12/03/2026
Muchas veces pensamos que el sedentarismo es simplemente “no hacer nada”. Pero en realidad es un concepto un poco más complejo.
Se considera sedentaria a una persona cuyo nivel de actividad física no alcanza las recomendaciones mínimas para generar beneficios en la salud. Es decir, el cuerpo no recibe suficiente estímulo para producir cambios positivos en el organismo.
También existe otra situación frecuente: la baja actividad física. En estos casos la persona se mueve, camina o realiza algunas actividades cotidianas, pero la intensidad o la duración del esfuerzo no son suficientes para producir adaptaciones físicas importantes.
¿Por qué es importante entender esta diferencia? Porque muchas personas creen que con “moverse un poco” alcanza, cuando en realidad el cuerpo necesita una cierta regularidad, intensidad y tiempo de ejercicio para mejorar la salud.
La falta de actividad física adecuada se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad y pérdida progresiva de la capacidad física.
La buena noticia es que nunca es tarde para empezar. Con una evaluación adecuada y un plan progresivo, el ejercicio puede incorporarse de forma segura y sostenida en el tiempo.
Moverse es importante. Pero moverse de la manera correcta puede marcar una gran diferencia en la salud.