Atención Psicológica 'On Line' y Presencial

Atención Psicológica 'On Line' y Presencial Atención Psicológica a jóvenes y adultos
Online, y presencial (en San Martín, Bs.As.-Arg.) Licenciado y Profesor de Psicología de la U.B.A.

Perspectiva de Género / LGBTIQ+

27/04/2026

Las y los Psicólogos estudiamos muchos AÑOS para saber CÓMO escuchar, para no-interrumpir, para no decir obviedades (ni estupideces), también para saber QUÉ escuchar, y para saber QUÉ y CÓMO preguntar o intervenir. Si cualquiera pudiese (o supiese) callarse y evitar opinar o aconsejar, mucha menos gente iría a Terapia, bastaría con hablarle a amigxs o algún/a familiar “piola”.

Pero además de escuchar, brindamos tratamiento (si fuera tan simple como ‘hablar en voz alta y poder escucharnos’, podríamos hablarle a un perro / gato o infante; bastaría sólo que pudieran mantener la mirada sobre nosotros mientras les hablamos). Y para brindar tratamiento, hay que manejar mucha información, muchos saberes, porque el tratamiento se adapta a cada persona (y no al revés).

Para poder atender pacientes, para poder ejercer la psicoterapia, hay MUCHO que leer, saber y estudiar. No se aprende en un “retiro de finde semana”. Son AÑOS y años de formación, y luego de actualización permanente, trabajo sobre uno/a mismo/a (la propia terapia), supervisión, nuevas formaciones, etc.

Hay quienes piensan que la psicoterapia es un trabajo “fácil”, “sencillo”, “inocuo”. Además, escuchar los padecimientos, malestares e incluso traumas de otras personas, todos los días, sistemáticamente, no es para cualquiera. Requiere mucha preparación. Pero hay chantas que ven esto como “dinero fácil”.
Es el caso de un tal Jair Soares, que promociona por youtube y otras redes un “Mini-Curso: Terapeuta de resultados”, afirmando que “no hace falta ser psicólogx para ser terapeuta”, que “acompañar procesos” es una salida laboral muy redituable. Por supuesto asegura que “vas a ayudar a las personas a tu alrededor”, y que “no hay mejor sensación que despertar y saber que vas a salvar vidas” (así, bien mesiánico).
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21/04/2026

En tiempos de misoginia institucionalizada, de discursos reaccionarios que buscan devolver a las mujeres al silencio, a la culpa y a la obediencia, hablar de atención psicológica con perspectiva de género es una necesidad ética, clínica y política. Porque lo que muchas mujeres padecen no nace en una supuesta fragilidad individual, sino en un mundo organizado por desigualdades, privilegios y violencias que las afectan, aunque se las quiera volver invisibles, “normales” o sumisas.

Uno de los problemas más graves, también en el consultorio, es individualizar lo que mayormente es social. El malestar de las mujeres no puede comprenderse por fuera de lo que hacemos los varones, de los lugares que ocupamos, de las violencias que ejercemos, y del sistema patriarcal que nos educa en el privilegio y a ellas en la renuncia y la sobrecarga.

Cuando eso se pierde de vista, la atención Psi corre el riesgo de transformarse en una máquina de normalización que diagnostica, etiqueta y patologiza, en lugar de escuchar el contexto y las relaciones de poder que producen sufrimiento. Eso se traduce en escuchar: no sólo lo que la persona dice, sino también lo que el entorno produce en ella.

Si llega una mujer con síntomas de ansiedad, miedo, insomnio o agotamiento, y en lugar de preguntarnos por el contexto en el que vive (de violencia machista) le colocamos la etiqueta de “trastorno” como si se tratara de un problema exclusivamente individual, la estamos revictimizando. También estamos encubriendo las causas. Porque muchas veces lo que aparece como “síntoma” es una respuesta comprensible de quien intenta sobrevivir a situaciones de control, desigualdad, humillación o amenaza.

Trabajar con perspectiva de género supone entonces una ética: de no-patologizar la resistencia, no-culpabilizar a la víctima y no llamar “dependencia” a lo que fue producido por años de sometimiento o desigualdad. Como dice Enrique Stola, se suele afirmar que los feminismos “ideologizan” la psicología, pero eso es una falacia. Lo que ideologiza la clínica es el patriarcado, porque nos enseñaron a mirar con lentes androcéntricos. (SIGUE EN COMENTARIOS)

14/04/2026

Hace no tanto, y antes de ocupar el ‘Sillón de Rivadavia’, un bufón de la TV llegó a instalar la idea de que “la única salida es Ezeiza”. Hoy, en muchísimas familias argentinas, el tema de conversación ya no es sólo quién se fue, sino quién está pensando en irse. Porque migrar empieza mucho antes de armar las valijas: empieza cuando una persona siente que su vida, su trabajo, su deseo o su futuro ya no encuentran tierra fértil en el lugar donde creció.

