Milanesas Vegetales Naturismo

Milanesas Vegetales Naturismo Comida Vegetariana, artesanal y orgánica. De materia prima producida en mi huerta e invernadero... Precocidas y frezzadas.

B u t t e r f l y
M I L A N E S A S
De semillas, vegetales y queso. Naturalmente Ricas

Cocina artesanal y huerta natural.

1 - Milanesas de garbanzos y sésamo
2 - Milanesas de porotos negros y sésamo
3 - Milanesas de lentejas y lino
4 - Milanesas de porotos blancos y lino
5 - Milanesas de arroz integral y girasol
Se ofrecen 4u x gusto.-

6 - Milanesas de zapallitos zuchinis
7 - Milanesas de zapallitos de tronco
8 - Milanesas de zapallo calabaza
9 - Milanesas de berenjenas. Se ofrecen por medio kg.

10 - Milanesas de muzarella y aceitunas envueltas en hojas de espinca/acelga.
11 - Milanesas de muzarella y albahaca envueltas en hojas de espinca/acelga. Se ofrecen 4u x gusto.-

Salchichas
Chorizos
Tofu

Las hortalizas y especias están cultivadas en huerta orgánica casera y elaboradas, libres de venenos, fertilizantes y/o conservantes químicos.

“Ventas por mayor y menor”


Elaboradas por: Bárbara G. Villamil
– Dina Huapi –
Tel.: 02944 - 468435.-
E mail: gv_barbara@hotmail.com

Industria de la Patagonia Argentina.
“Por una calidad nutricional”

El poder rejuvenecedor de este entrenamiento8 marzo 2025📝HISTORIA EN BREVELa sarcopenia (que es la pérdida de músculo re...
18/10/2025

