27/12/2025
Ser infiel no es falta de amor.
Es falta de dominio.
Es una mente que no sabe sostenerse cuando aparece el deseo.
El estoico entiende algo esencial:
la debilidad no está en sentir,
sino en obedecer sin pensar.
Quien no gobierna sus impulsos termina siendo gobernado por ellos.
Séneca lo dijo con crudeza:
“Nada es honorable si no nace de la fidelidad a uno mismo.”
La mente débil busca excusas:
“solo fue una vez”,
“nadie lo sabrá”,
“yo también merezco algo”.
Pero no hay justificación para la falta de dominio.
Cada excusa es un golpe más al carácter.
Ser fiel no es represión.
Es poder.
Es mirar al impulso a los ojos y decir:
no me controlás.
Porque al final, la infidelidad no destruye relaciones.
Destruye el respeto propio.
Y quien no se respeta a sí mismo,
ya está derrotado.