Y en la Argentina actual, ese sentimiento no aparece sólo por por curiosidad o por ganas de conocer otro país. Nace del desgaste, de la incertidumbre, de la decepción, de la desesperanza, del empobrecimiento, de la falta de oportunidades, de la sensación de intemperie, de la imposibilidad de proyectar algo con un mínimo de estabilidad. A veces, migrar no se vive como deseo sino como salida forzada, como intento de respirar un poco en medio de un clima social, laboral, económico y político cada vez más asfixiante.

Pero irse no resuelve mágicamente el malestar. A veces, desde acá, se idealiza demasiado la vida afuera, como si migrar garantizara orden, alivio o bienestar. Y no siempre es así. Hay quienes encuentran mejores condiciones materiales, claro. Pero también hay soledad, sobreexigencia, desarraigo, nostalgia, culpa (por estar lejos), presión por hacer que la decisión haya valido la pena, cansancio por tener que demostrar todo el tiempo que la decisión “fue la correcta”.

Migrar es cambiar de país, de códigos culturales, de horarios, de vínculos, y a veces de idioma. Es extrañar personas, escenas, comidas, modos de hablar, hasta pequeños detalles de la vida cotidiana que no se sabía que iban a sentirse tanto. También es habitar una experiencia ambigua: estar donde se quiso estar y, al mismo tiempo, sentir que algo propio quedó varado en otro lado. Por eso no hay una sola forma de migrar, ni una sola forma de vivir esa distancia.
Desde la Psicología, eso también importa. Porque muchas veces el desarraigo, la sobreexigencia y el aislamiento se viven como una dificultad individual, como si costara adaptarse porque hay alguna falla “personal”. Y no. Hay malestares que no son “debilidad”, ni “falta de actitud”

07/04/2026

A veces se habla de ‘pobres’ o de ‘pobreza’ como si fuera una fatalidad o algo inevitable, como una condición casi “natural” de ciertas personas, familias o pueblos. Algunas religiones, en su cinismo, la maquillan como ‘virtud’. Y cuando eso ocurre, se empobrece la mirada política, la única que permitiría entender la desigualdad –NO como un ‘accidente’ del sistema socioeconómico a corregir, sino– como un componente necesario para su funcionamiento.

Esto no es un detalle teórico menor ni de una mera discusión intelectual: es una diferencia ética y política decisiva. Si la pobreza es leída como un dato ‘natural’, lo único que queda por hacer es administrarla, contener sus efectos más explosivos, enseñar a las personas sobre “resiliencia”, o a “emprender”, a adaptarse mejor, y a tolerar un poco más el sufrimiento.

En cambio, si entendemos que la pobreza es producida –e inherente a la lógica del capitalismo–, entonces ya no estamos ante una ‘mala gestión’ ni ante una falla individual: estamos ante el resultado de relaciones de poder, de decisiones económicas y políticas, de despojos históricos y de desigualdades / inequidades planificadas.

Y eso cambia la forma de pensar la Salud, la Salud Mental y la Psicología. Porque no hay Salud Mental aislada de las condiciones concretas de existencia. No hay SALUD sin trabajo, ni hay SALUD posible viviendo en la intemperie, en el hacinamiento, en la imposibilidad de proyectar un futuro. Y no hay posibilidad de comprender el padecimiento psíquico por fuera de los vínculos, de la historia y de las condiciones materiales de vida.
TODAS las formas de sufrimiento expresan algo del orden social. Angustia, insomnio, irritabilidad, apatía, desesperanza, sensación de fracaso, vergüenza, agotamiento: nada de eso surge en el vacío. Por eso, psicologizar la pobreza es una forma de encubrir sus causas, sus raíces. Y también, de volverla más cruel.
Lo acontecido el pasado lunes, con un adolescente que ingresó armado a la escuela y disparó contra sus compañeros, tampoco puede pensarse sólo como un hecho aislado o un ‘caso individual’. Como escribió Carolina Dome: “La violencia social no es ajena al aula:
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HOY (31 de marzo) es el Día Internacional de la Visibilidad TRANS (prefijo de las identidades Tr****ti, Transexual, Tran...
31/03/2026

HOY (31 de marzo) es el Día Internacional de la Visibilidad TRANS (prefijo de las identidades Tr****ti, Transexual, Transgénero), día que surgió no sólo para repudiar la discriminación y exclusión hacia esta comunidad, sino para reconocer y celebrar su presencia, su visibilidad, su existencia.