El poder rejuvenecedor de este entrenamiento
8 marzo 2025
📝HISTORIA EN BREVE
La sarcopenia (que es la pérdida de músculo relacionada con la edad) afecta a muchas personas mayores, ya que altera el equilibrio, la movilidad y la independencia. El entrenamiento de fuerza combate estos cambios ya que preserva y desarrolla la masa muscular
Las investigaciones demuestran que la longitud de los telómeros, que son un marcador del envejecimiento biológico, es mucho mayor en las personas que realizan entrenamiento de fuerza. Los telómeros más cortos se relacionan con riesgos mayores de enfermedades crónicas y mortalidad
Incluso un entrenamiento de fuerza moderado (de 10 a 50 minutos semanales) demuestra beneficios mensurables, con telómeros 140 pares de bases más largos que los de las personas que no entrenan, lo que corresponde a varios años menos de envejecimiento biológico
La cantidad óptima para el entrenamiento de fuerza es de 20 minutos dos veces por semana o 40 minutos una vez por semana. Hacer ejercicio de más de 130 a 140 minutos a la semana reduce los beneficios de longevidad
Para maximizar sus ganancias, combine el entrenamiento de fuerza con el entrenamiento KAATSU (restricción del flujo sanguíneo), que le permite desarrollar músculo incluso cuando usa pesas livianas; también asegúrese de consumir la cantidad adecuada de proteínas
🩺Por el Dr. Mercola
A medida que envejece, su cuerpo pierde masa muscular de forma natural en un proceso llamado sarcopenia. La sarcopenia es uno de los problemas de salud principales entre los adultos mayores. Una investigación de la Alianza para la Investigación sobre el Envejecimiento1 demostró que la sarcopenia afecta al 11 % de los hombres y al 9 % de las mujeres que viven en entornos comunitarios, al 23 % de los hombres y al 24 % de las mujeres que están hospitalizados, y al 51 % de los hombres y al 31 % de las mujeres que residen en hogares de ancianos.
La pérdida muscular que se relaciona con la edad dificulta las actividades cotidianas, lo cual afecta el equilibrio, la facilidad de movimiento y la habilidad de vivir de forma independiente. Las acciones simples, como levantarse de una silla o subir escaleras, se convierten en grandes luchas. Pero aquí está la buena noticia: el entrenamiento de fuerza, también llamado entrenamiento de resistencia, es una solución poderosa de combatir estos cambios.
¿Cómo preserva y desarrolla los músculos el entrenamiento de fuerza?
Cuando levanta pesas o hace ejercicios de resistencia, se crean desgarros pequeños e inofensivos en sus fibras musculares. Luego, el cuerpo repara estos desgarros, lo cual fortalece los músculos en un proceso llamado síntesis de proteínas musculares. El entrenamiento de fuerza regular mantiene este proceso en marcha, lo cual le ayuda a preservar e incluso desarrollar sus músculos a medida que envejece.2
Mantener su masa muscular fuerte y saludable es esencial para seguir siendo independiente y disfrutar de una buena calidad de vida a medida que envejece. Esto aumenta su metabolismo, lo que facilita mantener un peso saludable. También mejora su habilidad para controlar el azúcar en la sangre, lo que reduce el riesgo de padecer diabetes tipo 2. Los músculos más fuertes también sostienen mejor los huesos, lo que los hace más densos y reduce el riesgo de caídas y fracturas.3
Comenzar un entrenamiento de fuerza no significa que necesite una membresía en un gimnasio o un equipo costoso. Puede comenzar con ejercicios como sentadillas, desplantes, flexiones y remos, que utilizan su propio peso corporal como resistencia para activar y fortalecer los grupos principales de músculos. Estos ejercicios se adaptan con facilidad a su nivel de condición física. A medida que se fortalezca, aumente el desafío y agregue pesas o bandas de resistencia.
El entrenamiento de fuerza rejuvenece ocho años a su cuerpo
Un estudio de la Universidad Brigham Young,4 publicado en la revista Biology en octubre de 2024, proporcionó evidencia contundente sobre cómo el entrenamiento de fuerza influye en el envejecimiento biológico, ya que ralentiza el deterioro de las células. Los investigadores analizaron datos de 4 814 adultos de Estados Unidos de entre 20 y 69 años, y se centró en la longitud de sus telómeros, que son las tapas protectoras en los extremos de los cromosomas.
La longitud de los telómeros se acorta de forma natural con la edad y es un marcador bien establecido del envejecimiento biológico; los telómeros más cortos se relacionan con riesgos mayores de enfermedades crónicas y mortalidad. Factores como la obesidad, el tabaquismo, la mala alimentación, la diabetes tipo 2 y el bajo nivel socioeconómico aceleran el acortamiento de los telómeros, ya que aumentan la inflamación y el estrés oxidativo.5
