04/02/2026
La Psicología, prácticamente desde sus inicios, tuvo un fuerte sesgo individualista –además de claros sesgos de género–, y apoyada en ideas populares de la época, una impronta ‘intrapsíquica’, como si lo que nos pasara, nuestros malestares, preocupaciones y padecimientos, tuviesen mucho que ver con “uno/a” y no con el entorno en el que vivimos.
No puede haber SALUD MENTAL cuando hay hambre, miedo, precariedad o violencia.
Las personas se deprimen porque viven mal, porque no les rinde el sueldo, les falta tiempo, o derechos, o porque viven en una inseguridad constante, o porque las violentan, las excluyen, porque el sistema las exprime –y encima les dice que sean resilientes–, etc.
Como escribió Isabel Coixet Castillo, guionista y directora de cine española: «La SALUD MENTAL es la gran narrativa de nuestra época. Pero tal vez cuando hablamos de problemas de ‘salud mental’, estemos diciendo ‘No sé cómo vivir en este mundo’. Y la industria terapéutica responde: “Aquí tienes técnicas para gestionar tu malestar”. ‘Respiración consciente. Mindfullness. Autocuidado. Ansiolíticos. Antidepresivos’…
Todo ello es útil, y todo ello insuficiente, porque el problema no está en nuestra capacidad para respirar correctamente; está en que el mundo se ha vuelto literalmente irrespirable.
Los síntomas que llamamos ‘ansiedad’, ‘depresión’, ‘crisis existencial’, podrían ser simplemente la respuesta sana de un organismo que detecta, correctamente, que las condiciones de existencia son insostenibles…
La estructura narrativa con la que dábamos sentido a la vida –estudia, trabaja, ten hijos, progresa, confía en las instituciones– se ha desintegrado sin que aparezca nada coherente en su lugar. Estar ‘mal de la cabeza’ en un contexto así no es una patología. Es lucidez…
El verdadero delirio sería creer que todo está bien, que las cosas tienen sentido, que existe un plan, que alguien está al mando. Esa sí sería una desconexión radical con la realidad. La confusión, en cambio, es la experiencia directa de vivir en un mundo contradictorio, caótico, donde las reglas cambian cada semana y las autoridades han perdido toda credibilidad o cordura…
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