Hace más de 10 años que empecé a (in)formarme, a conmoverme, a involucrarme y a trabajar con madres/padres y fliares. de niñas, niños y adolescentes transgénero (es decir, niñXs y adolescentes que no se identificaban con el género asignado –que se asigna al nacer en base a los genitales externos).

Hubo –y siempre ha habido– grupos y sectores Anti-derechos (algunos ligados con creencias religiosas y/o políticas), que iniciaron una “cruzada” contra todo lo que se vincule a “lo Trans”. Acusaban a madres/padres de ‘confundir’ a sus hijxs, de ‘meterles ideas en la cabeza’, y muchas otras estupideces que se inventaban desde la lejanía, la ignorancia y la maldad.

De seguro, esas personas no conocen ni jamás hablaron con personas Trans (de cualquier edad), ni tampoco con sus familiares. Tampoco tienen idea de lo que es la “construcción de la subjetividad”, proceso que tiene que ver con la interacción de factores biológicos, pero también sociales, culturales, y sobre todo singulares, propios de cada persona.

De hecho, además del sufrimiento psíquico de niñXs y adolescentes trans por no ser comprendidxs ni respetadxs (y de ser discriminadas y/o violentados en múltiples formas), estaba el sufrimiento de sus ‘Xadres’ (y familiares) que no tenían idea de qué les pasaba a sus hijes, y en esa confusión pasaban por la culpa (creyendo las acusaciones del entorno, de que “algo mal hicieron”), por el desconcierto, la impotencia, la contradicción de seguir consejos “profesionales” que básicamente prescribían distintas formas de maltrato psicológico / emocional, etc.
Hoy, pleno 2026, la información existente no ha disminuido el sufrimiento psíquico de niñEs ni de adolescentes trans ni de sus flias. Es por ello que hace más de 4 años sostenemos un espacio Grupal Online de y para madres y fliares de chiques trans...
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Hoy, 24 de Marzo, se cumplen 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar, iniciada con el golpe de Estado d...
24/03/2026

Hoy, 24 de Marzo, se cumplen 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar, iniciada con el golpe de Estado de 1976. El Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia existe para recordar a las víctimas del terrorismo de Estado, y para sostener en el presente una demanda ética y política que no perdió vigencia.

Hoy no vivimos el mismo ‘terrorismo de Estado’ que organizó secuestros, torturas, asesinatos, desapariciones, apropiación de niñxs y centros clandestinos. Alfredo Grande habla de un “Estado terrorista”, con formas actuales de provocar terror, disciplinamiento y devastación subjetiva. Hoy, de otro modo, también el miedo se administra, la crueldad se naturaliza, y se pretende transformar el sufrimiento social en un problema individual, privado, casi vergonzante.

Porque el silencio no es salud. Nunca lo fue. No era salud el silencio impuesto por el terror, ni callar para sobrevivir. Y tampoco hoy es saludable el ‘camino’ y las decisiones políticas que empujan al hambre, al desempleo, al sub-empleo, a la precarización, a la humillación cotidiana, al “arreglate como puedas”, a la violencia institucional, económica y estatal.
No hay Salud Mental posible en una sociedad que empuja a grandes sectores a la angustia, a la incertidumbre permanente y a la intemperie material. No hay salud en el acostumbramiento, en la resignación, ni en la adaptación sumisa a condiciones de vida cada vez más crueles.