También se encuestó a los participantes sobre sus niveles de actividad física, incluyendo la frecuencia con la que realizaban ejercicios de entrenamiento de fuerza. Los investigadores clasificaron a los participantes en tres grupos según sus hábitos de entrenamiento de fuerza: las personas que no realizaban entrenamiento de fuerza (menos de 10 minutos a la semana), las personas que entrenaban con moderación (10 a 50 minutos a la semana) y las personas que entrenaban en gran medida (60 minutos o más a la semana).
Sus hallazgos6 demostraron que los adultos que entrenaban durante una hora a la semana tenían telómeros mucho más largos que los adultos que no realizaban ejercicios de resistencia, mientras que incluso el entrenamiento de fuerza moderado producía beneficios mensurables.
"Los adultos que realizaban entrenamiento de fuerza durante una hora o más a la semana (la categoría más elevada) tenían telómeros mucho más largos que los adultos que no entrenaban. Además, los adultos que informaron realizar algún entrenamiento de fuerza, pero menos de una hora a la semana, tenían telómeros mucho más largos que los que no realizaron entrenamiento de fuerza.
Los hombres y mujeres en la categoría de entrenamiento de fuerza más elevada tuvieron telómeros que eran 238 pares de bases más largos que los que no entrenaban, y las personas en la categoría de entrenamiento de fuerza moderada tenían telómeros que eran 140 pares de bases más largos que los que no entrenaban", explicaron los investigadores.7
Estos resultados demuestran que no es necesario un entrenamiento de fuerza intenso ni que demande mucho tiempo para obtener beneficios: los esfuerzos pequeños y constantes pueden producir resultados significativos. Pero ¿qué significa esto en realidad para su edad biológica? Según los autores:
"Los resultados demostraron que, por cada 10 minutos dedicados al entrenamiento de fuerza a la semana, los telómeros eran en promedio 6.7 pares de bases más largos. Por lo tanto, 90 minutos a la semana de entrenamiento de fuerza permitieron predecir que, en promedio, los telómeros serían 60.3 pares de bases más largos.
Debido a que cada año de edad cronológica se asoció con telómeros 15.47 pares de bases más cortos en esta muestra nacional, 90 minutos a la semana de entrenamiento de fuerza se asociaron con 3.9 años menos de envejecimiento biológico, en promedio. Esta interpretación sugiere que una hora de entrenamiento de fuerza tres veces a la semana (180 minutos en total) se asoció con 7.8 años menos de envejecimiento biológico".8
En otras palabras, si agrega 90 minutos de ejercicios de resistencia a la semana a su rutina de ejercicios, puede compensar casi cuatro años de envejecimiento de las células, mientras que las personas que realicen tres sesiones de una hora a la semana pueden retrasar el envejecimiento casi ocho años.
Sin embargo, aunque este estudio demuestra los beneficios del entrenamiento de resistencia para el envejecimiento de las células, es importante considerar el contexto más amplio de hacer ejercicio. El entrenamiento de fuerza extenso o intenso no es algo que recomiendo, ya que otras investigaciones9 demostraron que exagerar reduce en gran medida los beneficios del ejercicio para la longevidad. Esto plantea una pregunta importante: ¿cuánto entrenamiento de fuerza es suficiente y cuánto es demasiado?
El punto óptimo del entrenamiento de fuerza
En mi entrevista con el cardiólogo James O'Keefe, discutió los hallazgos de su investigación, en la que observó que el ejercicio vigoroso es contraproducente, sobre todo cuando se realiza con gran intensidad. De hecho, modifiqué mi rutina de ejercicio de forma radical después de que presentó sus datos.
En concreto, las personas que realizaban un total de cuatro a siete horas de entrenamiento de gran intensidad empezaron a perder los beneficios que aporta hacer ejercicio. Según James O'Keefe, levantar un mayor peso no siempre es lo mejor:
"Siempre me ha gustado el entrenamiento de fuerza ... Pero, como ya lo mencioné, todo depende de la cantidad. Cuando vemos a las personas que hacen entrenamiento de fuerza, encontramos una reducción adicional del 19 % en el riesgo de mortalidad por todas las causas, además del 45 % que se obtiene al hacer una hora de ejercicio moderado al día.
Cuando me toca hacer entrenamiento de fuerza, voy al gimnasio y hago entre 20 y 40 minutos. Trato de utilizar pesas con las que pueda hacer 10 repeticiones. Después de eso, se sentirá agotado y necesitará un par de días para recuperarse. Hacerlo dos veces a la semana, o tres como máximo, parece ser el punto ideal para obtener los beneficios de longevidad".
