17/05/2026
Una anécdota de consultorio que me cambió la forma de ver la medicina.
Hace un tiempo entró una paciente a mi consultorio con una angustia que no podía explicar con palabras. No era una enfermedad concreta, era algo más sutil. Y en ese momento me di cuenta de algo que la medicina tradicional rara vez nombra: somos mucho más que un cuerpo físico.
Somos energía. Y esto no es misticismo, es física.
La evidencia científica muestra que las células pueden comunicarse a larga distancia a través de la generación y recepción de señales electromagnéticas, y que los campos electromagnéticos pueden facilitar la transferencia de energía dentro de los sistemas biológicos, influyendo en los procesos metabólicos.
La biofísica moderna está construyendo las bases para entender que existe un dominio de interconexión fundamental en la materia viva, desde el cual emergen los patrones del mundo material, lo que algunos llaman el campo cuántico.
No estamos aislados. Estamos conectados entre nosotros y con todo lo que nos rodea. Eso que a veces sentís como una “energía” en una persona, en un lugar, en una situación, no es imaginación. Es física cuántica estudiada hace miles de años y que la ciencia hoy está comenzando a confirmar.
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