A veces se habla de “SALUD MENTAL” como si se tratara de un asunto exclusivamente individual: una cuestión de actitud, de resiliencia, de voluntad, de correcta administración de emociones. La Salud Mental es inseparable de las condiciones concretas de existencia. El desfinanciamiento y desmantelamiento de la ciencia, la salud y la educación públicas no son datos neutros de la economía: producen padecimiento, enfermedad, muerte, deterioran lazo social, erosionan proyectos, angustian, expulsan y rompen tramas comunitarias.
Por eso, a 50 años del golpe, conviene insistir: ‘Memoria’ no es repetición ceremonial. La Memoria es una herramienta política para leer el presente. Y leer el presente implica preguntarnos...
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17/03/2026

Hay algo de la Argentina actual que me fastidia: la crueldad, el machismo, la misoginia y el desprecio por la diferencia ya no circulan sólo en voz baja, entre chistes de mal gusto o comentarios de sobremesa. Están más habilitados. Más impunes. Y eso se ve y se siente en las escuelas, en las familias, en los grupos de pares, en las redes, en los consultorios y también en el cuerpo. Porque cuando una sociedad se endurece, hay cuerpos que lo pagan primero. Y una vez más, suelen ser los cuerpos de las mujeres, de las adolescencias y las diversidades.

En un espacio terapéutico (grupal) con madres de adolescentes, todo esto apareció muy claro y con mucha fuerza. No como teoría. Apareció en el cansancio, en el llanto, en la culpa, en el miedo. En el dolor de cabeza, en la voz que se va, en la angustia de no saber si lo que un/a/e hije sube a su ‘estado’ (en una app) fue ‘una simple expresión adolescente’ o una señal de alarma. Apareció, sobre todo, en algo que varias compartían: la sensación de estar remando muy solas.

Madres agotadas. Madres que sostienen: turnos, escuelas, tratamientos, conversaciones difíciles, cambios de humor, urgencias, miedos, búsquedas de profesionales, trámites, discusiones familiares. Madres que están. Mal o bien, con errores y contradicciones, pero están. Y sin embargo, aun siendo muchas veces las únicas que realmente acompañan, terminan recibiendo encima la culpa, la sospecha y el reproche.

Porque hay algo atroz en esto: en una cultura profundamente machista, cuando un hijo o una hija sufre, la lupa suele caer primero sobre la madre. “Le llenaste la cabeza”. “Vos hiciste que sea así”. “Vos lo/la llevaste a marchas”. “Vos hablaste de estos temas”. “Vos le diste demasiada libertad”. Y así, lo que debería pensarse en su complejidad, queda reducido a una acusación tan injusta como conocida: la culpa es de la madre.
Como si alojar la palabra fuera fabricar un problema. Como si ofrecer un espacio seguro fuera empujar al sufrimiento. Como si el problema fuera la escucha y no la violencia. Como si el problema fuera una madre que acompaña y no una sociedad que hostiga, discrimina y expulsa.
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10/03/2026

Cada 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer trabajadora) vuelve a sentirse un grito colectivo que perfora los muros globales del silencio y la desidia: que la desigualdad entre varones y mujeres no es cosa de un pasado mítico, ni es una “invención ideológica”, ni una exageración de algunas “locas / resentidas”, como alguno cínicos pretenden.

La desigualdad y la inequidad están en la distribución del trabajo y del dinero, en los cuidados, en los miedos cotidianos, en la violencia, en el descrédito de la palabra de las mujeres, en las exigencias imposibles que recaen sobre ellas, y también en la forma en que muchas veces se define qué sufrimiento merece escucharse y cuál debe ser minimizado.

Por eso, hablar de atención psicoterapéutica con perspectiva de género no es sumarle un detalle accesorio, es una condición ética y profesional para escuchar ‘realmente’ (no sólo “mejor”). Escuchar más de lo que se dice, observar más de lo que se ve a simple vista. No hay malestar psíquico ni físico separado de las condiciones de vida:

No se puede pensar la angustia, la culpa, el agotamiento, la autoexigencia, el miedo o la tristeza de muchas mujeres sin tomar en cuenta los mandatos, las violencias, las desigualdades y las amenazas concretas que atraviesan sus vidas. Y menos aún en un contexto social cada vez más machista, más misógino, más polarizado, donde circulan con mayor impunidad burlas, desprecio, discursos de odio y formas renovadas de disciplinamiento.

Una psicoterapia con perspectiva de género evita volver a lastimar, a re-victimizar. Evita leer como “problema individual” lo que muchas veces es la respuesta de un organismo sano a una trama de opresiones (por lo general, invisibilizadas). Evita patologizar estrategias de supervivencia. Evita llamar “sensibilidad excesiva” a lo que es miedo aprendido, o “dependencia” a lo que fue producido por años de desigualdad, de control y/o de violencia.
Y también permite ver que no todas las mujeres padecen de la misma manera ni en las mismas condiciones...

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02/03/2026

¿Cómo mantener la –no digamos ya “salud mental”, digamos directamente– ‘cordura’, en un mundo y una sociedad que involucionan día a día, donde los anti-valores y el costado más nefasto de la humanidad ganan cada vez más terreno?