Los gráficos anteriores, que provienen del metaanálisis de James O'Keefe,10 demuestran la curva de la relación dosis-respuesta entre el entrenamiento de fuerza y la mortalidad por todas las causas. Como se muestra en el gráfico, los beneficios llegan a su punto máximo alrededor de los 40 a 60 minutos a la semana. Más allá de eso, los beneficios se estancan y acaban por revertirse.
Entonces ¿por qué el ejercicio en exceso reduce la esperanza de vida? La actividad física intensa y prolongada genera estrés crónico en el cuerpo, lo que provoca problemas como lesiones por uso excesivo del corazón y un riesgo mayor de lesiones musculoesqueléticas. El entrenamiento excesivo también perjudica la recuperación, ya que causa fatiga, reduce del rendimiento y debilita el sistema inmunológico.11
Cuando realiza un entrenamiento de fuerza durante un total de 130 a 140 minutos a la semana, los beneficios del ejercicio para la longevidad disminuyen hasta el punto de parecer que no se ejercita en absoluto. En resumen, si entrena de tres a cuatro horas por semana, su esperanza de vida a largo plazo es peor que la de las personas que no hacen ningún entrenamiento de fuerza.
Es importante aclarar que, aun así, es mejor hacer ejercicio intenso en exceso que llevar un estilo de vida sedentario. Pero, por alguna razón (que aún se desconoce), realizar entrenamiento de fuerza en exceso es peor que ser sedentario.
Lo importante es limitar el entrenamiento de fuerza a 20 minutos dos veces a la semana en días no consecutivos, o 40 minutos una vez a la semana. Además, es solo un complemento a su rutina de ejercicio: no debe centrar todas sus sesiones en esto. El ejercicio de intensidad moderada, como caminar, le brinda muchos más beneficios.
Por interesante que parezca, esta cantidad moderada de entrenamiento de fuerza coincide con los hallazgos del estudio de la Universidad Brigham Young,12 que demostró que incluso pequeñas dosis de entrenamiento de resistencia (alrededor de 10 a 50 minutos a la semana) producen beneficios mensurables en la longitud de los telómeros, lo que ralentiza el envejecimiento biológico sin los riesgos asociados al entrenamiento en exceso.
Beneficios adicionales del entrenamiento de fuerza para el cuerpo
Si bien, el entrenamiento de fuerza suele usarse para desarrollar los músculos, sus beneficios se extienden mucho más allá que eso. Al igual que los músculos, los huesos también se debilitan conforme envejecemos. Así como el entrenamiento de fuerza desarrolla los músculos, también fortalece los huesos. La osteoporosis, que debilita los huesos y aumenta el riesgo de fracturas en zonas como las caderas, la columna y las muñecas, se mitiga con ejercicios de levantamiento de pesas.13
Estos ejercicios ejercen una cantidad saludable de estrés en los huesos, lo que los hace más densos y fuertes. Esto se basa en un principio conocido como Ley de Wolff: los huesos se adaptan al estrés que se les impone.14 Así se reducen las fracturas y se mejora la postura y movilidad. Los ejercicios como las sentadillas, levantamientos de peso mu**to (con la forma adecuada), subir escaleras e incluso caminar a paso ligero son efectivos para la salud de los huesos, y la técnica adecuada es esencial para evitar lesiones.15,16
Más allá de los beneficios esqueléticos, el entrenamiento de fuerza estimula el metabolismo, ya que aumenta la masa muscular, la cual quema calorías incluso cuando se encuentra en reposo. A medida que envejece y pierde masa muscular de forma natural, su metabolismo se hace más lento, lo que dificulta que controle su peso.
El entrenamiento de fuerza combate esto, ya que mejora su tasa metabólica en reposo (TMR),17 lo cual ayuda a su cuerpo a quemar calorías de manera efectiva. Un metabolismo más rápido también mejora la sensibilidad a la insulina, ya que aumenta la habilidad del cuerpo para regular los niveles de azúcar en la sangre y disminuye el riesgo de padecer diabetes tipo 2.18
El entrenamiento de fuerza también mejora el equilibrio y la coordinación,19 lo cual reduce el riesgo de caídas, que son una gran preocupación para los adultos mayores. Esto se refleja en una mayor independencia y la capacidad de disfrutar de las actividades cotidianas. Asimismo, el entrenamiento de fuerza beneficia al cerebro: hay investigaciones que sugieren que mejora la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento.20
El entrenamiento de fuerza protege contra el deterioro cognitivo y reduce el riesgo de demencia, ya que promueve el crecimiento de nuevas células del cerebro y fortalece las conexiones entre ellas.21 Incorporar el entrenamiento de fuerza a su rutina no solo permite que desarrolle músculos más fuertes, sino que también fortalece sus huesos, acelera su metabolismo, mejora el equilibrio y favorece la salud del cerebro. Se trata de una inversión integral en su bienestar a largo plazo.
