Edgardo Juan Mendicino

Edgardo Juan Mendicino Peregrino cosmico. Historiador. Estudioso de las tradiciones espirituales. Entrenador de Vidas.

π·π‘’π‘Ÿπ‘Žπ‘›π‘‘π‘’ π‘ŽΓ±π‘œπ‘  π‘šπ‘’ π‘™π‘™π‘Žπ‘šπ‘Žπ‘Ÿπ‘œπ‘› β€œπ‘π‘œπ‘Žπ‘π˜©β€.πΈπ‘›π‘‘π‘–π‘’π‘›π‘‘π‘œ π‘π‘œπ‘Ÿ π‘žπ‘’Γ©: π‘’π‘Ÿπ‘Ž π‘™π‘Ž π‘“π‘œπ‘Ÿπ‘šπ‘Ž π‘šΓ‘π‘  π‘ π‘–π‘šπ‘π‘™π‘’ 𝑑𝑒 𝑒π‘₯π‘π‘™π‘–π‘π‘Žπ‘Ÿ π‘™π‘œ π‘žπ‘’π‘’ π˜©π‘Žπ‘Γ­π‘Ž.π‘ƒπ‘’π‘Ÿπ‘œ π‘›π‘œ π‘™π‘œ π‘ π‘œπ‘¦. 𝑄𝑒𝑖𝑧...
26/01/2026

π·π‘’π‘Ÿπ‘Žπ‘›π‘‘π‘’ π‘ŽΓ±π‘œπ‘  π‘šπ‘’ π‘™π‘™π‘Žπ‘šπ‘Žπ‘Ÿπ‘œπ‘› β€œπ‘π‘œπ‘Žπ‘π˜©β€.
πΈπ‘›π‘‘π‘–π‘’π‘›π‘‘π‘œ π‘π‘œπ‘Ÿ π‘žπ‘’Γ©: π‘’π‘Ÿπ‘Ž π‘™π‘Ž π‘“π‘œπ‘Ÿπ‘šπ‘Ž π‘šΓ‘π‘  π‘ π‘–π‘šπ‘π‘™π‘’ 𝑑𝑒 𝑒π‘₯π‘π‘™π‘–π‘π‘Žπ‘Ÿ π‘™π‘œ π‘žπ‘’π‘’ π˜©π‘Žπ‘Γ­π‘Ž.

π‘ƒπ‘’π‘Ÿπ‘œ π‘›π‘œ π‘™π‘œ π‘ π‘œπ‘¦. π‘„π‘’π‘–π‘§π‘Žπ‘  π‘™π‘œ 𝑓𝑒𝑖.

π‘Œπ‘œ π‘›π‘œ π‘‘π‘œπ‘¦ π‘π‘œπ‘›π‘ π‘’π‘—π‘œπ‘ .
π‘π‘œ π‘ π‘œπ‘™π‘’π‘π‘–π‘œπ‘›π‘œ π‘£π‘–π‘‘π‘Žπ‘ .
π‘π‘œ π‘£π‘’π‘›π‘‘π‘œ π‘“Γ³π‘Ÿπ‘šπ‘’π‘™π‘Žπ‘  π‘žπ‘’π‘’ 𝑠𝑒 π‘Ÿπ‘’π‘π‘–π‘‘π‘’π‘› π‘π‘œπ‘šπ‘œ π‘Ÿπ‘’π‘π‘’π‘‘π‘Žπ‘ .

πΏπ‘œ π‘žπ‘’π‘’ π˜©π‘Žπ‘”π‘œ π‘›π‘œ 𝑒𝑠 π‘π‘œπ‘›π‘‘π‘’π‘›π‘–π‘‘π‘œ.
𝑬𝒔 π’†π’™π’‘π’“π’†π’”π’ŠΓ³π’.
𝑬𝒔 π’Žπ’Š π’‡π’π’“π’Žπ’‚ π’ŽΓ‘π’” 𝒗𝒖𝒍𝒏𝒆𝒓𝒂𝒃𝒍𝒆 𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒓 𝒆𝒏 𝒆𝒍 π’Žπ’–π’π’…π’.