“Fingir demencia” es uno de los leitmotiv de esta época. ¿Cómo meter más la cabeza en el agujero, al modo de un avestruz? O ¿cómo sacarla? Ya demasiadas horas del día dedicamos a la subsistencia, y el resto, a enredarnos en las Redes, y lobotomizarnos con Netflix o Videojuegos. Todo en este barco ‘hace agua’, y encima lo siguen agujereando.

La civilización occidental y su barbarie capitalista son como el Titanic, enorme, aparentemente indestructible, único. El naufragio es lento, pero aún no es evidente. Los músicos y la tripulación siguen como si nada. También los capitanes, que se vienen pasando el timón entre sí, que convencieron a todo el mundo que la competencia es más importante que la solidaridad y la cooperación. Así estamos, así nos va.

M. Foucault habló de la ‘Sociedad Disciplinaria’, donde el control social se ejercía sobre los cuerpos y sobre los tiempos de la vida. G. Deleuze habló de la ‘Sociedad del control’, donde ya no sólo se trata de dominar y domesticar los cuerpos, sino también la subjetividad: se adueñaron de nuestros deseos (lo dijo antes de internet, antes de los celulares, antes de las RRSS).
Millones de personas viven y mueren persiguiendo ‘la zanahoria de la fama y el dinero’, aún cuando se saben que apenas el 1% la puede alcanzar; y el resto, luchando a los codazos con otrxs por ‘la zanahoria de la supervivencia diaria’.

Hoy les niñes crecen en un mundo roto: la voz de la madre la escuchan 9 meses, después empiezan a vincularse con aparatos, porque ya ni hermanitxs hay para jugar. Ahora si hay hijes, son únicos, y tanto el chupete como el ‘objeto transicional’ pasa a ser una pantalla (o pantallita). Y sabemos qué tipo de contenidos ‘des-socializantes’ y des-humanizantes se difunden por esas dictaduras algorítmicas, creadas y pagadas por los ‘dueños’ y ‘capitanes’ del mundo.

El mundo y la subjetividad se psicotizan, lo virtual (alucinatorio) reemplaza lo real y el contacto humano
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10/02/2026

Existe una idea que suele quedar afuera de las discusiones públicas: que toda opinión (en especial si se trata de política) se apoya, conscientemente o no, en una filosofía, en una determinada concepción de ser humano, de cómo se constituye y cómo vive en sociedad.
Esta semana, ese tema deja de ser abstracto.

En estos días se debatirá en el Congreso de la Nación Argentina la baja de la edad de imputabilidad penal. Y más allá de las consignas a favor o en contra, este debate es un ejemplo muy claro de cómo distintas ontologías (rama de la Filosofía que se pregunta sobre el ‘ser’ de algo) chocan entre sí, aunque no siempre se las nombre.

Preguntarse si un niño o adolescente debe ser penalmente imputable no es sólo una cuestión jurídica o de seguridad. Es, antes que nada, una pregunta ontológica:
- ¿Qué es un niño?
- ¿Qué entendemos por responsabilidad?
- ¿Cómo se forma una subjetividad?
- ¿Dónde empieza y dónde termina la libertad de elección?
- ¿Qué lugar ocupan el contexto social, la desigualdad económica, la violencia estructural?

Una ontología posible –muy presente en ciertos discursos– concibe al sujeto como individuo autónomo, racional y autosuficiente, incluso desde edades tempranas. Desde esa mirada, la acción se separa del contexto: el acto define al sujeto. Si alguien comete un delito, “elige” hacerlo; por lo tanto, debe responder penalmente, sin demasiadas mediaciones.

Otra ontología, en cambio, entiende al ser humano como un ser relacional, situado y en proceso. No como un “adulto en miniatura”, sino como una subjetividad en constitución, atravesada por condiciones materiales, vínculos, violencias, ausencias y desigualdades. Desde ahí, la pregunta no es solamente “¿qué hizo?”, sino “¿en qué contexto se produjo esa acción?”

No es lo mismo pensar la infancia y la niñez como una etapa de ‘incompletud moral’ a ‘corregir con un castigo’, que pensarla como una etapa de vulnerabilidad estructural que exige cuidado, responsabilidad adulta y políticas públicas.
Tampoco es lo mismo concebir la seguridad como control y punición, que como prevención, inclusión y garantía de derechos.