Aumente el crecimiento de sus músculos con el entrenamiento de restricción del flujo sanguíneo
Si desea mejorar los beneficios del entrenamiento de fuerza, considere incorporar a su rutina de ejercicio el entrenamiento de restricción del flujo sanguíneo (BFR, por sus siglas en inglés). Me parece la mayor innovación en el entrenamiento físico del último siglo. En Japón es conocido como KAATSU, y lo desarrolló el Dr. Yoshiaki Sato en 1966.
El entrenamiento BFR implica el uso de bandas o brazaletes para restringir de manera parcial el flujo sanguíneo a los músculos que se activan durante el ejercicio. Esto crea un estado temporal de hipoxia (niveles bajos de oxígeno), que promueve la liberación de mioquinas antiinflamatorias que, como se mencionó antes, promueven respuestas hormonales beneficiosas y mejoran el crecimiento de los músculos. Debido a que estimula la síntesis de proteínas musculares, esta técnica aumenta en gran medida la masa muscular, lo que la convierte en una herramienta efectiva para combatir la sarcopenia.
Uno de los beneficios destacados del entrenamiento KAATSU es que permite a las personas, sobre todo a los adultos mayores, lograr resultados notables sin la necesidad de usar mucho peso. Con el BFR puede usar pesas muy livianas, o incluso ninguna pesa, y aun así experimentar un buen crecimiento de los músculos. Esto lo convierte en una opción segura y accesible para cualquier persona que le intimide el entrenamiento de fuerza tradicional.
También recomiendo incorporar el KAATSU mientras realiza actividades cotidianas para una mayor comodidad. Como se explicó en mi entrevista con Steven Munatones, un practicante de KAATSU que fue mentor del Dr. Yoshiaki:
"En otras palabras, el ciclo del método KAATSU es como engañar al cuerpo de una forma muy inteligente, esto permite que los músculos trabajen y el tejido vascular se vuelva más elástico. El dolor por el levantamiento de pesas no se percibe, pero el tejido vascular y las fibras musculares se ejercitan con la misma efectividad y puede hacerlo durante un periodo de tiempo más largo.
Puede colocar las bandas KAATSU en las piernas y salir a caminar a la playa, pasear a su perro o solo caminar por el vecindario, pararse, limpiar las ventanas de su casa, doblar la ropa, enviar correos electrónicos, puede hacer todas esas actividades cotidianas con las bandas KAATSU en sus piernas o brazos. Y al hacerlo, obtiene todos los beneficios del ejercicio.
Se producen betaendorfinas, hormonas y metabolitos mientras se hacen cosas simples, y esa es la manera de lograr que la población mayor en Japón, en Estados Unidos y en todo el mundo entienda que se puede detener la sarcopenia, pero hay que hacer ejercicio. No tiene que correr 10 km, ni tiene que ir al gimnasio. Solo colóquese las bandas KAATSU y siga con su vida normal".
La proteína es el aliado esencial de los ejercicios de resistencia
Si bien, el entrenamiento de fuerza es importante para desarrollar la masa muscular, es solo la mitad de la ecuación. El consumo adecuado de proteínas, en especial de fuentes animales, es esencial para mantener y desarrollar los músculos. Las proteínas proporcionan los componentes básicos que su cuerpo necesita para reparar y fortalecer el tejido muscular, lo que las hace indispensables para alcanzar sus objetivos de condición física.
Para obtener resultados óptimos, intente que su consumo de proteínas sea alrededor del 15 % de sus calorías al día. Para ayudarle a calcular la cantidad específica, siga esta guía: la mayoría de los adultos necesitan cerca de 0.8 gramos de proteínas por kilogramo de peso corporal ideal, el cual es su peso objetivo, no su peso actual. Por ejemplo, si su peso objetivo es de 135 libras (61.23 kilos), sus necesidades de proteína al día se encuentran en torno a los 49 gramos.
La mayoría de los adultos con un peso normal necesitan al menos 30 gramos de proteína por comida para estimular la síntesis de proteína muscular. Para los niños, son suficientes de 5 a 10 gramos por comida. Además, un tercio del consumo total de proteínas que necesita proviene del colágeno (en el ejemplo dado, serían alrededor de 16 gramos) para garantizar un perfil de aminoácidos equilibrado que favorezca la salud de los músculos y el tejido conectivo.
Cuando combina el entrenamiento de resistencia con una alimentación adecuada y rica en proteínas, no solo desarrolla músculos más fuertes, sino también una base para una mejor salud, un mejor metabolismo y una mayor resistencia contra las enfermedades.

