19/10/2025
Tres Conceptos para la Anestesia Afectiva
1. El Sopor y la Desvitalización (David Maldavsky)
Desde una perspectiva psicopatológica, Maldavsky describe ciertos cuadros donde se observa una pérdida de la vitalidad psíquica, vinculada a procesos tóxicos y depresiones sin conciencia. Estos estados se caracterizan por una atenuación de la energía libidinal y una sensación de sopor, en la cual el sujeto permanece funcional pero desvitalizado, como si la vida transcurriera amortiguada.
En estos pacientes, la conexión con el otro se mediatiza por una percepción empobrecida y desubjetivada: el semejante se vuelve una presencia plana, y el contacto emocional se experimenta solo como impacto o sacudida, sin mediación simbólica.
2. El Letargo (Fidias Cesio)
En un registro afín, Fidias Cesio conceptualizó el letargo para nombrar el estado de somnolencia y detención pulsional que puede instalarse en el dispositivo analítico. Este fenómeno aparece cuando el discurso se vacía, la palabra se vuelve hueca y el intercambio pierde vitalidad.
El letargo opera como un sueño despierto: un mecanismo que anestesia la mente frente a lo insoportable de lo real, obturando el movimiento deseante y la capacidad de simbolizar.
3. La Mortificación (Fernando Ulloa)
Fernando Ulloa situó un proceso análogo en el plano social con su noción de mortificación. Este concepto designa una violencia silenciosa que se ejerce mediante la indiferencia y la pérdida del registro afectivo del otro. La mortificación despoja al sujeto de su sensibilidad ética, reduciéndolo a un objeto entre objetos.
No siempre es explícita: muchas veces opera como una violencia de baja intensidad, que banaliza el sufrimiento y erosiona el lazo solidario.
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La Expansión de la Desconexión en el Campo Social
Estos fenómenos clínicos parecen haberse extendido como matriz cultural. En la sociedad actual, hiperacelerada y cuantificada, los vínculos se mercantilizan —medidos en likes, seguidores o visualizaciones— mientras se sobreexpone el cuerpo al impacto sensorial.
El resultado es un sujeto que, ante la imposibilidad de sentir, busca el golpe —físico, emocional o simbólico— como intento desesperado de reanimarse. La violencia, en este contexto, se convierte en una vía paradójica de acceso al sentir, sustituyendo la textura del lazo por el shock.
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El Desafío Ético y Terapéutico
El desafío crucial para el psicoanálisis y las prácticas humanizantes consiste en restituir la cualidad del lazo social y recuperar el espesor simbólico allí donde la cultura impone la cifra y la anestesia.
El quehacer clínico se orienta a:
Reactivar el deseo frente al sopor y la desvitalización.
Devolver tono y color a la experiencia emocional.
Reabrir el espacio de la palabra allí donde predomina el impacto.