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04/02/2026

La Psicología, prácticamente desde sus inicios, tuvo un fuerte sesgo individualista –además de claros sesgos de género–, y apoyada en ideas populares de la época, una impronta ‘intrapsíquica’, como si lo que nos pasara, nuestros malestares, preocupaciones y padecimientos, tuviesen mucho que ver con “uno/a” y no con el entorno en el que vivimos.

No puede haber SALUD MENTAL cuando hay hambre, miedo, precariedad o violencia.
Las personas se deprimen porque viven mal, porque no les rinde el sueldo, les falta tiempo, o derechos, o porque viven en una inseguridad constante, o porque las violentan, las excluyen, porque el sistema las exprime –y encima les dice que sean resilientes–, etc.

Como escribió Isabel Coixet Castillo, guionista y directora de cine española: «La SALUD MENTAL es la gran narrativa de nuestra época. Pero tal vez cuando hablamos de problemas de ‘salud mental’, estemos diciendo ‘No sé cómo vivir en este mundo’. Y la industria terapéutica responde: “Aquí tienes técnicas para gestionar tu malestar”. ‘Respiración consciente. Mindfullness. Autocuidado. Ansiolíticos. Antidepresivos’…

Todo ello es útil, y todo ello insuficiente, porque el problema no está en nuestra capacidad para respirar correctamente; está en que el mundo se ha vuelto literalmente irrespirable.
Los síntomas que llamamos ‘ansiedad’, ‘depresión’, ‘crisis existencial’, podrían ser simplemente la respuesta sana de un organismo que detecta, correctamente, que las condiciones de existencia son insostenibles…
La estructura narrativa con la que dábamos sentido a la vida –estudia, trabaja, ten hijos, progresa, confía en las instituciones– se ha desintegrado sin que aparezca nada coherente en su lugar. Estar ‘mal de la cabeza’ en un contexto así no es una patología. Es lucidez…
El verdadero delirio sería creer que todo está bien, que las cosas tienen sentido, que existe un plan, que alguien está al mando. Esa sí sería una desconexión radical con la realidad. La confusión, en cambio, es la experiencia directa de vivir en un mundo contradictorio, caótico, donde las reglas cambian cada semana y las autoridades han perdido toda credibilidad o cordura…
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28/01/2026

Una frase que escuché muchas veces en mi vida, y en la que creo, es “No se debería vivir para trabajar, sino trabaja para vivir”. Pero ¿qué pasa cuando ya ni siquiera se vive para trabajar, sino que se vive trabajando –y cada vez más horas a la semana– para poder subsistir? Lo que sucede, a la corta o a la larga, es sencillo: a nivel personal, ansiedad, miedo, estrés, deterioro psico-emocional y enfermedad orgánica; a nivel interpersonal / social: rotura de lazos familiares y comunitarios, individualismo, apatía, instituciones ‘estalladas’.

Las personas trabajan muchas horas y viven con miedo a perder su empleo, jóvenes que no pueden independizarse, parejas que no pueden comprar casa, y una sensación general de cansancio, frustración y falta de horizonte. Esto genera mucho malestar social.

Hace unos días releí un artículo del filósofo español Amador Fernández-Savater, titulado “La Zona Gris de la democracia: hacia una política de la impureza”, es de mediados del 2023 pero sigue siendo actual y describe un proceso que se viene dando en distintos puntos del planeta:

Afirma que todos los aspectos de nuestra vida se fusionaron con el Mercado: usamos aplicaciones para viajar, para conseguir una cita, para hacer amigxs, para comunicarnos, para pedir comida, para alquilar una casa, para buscar un trabajo, para vender un servicio, etc. Es una forma de vida donde TODO funciona según las reglas del mercado: lógicas mercantiles, oferta-damanda, rédito económico, competencia y rendimiento.

El mercado deja de ser un ámbito separado de ‘la vida’ para convertirse en el terreno que define expectativas, deseos y nociones de libertad, haciendo que TODO (y TODxS incluso quienes se consideran de izquierda) viva y exista dentro de esta “Vida-Mercado”. La “vida-mercado” no es sólo comprar y vender cosas, sino cómo trabajamos, cómo nos movemos por la ciudad, cómo nos comunicamos, cómo y desde dónde –qué intereses– nos relacionamos, y hasta cómo pensamos nuestro futuro.
Lo que el autor llama la “Zona Gris”, tiene que ver con la crisis de representatividad, con la desigualdad, la precariedad y el malestar subjetivo...
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