la contactó.
Se llamaba Lucía.

—Mi papá se llamaba Hernán. Tenía 68 años. Murió de un infarto en marzo.

—¿Por qué hacía los sándwiches?

Lucía contó la historia.

En 2015, Sebastián, el hijo menor de Hernán, murió.
Tenía 19 años.

Era adicto. Vivía en la calle, en el centro de Medellín.

Durante tres años, Hernán lo buscó todos los días después del trabajo.
Nunca lo encontró.

Hasta que una llamada llegó.

La policía había encontrado a Sebastián mu**to en una esquina de Manrique.
Desnutrición.
Hipotermia.
Llevaba tres días sin vida.

Hernán quedó destruido.

“Si hubiera comido algo…
si alguien le hubiera dado comida…
tal vez no habría mu**to.”

Dos semanas después del funeral, empezó.

Cada noche preparaba ocho sándwiches.
Salía de su casa a las 2:45 a.m.
Llegaba a la esquina a las 3:00 a.m.
Colgaba la bolsa.
Se iba.

—Le pregunté por qué lo hacía —contó Lucía—. Me dijo:
“Porque tal vez uno de ellos es el hijo de alguien que todavía lo está buscando”.

Hernán trabajaba en construcción.
No tenía mucho dinero.

A veces era pan, jamón y queso.
A veces solo pan con mantequilla.

—Hice las cuentas una vez —dijo Lucía—.
En seis años son 2.190 días.
Ocho sándwiches por día.
17.520 sándwiches.

—¿Conocía a quienes los comían?

—Nunca quiso. Decía que si los conocía, empezaría a elegir a quién darle y a quién no. Así eran para quien los necesitara.

Carolina compartió la historia.

Se volvió viral en Medellín.
Luego en toda Colombia.

Los comentarios empezaron a aparecer:

“Comí esos sándwiches durante cuatro años. Me salvaron muchas noches.”

“Fueron lo único que comí algunos días. Gracias a quien fuera.”

Uno decía:

“Yo viví en la calle siete años. Comí esos sándwiches en 2018. Hoy tengo casa y trabajo. Tal vez no estaría aquí sin ellos.”

Lucía los leyó todos.

—Mi papá murió pensando que tal vez nadie los comía. Que tal vez no había servido de nada.

Un mes después, Carolina organizó algo.

En la esquina de Manrique, a las 3:00 a.m., se reunieron 43 personas.
Todas habían comido los sándwiches de Hernán.

Llevaron flores.
Velas.
Una foto de Hernán.

Guardaron un minuto de silencio a la hora exacta.

Lucía lloraba.

—Mi papá lo hacía por mi hermano. Porque no pudo salvarlo.
Pero sin saberlo, salvó a 43 personas que hoy están aquí.

Rodrigo, uno de ellos, dijo:

—Estuve siete años en la calle. Esos sándwiches me mantuvieron vivo. Saber que a las 3 a.m. había comida me daba una razón para llegar vivo a esa hora. Hoy llevo dos años limpio. Trabajo. Tengo un cuarto. Existo porque ese señor no dejó de hacer sándwiches.

La comunidad decidió continuar.

Crearon un grupo de WhatsApp:
“Los Sándwiches de Hernán”.

Hoy, 47 personas se turnan.
Cada una hace sándwiches una noche al mes.

Los dejan en la misma esquina.
A las 3:00 a.m.

Han pasado dos años desde que Hernán murió.
Los sándwiches nunca han dejado de aparecer.

Y en el poste hay una pequeña placa que dice:

“Aquí, durante seis años, un padre dejó 17.520 sándwiches para hijos que no eran suyos. Porque no pudo salvar al suyo.
Hernán, tu hijo está orgulloso.”

Lucía visita la esquina cada mes.
Siempre a las 3:00 a.m.

—Para ver si los sándwiches siguen apareciendo.
Porque si aparecen, significa que lo que mi papá empezó… no murió con él.

¿Qué harías tú, todas las noches durante seis años, para honrar a alguien que no pudiste salvar? 🥺❤️

A veces no extrañamos a la persona.Extrañamos cómo nos sentíamos cuando creíamos que éramos queridas.A veces no queremos...
18/12/2025

A veces no extrañamos a la persona.
Extrañamos cómo nos sentíamos cuando creíamos que éramos queridas.

A veces no queremos explicar más.
Queremos dejar de justificarnos frente a quien no pudo —o no quiso— comprender.

Y otras veces, el impulso de escribir no es amor…
es una parte nuestra pidiendo atención, cuidado y presencia.

Transformar el pensamiento no es negarlo.
Es mirarlo con conciencia y devolvernos el poder.

Hoy, antes de escribirle a alguien que no es bueno para vos,
escribite a vos.
Escuchate.
Elegite.

✨ ¿Qué pensamiento te resonó más hoy y qué vas a elegir hacer distinto con él?