Impacto silencioso: una enfermedad en crecimiento que afecta a millones.2 marzo 2025📝HISTORIA EN BREVELa enfermedad del ...
09/10/2025

Impacto silencioso: una enfermedad en crecimiento que afecta a millones.
2 marzo 2025
📝HISTORIA EN BREVE
La enfermedad del hígado graso puede ser causada por una disfunción metabólica o por el consumo de alcohol en exceso. A pesar de que se divide en enfermedad hepática estatórica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés) y enfermedad del hígado graso alcohólico (ALD, por sus siglas en inglés), ambas son la misma enfermedad
Hoy en día, la enfermedad del hígado graso afecta al 42% de los adultos en Estados Unidos, es muy frecuente en la comunidad hispana (47%) y durante las primeras etapas, no presenta ningún síntoma
El 9.6% de los niños de 2 a 19 años y el 17.3% de los de 15 a 19 años padecen hígado graso, debido a la obesidad infantil y a malos hábitos alimenticios como el consumo de alimentos procesados
El hígado graso ocasionado por alcohol progresa desde una simple esteatosis (acumulación de grasa en el hígado) hasta una hepatitis alcohólica e incluso cirrosis. El riesgo aumenta cuando los hombres beben más de 15 bebidas a la semana, mientras que para las mujeres, solo basta con 8 bebidas
El tratamiento implica cambios en el estilo de vida que incluyen una alimentación adecuada, ejercicio regular y mantener un peso saludable. Perder entre el 7% y el 10% de su peso corporal mejorará la salud de su hígado
🩺Por el Dr. Mercola
El hígado es similar a una fábrica que trabaja sin cesar para procesar todo lo que come y bebe. Realiza diversas funciones como filtrar toxinas, producir sustancias esenciales y ayudar a digerir los alimentos. Pero cuando esta fábrica se obstruye con grasa, su capacidad para funcionar resulta afectada. Esto es lo que sucede en la enfermedad del hígado graso, una afección en la que el exceso de grasa se acumula en el hígado.
La enfermedad del hígado graso cada vez es más común, y hoy en día afecta a 4 de cada 10 adultos en Estados Unidos.1 Por esta razón, hoy es más importante que nunca comprender esta afección y su posible impacto en la salud.
Aunque la medicina convencional divide la enfermedad del hígado graso en enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD, por sus siglas en inglés) o enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés) y enfermedad del hígado graso alcohólico (ALD, por sus siglas en inglés), todas son la misma enfermedad.
La diferencia entre ellas radica en la causa. A pesar de que la ALD es causada por el consumo excesivo de alcohol, la NAFLD/MASLD no, ya que ésta ocurre debido a una disfunción metabólica.2 En 2023, el término de NAFLD se reemplazó por enfermedad hepática esteatósica asociada a la disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés) para resaltar con mayor precisión su origen.3
Pero, de nuevo, mi forma preferida de describir esta afección es enfermedad del hígado graso. La atribución adicional de causa solo es jerga médica que no proporciona información adicional sobre la condición en sí, y las tres son sinónimos de enfermedad del hígado graso.
Diferencias entre la MASLD y la ALD
La MASLD es una afección en la que la grasa se acumula en el hígado de personas que no consumen alcohol en exceso. Es una gama de enfermedades, que van desde la esteatosis simple, que es la presencia de grasa adicional en el hígado, hasta la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica o MASH (antes conocida como esteatohepatitis no alcohólica o NASH).
La MASH es una afección más grave en la que el hígado se inflama, lo que provoca daños. Esta inflamación es la característica distintiva de la MASH y además un riesgo para la salud, ya que puede causar cicatrices en el hígado y cirrosis.4
La MASLD se relaciona con el síndrome metabólico, que es un conjunto de afecciones que a menudo ocurren al mismo tiempo, incluyendo la obesidad, diabetes tipo 2, presión arterial alta y niveles elevados de colesterol. El síndrome metabólico aumenta el riesgo de desarrollar MASLD. Es como una tormenta perfecta de factores que generan estrés adicional en el hígado. La presencia del síndrome metabólico hace más probable que la simple acumulación de grasa en el hígado progrese a MASH.5
De manera preocupante, se descubrió que la MASLD cada vez es más común en niños y adolescentes, y algunos informes confirman que ahora es casi tan frecuente como el asma infantil.6 Hoy en día, la MASLD afecta hasta el 9.6% de los niños en Estados Unidos de 2 a 19 años y al 17.3% de los jóvenes de 15 a 19 años.7
Este aumento se atribuye a las tasas tan altas de obesidad infantil y a los malos hábitos alimenticios, como el consumo de grandes cantidades de bebidas azucaradas y alimentos procesados. Es una señal de alerta importante, ya que significa que el daño hepático puede comenzar desde una edad temprana, dando lugar a problemas a largo plazo.
Uno de los aspectos más preocupantes de la MASLD, es que por lo general no presenta síntomas en sus primeras etapas. Por eso a veces se le conoce como enfermedad “silenciosa”. Es probable que las personas tengan MASLD durante años sin saberlo, y la descubran hasta que presentan un daño hepático irremediable.
Como su nombre sugiere, la enfermedad del hígado graso alcohólico (ALD, por sus siglas en inglés), también llamada enfermedad hepática asociada al alcohol o AALD, es un daño hepático causado por el consumo de alcohol en exceso. Cuando bebe alcohol, su hígado se esfuerza en procesarlo. Sin embargo, beber en exceso sobrecarga el hígado, lo que ocasiona que la grasa se acumule. Esta acumulación de grasa es la primera etapa de la ALD.
La ALD progresa a través de varias etapas. Comienza con una esteatosis simple y luego puede progresar a hepatitis alcohólica, que implica una inflamación del hígado. Si el consumo de alcohol continúa, puede provocar cirrosis, una enfermedad grave en la que el hígado sufre cicatrices permanentes. La cirrosis puede provocar insuficiencia hepática y otras complicaciones graves.8
