08/11/2016
“Las escenas reales son aquellas que fueron vividas, no las que nos hubiera gustado vivir o que fantaseamos vivir en algún momento futuro de nuestra vida.
Es la única forma de convocar una realidad que en su momento nos capturó en su obstáculo.
En estas escenas es importante que los personajes elegidos como auxiliares respeten las señales que el protagonista marca en cada uno (palabras, gestos, actitudes), para impedir el robo de la escena.
Señales necesarias para que el protagonista pueda recordar, repetir, volver a traer en su recuerdo, aquello que quedó congelado en la escena real, dejándolo suspendido en una demanda insatisfecha.
Es la representación dramática de una escena vivida como segundo acontecimiento, donde cabe el pasaje a lo simbólico.
El poder da cuenta de la existencia de esa demanda insatisfecha y del deseo que la sostiene, es lo que enfrentará al sujeto en lo absurdo de la misma: estar pidiendo a otro, aquello que éste no puede dar. Reconocer la diferencia entre otro (del orden de la realidad) y otro (del orden de lo Imaginario), es la posibilidad, para el sujeto, de verse desde el lugar que ocupa frente al Otro de su historia. ¿Qué quiere el otro de mí? Pregunta sin respuesta y angustiante. Marca el lugar de la alienación del sujeto en el deseo del Otro.
Para armar una escena es necesario permitirse transgredir la realidad para que el sujeto pueda dar cuenta de la existencia de la escena invisible del orden del deseo. Sólo quien está dispuesto a transgredir (volver a representar algo que ya fue), puede armar una escena. Rompe el discurso para que asome el obstáculo.
Hay un reconocimiento de su cuerpo en la mirada del otro, en tanto semejante que lo remite a marcar su historicidad, las marcas del tiempo, ser un cuerpo que envejece. Verse a través del otro y en posición de otro (inversión de roles), introduce la intersubjetividad, el campo del ser en su devenir.” (Alejandra Thaysen – Adriana Zambrini)
Artista: Alicia Valdivia