🌱 Poner límites no es violenciaViolencia no es decir la verdad con emoción.Violencia es:– insultar– humillar– deshumaniz...
17/12/2025

🌱 Poner límites no es violencia

Violencia no es decir la verdad con emoción.
Violencia es:

– insultar
– humillar
– deshumanizar
– amenazar
– manipular
– invalidar la existencia del otro

🤚Nombrar un límite claro no es violencia.
🤚Defender a tus hijos no es violencia.
🤚Defender tu dignidad no es violencia.
🤚Poner palabras a un daño concreto no es violencia.

Eso es autodefensa emocional.

A veces, cuando empezás a poner límites,
te llaman “violenta”.
Y cuando callás, mágicamente todo está “en paz”.

Pero atención:
si la paz solo existe cuando vos te anulás,
eso no es paz.
Es silencio impuesto.
Es lealtad al dolor.

El problema nunca fue tu forma.
El problema fue el límite.

Y tenés derecho a ponerlo.
Aunque incomode.
Aunque no lo entiendan.
Aunque no les guste.

✨ Desde una mirada terapéutica,
poner límites es ordenar el sistema,
es dejar de ocupar lugares que no te corresponden,
es salir del sacrificio y volver a vos.

🌿 El límite no rompe vínculos.
Rompe repeticiones.
Y ahí empieza la sanación.

🌿 Poner límites también es amor propio.

Una mujer fuerte no nace así.Se forma desde lo que le faltó de papá.Cuando hubo abandono, rechazo, crítica, infidelidad ...
11/12/2025

Una mujer fuerte no nace así.
Se forma desde lo que le faltó de papá.
Cuando hubo abandono, rechazo, crítica, infidelidad o un duelo que nadie nombró...
el corazón aprende a amar desde la defensa.
Desde la lucha.
Desde el miedo a no ser elegida.
Y sin darse cuenta, atrae vínculos donde repite la herida:
hombres que toman... pero no sostienen. que quieren... pero no se quedan.
que aparecen... pero no eligen de verdad.
Sanar con papá no es justificarlo.
Es liberar a la mujer adulta para que pueda recibir un amor que sí la elija, que sí esté, que sí sostenga.

Te acompaño a sanar tú percepción

💵Paguen sus deudas de dinero!Que fuerte leerlo verdad?Saben porque?Hoy es un día de portal también sobre todo de cortar ...
08/12/2025

💵Paguen sus deudas de dinero!
Que fuerte leerlo verdad?
Saben porque?
Hoy es un día de portal también sobre todo de cortar deudas y responsabilidades morosas con el dinero.
Aparte del malestar en el pedir el deber lo atrae todo esto:
⭐ 1. Deuda = energía detenida

El dinero es energía en movimiento.
Cuando debés y no podés pagar, esa energía se estanca, y eso se manifiesta como:

trabas,

retrasos,

cosas que se caen a último momento,

oportunidades que no llegan.

Problemas familiares

Problemas amorosos

Complicaciones en la salud

No es “mala suerte”: es energía frenada.

⭐ 2. El karma llega por la intención, no por la pobreza

No genera karma deber porque estás pasando un mal momento.
El karma negativo aparece cuando:

prometés pagar y no cumplís sin avisar,

evitás a la persona,

actuás con culpa o con miedo,

o sentís “vacío interior” por depender de otros.

Eso crea un ciclo energético que atrae más situaciones similares.

⭐ 3. La emoción que sostiene la deuda atrae más deuda

Lo que genera el karma no es la deuda en sí, sino la emoción que le ponés:

Culpa → más bloqueos.

Miedo → más urgencias.

Vergüenza → más retrasos.

Ansiedad → cosas que se traban antes de resolverse.

Cuando emocionalmente “pagás” todo el tiempo (culpa, angustia, estrés), el universo no te manda alivio porque sentís que todavía estás debiendo.

⭐ 4. El aprendizaje karmático detrás de deber dinero

Generalmente las lecciones son tres:

✅ 1. Orden interno

Aprender límites, decir que no, no cargar con lo que no podés sostener.

✅ 2. Valor propio

Muchos se endeudan porque sienten que no pueden solos, que dependen.
El karma te pide recuperar poder personal.

✅ 3. Responsabilidad energética

Honrar tu palabra, comunicar, dar la cara.
Cuando esto se hace, la energía cambia muy rápidamente.

⭐ 5. ¿Qué atrae cuando el karma se está sanando?

Cuando empezás a equilibrar esa energía, se mueven tres cosas:

Aparece dinero inesperado,

se destraban pagos retenidos,

Se abren caminos laborales nuevos,

La ansiedad baja y vuelve la claridad.

Se sanan los vínculos afectivos, familiares y saludables

La energía responde al acto de ordenar, no al monto.

Dirección

Pje LL Casa 54 Barrio Postal Grupo 2 Tres Cerritos
Salta
4400

Horario de Apertura

Lunes 11:00 - 15:00
Martes 11:00 - 03:00
Miércoles 11:00 - 03:00
Jueves 11:00 - 03:00
Sábado 11:00 - 03:00

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