La cantidad de alcohol que aumenta el riesgo de padecer ALD varía de persona a persona. Sin embargo, las recomendaciones generales sugieren que el consumo de alcohol en exceso aumenta el riesgo de manera considerable. Por lo general, para los hombres se define como beber más de cinco bebidas en un solo día o 15 bebidas (o más) por semana.
Para las mujeres, significa tomar más de cuatro tragos en un solo día u ocho (o más) tragos por semana.9 Cabe recalcar que para las personas con enfermedades hepáticas subyacentes, no existe ningún nivel seguro de consumo de alcohol.
La buena noticia es que la ALD se puede revertir al suspender el consumo de alcohol, siempre y cuando sea en las primeras etapas. Esto permite que el hígado se cure y recupere. Sin embargo, si el consumo continúa y la enfermedad progresa a cirrosis, el daño suele ser irreversible.10 Esto comprueba la importancia de la intervención temprana y de tomar decisiones saludables con respecto al consumo de alcohol.
La enfermedad del hígado graso está en aumento en Estados Unidos
En la actualidad, la enfermedad del hígado graso se considera como un importante desafío en los Estados Unidos. Informes y estudios recientes destacan su preocupación sobre su creciente prevalencia ya que afecta a una gran cantidad de personas en Estados Unidos.
Un estudio exhaustivo de 2024 publicado en la revista Communications Medicine, analizó la relación entre los factores que contribuyen al desarrollo y la progresión de la enfermedad del hígado graso.11 Los investigadores analizaron datos de 2017 a 2018 de 5532 personas con una edad promedio de 45.4 años, y exploraron la relación entre las predisposiciones genéticas, las influencias ambientales y los factores de estilo de vida, en particular los hábitos alimenticios.
Descubrieron que en 2018, el 42% de los adultos padecían algún tipo de enfermedad del hígado graso, una cifra más alta que las estimaciones anteriores. Los adultos de la comunidad hispana corrían un riesgo mayor, ya que el 47% padecían la enfermedad.
El estudio enfatiza que, aunque los factores genéticos pueden aumentar la susceptibilidad de una persona a la enfermedad del hígado graso, los factores ambientales, como los alimentos procesados y los estilos de vida sedentarios, desempeñan un papel muy importante en el desarrollo y progresión de la enfermedad.
En un comunicado de prensa de la universidad, el Dr. Juan Pablo Arab, especialista en hígado del Instituto de Enfermedades Hepáticas y Salud Metabólica de la Universidad Commonwealth de Virginia y autor principal del estudio, dijo:
"Este estudio destaca un problema importante que afecta a una gran parte de la población en Estados Unidos, y demuestra que ciertos grupos corren un riesgo mayor. Esperamos que estos hallazgos orienten intervenciones sanitarias más específicas para reducir las tasas de la enfermedad hepática, en especial en comunidades de alto riesgo".12
La relación entre la obesidad y el hígado graso
La obesidad es una de las principales causas de la enfermedad del hígado graso. El exceso de grasa corporal, en especial la grasa visceral (la grasa almacenada alrededor del abdomen), se relaciona con un depósito mayor de grasa en el hígado. Este exceso de grasa sobrepasa la habilidad del hígado para procesarla de manera eficiente, lo que ocasiona que la grasa se acumule dentro de las células del hígado. Cuanta más grasa visceral tenga, mayor será el riesgo de desarrollar enfermedad del hígado graso.13
La obesidad a menudo provoca resistencia a la insulina, una afección en la que las células del cuerpo no responden de manera correcta a la insulina, la hormona que ayuda a regular los niveles de azúcar en la sangre. Cuando las células se hacen resistentes a la insulina, los niveles de azúcar en la sangre aumentan y el cuerpo produce más insulina en un intento de compensar. Este exceso de insulina puede ocasionar que se almacene grasa en el hígado, lo que contribuye a la enfermedad del hígado graso. Esta resistencia a la insulina demuestra una relación entre la obesidad y el hígado graso.14
El exceso de grasa en el hígado puede provocar inflamación y estrés oxidativo, que son procesos dañinos que pueden dañar las células del hígado. Esta inflamación es una etapa clave en la progresión de la esteatosis simple a MASH. El estrés oxidativo, que es un desequilibrio entre los radicales libres dañinos y la habilidad del cuerpo para contrarrestarlos, contribuye aún más al daño hepático.15
Los patrones alimenticios desempeñan un papel importante tanto en la obesidad como en la enfermedad del hígado graso. Los alimentos ricos en calorías, en especial los alimentos procesados, bebidas azucaradas y grasas no saludables, promueven ambas afecciones. Este tipo de alimentos aportan un exceso de calorías que se convierten en grasa y se almacenan en el hígado. Es fundamental limitar este tipo de alimentos y centrarse en una alimentación equilibrada.
Incluso una pérdida de peso modesta puede mejorar la salud del hígado en personas con hígado graso. De acuerdo con un estudio, perder tan solo entre el 7% y el 10% del peso corporal puede reducir la grasa del hígado, mejorar la función hepática y disminuir la inflamación.16 Esto demuestra que incluso pequeños cambios pueden hacer una gran diferencia en la salud del hígado. Perder peso también puede ayudar a mejorar la sensibilidad a la insulina.
Los cambios en la alimentación son indispensables tanto para controlar el peso como para la salud del hígado. Se recomienda consumir una alimentación equilibrada rica en frutas frescas, vegetales bien cocidos, granos enteros, proteínas magras y grasas saludables. También es importante limitar el consumo de alimentos procesados, bebidas azucaradas y grasas no saludables (incluyendo los aceites vegetales). Este tipo de alimentación aporta los nutrientes necesarios sin sobrecargar el hígado con exceso de grasa y azúcar.
El ejercicio regular es otro aspecto importante que ayuda a controlar la enfermedad del hígado graso. Mantenerse activo ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir la grasa del hígado y promover la pérdida de peso. El ejercicio moderado, como realizar caminar a paso ligero durante 30 minutos la mayoría de los días de la semana, puede ofrecer muchos beneficios.
Factores adicionales que influyen en la salud del hígado
Aunque la obesidad y el alcohol son factores importantes para la enfermedad del hígado graso, existen otros problemas que también pueden aumentar el riesgo. Un ejemplo es la diabetes tipo 2. Ambas afecciones comparten factores de riesgo como la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico.
Las personas con diabetes tipo 2 tienen más probabilidades de desarrollar enfermedad del hígado graso, y los estudios han demostrado una relación bidireccional, lo que significa que la enfermedad del hígado graso también puede empeorar la resistencia a la insulina y contribuir al desarrollo de la diabetes tipo 2.17,18
Tener niveles anormales de lípidos en la sangre, como colesterol y triglicéridos altos, también puede contribuir a que se acumule grasa en el hígado. Cuando estos niveles están altos, pueden contribuir a que se acumule grasa en el hígado, lo que aumenta el riesgo de desarrollar hígado graso. Es importante que a través de la alimentación, el ejercicio y los hábitos de vida saludables se controlen estos niveles de lípidos para preservar la salud del hígado.19
El síndrome de ovario poliquístico (SOP) también se relaciona con un riesgo mayor de padecer enfermedad del hígado graso. Las mujeres con SOP a menudo presentan resistencia a la insulina y otras anomalías metabólicas que contribuyen a que se acumule grasa en el hígado. Este fenómeno resalta la compleja interacción entre las hormonas, el metabolismo y la salud del hígado.20,21
Abordar la apnea del sueño, un trastorno del sueño que se caracteriza por interrupciones repetidas de la respiración al dormir, también es una parte importante de la salud del hígado, ya que contribuye a la enfermedad del hígado graso. Estas interrupciones de la respiración pueden provocar niveles bajos de oxígeno y otros cambios metabólicos que promueven la acumulación de grasa en el hígado.22
Si la enfermedad del hígado graso no se trata a tiempo, puede progresar a cirrosis, lo que aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de hígado, también conocido como carcinoma hepatocelular.23 La enfermedad del hígado graso también se relaciona con un riesgo mayor de padecer enfermedad cardiovascular, incluyendo enfermedades cardíacas y derrames cerebrales.24 Es probable que esta relación se deba a otros factores de riesgo como la resistencia a la insulina, la inflamación y el síndrome metabólico. Por lo tanto, cuidar del hígado también beneficia la salud del corazón.
Es muy importante detectar y tratar a tiempo la enfermedad para prevenir complicaciones graves. Una vez que se identifican los factores de riesgo y se realizan cambios en el estilo de vida, es posible retrasar o incluso revertir el avance de la enfermedad. Por eso son tan importantes los exámenes médicos regulares.
Estrategias para tratar la enfermedad del hígado graso
Existen varios métodos para diagnosticar la enfermedad del hígado graso. Los análisis de sangre de la función hepática pueden detectar enzimas hepáticas altas que se liberan en el torrente sanguíneo cuando el hígado está dañado. Tener niveles altos es una señal de que el hígado está inflamado o de que existen otros problemas hepáticos.
Las pruebas de diagnóstico por imagen, como la ecografía, la tomografía computarizada o la resonancia magnética, ayudan a visualizar la grasa acumulada en el hígado. Además de confirmar el diagnóstico de enfermedad del hígado graso, también ayudan a descartar otras enfermedades del hígado. En algunos casos, podría ser necesario realizar una biopsia de hígado para confirmar el diagnóstico de la NASH y evaluar la gravedad del daño hepático. Este es un procedimiento más invasivo que se realiza cuando las pruebas muestran resultados dudosos.
También se utilizan pruebas no invasivas, como FibroScan, la cual ayuda a evaluar la rigidez del hígado, que puede indicar la presencia de fibrosis (cicatrización). 25 Estas pruebas son menos invasivas que una biopsia de hígado y pueden proporcionar información valiosa.
Como se mencionó antes, adoptar hábitos de vida saludables, como mantenerse activo y llevar una alimentación equilibrada, ayudará a tratar las causas fundamentales de la disfunción metabólica para reducir el riesgo de padecer enfermedad del hígado graso y promover una función hepática óptima. Estos son algunos consejos que pueden ayudarle:
• Elija comer alimentos enteros y ricos en nutrientes: elimine los aceites vegetales, alimentos muy procesados y las comidas rápidas de su alimentación, ya que saturan el hígado y contribuyen a la disfunción metabólica. En lugar de ello, sustitúyalos por alimentos enteros, menos procesados y ricos en nutrientes para estabilizar su nivel de azúcar en la sangre, reducir la inflamación y reducir la carga sobre su hígado. En su lugar, consuma grasas más saludables como el sebo de animales alimentados con pastura, el ghee o mantequilla.
• Optimice su consumo de carbohidratos: intente consumir un mínimo de 200 a 250 gramos de carbohidratos específicos por día que provengan de fuentes integrales saludables, como frutas frescas y vegetales bien cocidos.
• Equilibre sus fuentes de proteínas: asegúrese de que un tercio de su consumo diario de proteínas consista en colágeno, con el objetivo de consumir 0.8 gramos de proteína por cada libra de masa corporal magra, lo que debería representar alrededor del 15% de su consumo calórico total.
• Mantenga un peso saludable: si tiene problemas de sobrepeso, perder entre el 7% y el 10% de su peso corporal ayuda a mejorar el hígado graso.26
• Considere tomar suplementos que refuercen el hígado: apoyar su hígado con nutrientes específicos no solo lo protege contra daños, sino que también mejora su capacidad para desintoxicarse y regenerarse. Algunos ejemplos incluyen colina, folato, vitamina B12 y n-acetilcisteína (NAC). Si desea más información, lea mi artículo: "La temible enfermedad hepática que podría acabar con su vida".

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