𝑬𝒔 𝒑𝒂𝒍𝒂𝒃𝒓𝒂, π’‘π’“π’†π’”π’†π’π’„π’Šπ’‚ π’š π’Žπ’Šπ’“π’‚π’…π’‚ 𝒂𝒍 𝒉𝒖𝒆𝒔𝒐.
𝑬𝒔 π’‚π’„π’π’Žπ’‘π’‚Γ±π’‚π’“ 𝒑𝒓𝒐𝒄𝒆𝒔𝒐𝒔 𝒅𝒐𝒏𝒅𝒆 π’šπ’‚ 𝒏𝒐 π’”π’Šπ’“π’—π’†π’ 𝒍𝒂𝒔 π’ŽΓ‘π’”π’„π’‚π’“π’‚π’”,
π’π’Š 𝒍𝒂 π’†π’”π’‘π’Šπ’“π’Šπ’•π’–π’‚π’π’Šπ’…π’‚π’… 𝒖𝒔𝒂𝒅𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 π’†π’—π’Šπ’•π’‚π’“ 𝒍𝒂 𝒗𝒆𝒓𝒅𝒂𝒅.

π‘π‘’π‘›π‘π‘Ž π˜©π‘Žπ‘π‘™Γ© π‘π‘Žπ‘Ÿπ‘Ž π‘”π‘’π‘ π‘‘π‘Žπ‘Ÿ 𝑛𝑖 π‘π‘Žπ‘Ÿπ‘Ž π‘π‘Žπ‘’π‘Ÿ 𝑏𝑖𝑒𝑛.
π»π‘Žπ‘”π‘œ π‘’π‘ π‘‘π‘œ π‘π‘œπ‘Ÿπ‘žπ‘’π‘’ π‘›π‘œ 𝑠é π‘£π‘–π‘£π‘–π‘Ÿ 𝑑𝑒 π‘œπ‘‘π‘Ÿπ‘Ž π‘šπ‘Žπ‘›π‘’π‘Ÿπ‘Ž.
π‘ƒπ‘œπ‘Ÿπ‘žπ‘’π‘’ π‘π‘’π‘Žπ‘›π‘‘π‘œ π‘›π‘œ π‘‘π‘–π‘”π‘œ π‘™π‘œ π‘žπ‘’π‘’ π‘£π‘’π‘œ, 𝑒𝑙 π‘π‘’π‘’π‘Ÿπ‘π‘œ π‘™π‘œ 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑑𝑒.

𝒀 π’”π’Š 𝒂𝒍 π’…π’†π’„π’Šπ’“π’π’, 𝒂 π’‚π’π’ˆπ’–π’Šπ’†π’ 𝒍𝒆 π’”π’Šπ’“π’—π’†β€¦ 𝒒𝒖é 𝒃𝒖𝒆𝒏𝒐!!!

π‘ƒπ‘Žπ‘Ÿπ‘Ž π‘šΓ­, π‘£π‘–π‘£π‘–π‘Ÿ π‘Žπ‘’π‘‘Γ©π‘›π‘‘π‘–π‘π‘Žπ‘šπ‘’π‘›π‘‘π‘’ 𝑒𝑠 π‘’π‘ π‘œ:
𝑒π‘₯π‘π‘Ÿπ‘’π‘ π‘Žπ‘Ÿπ‘‘π‘’ 𝑠𝑖𝑛 π‘ π‘Žπ‘π‘’π‘Ÿ 𝑠𝑖 π‘£π‘Žπ‘› π‘Ž π‘Žπ‘π‘™π‘Žπ‘’π‘‘π‘–π‘Ÿ,
π‘ π‘’π‘Ÿ 𝑠𝑖𝑛 π‘π‘’π‘‘π‘–π‘Ÿ π‘π‘’π‘Ÿπ‘šπ‘–π‘ π‘œ, 𝑦 π‘Žπ‘’π‘› π‘Žπ‘ Γ­, π‘ π‘’π‘Ÿπ‘£π‘–π‘Ÿ.

𝑷𝒐𝒓𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒍 π’”π’†π’“π’—π’Šπ’„π’Šπ’ 𝒗𝒆𝒓𝒅𝒂𝒅𝒆𝒓𝒐 𝒏𝒐 π’„π’π’Žπ’‘π’π’‚π’„π’†: 𝒄𝒐𝒏𝒇𝒓𝒐𝒏𝒕𝒂.

πΏπ‘œ π‘žπ‘’π‘’ π˜©π‘Žπ‘”π‘œ β€”π‘™π‘œ π‘žπ‘’π‘’ π‘’π‘ π‘π‘Ÿπ‘–π‘π‘œ, π‘™π‘œ π‘žπ‘’π‘’ π‘‘π‘–π‘”π‘œ, π‘™π‘œ π‘žπ‘’π‘’ π‘Žπ‘π‘œπ‘šπ‘π‘ŽΓ±π‘œβ€”
𝑡𝒐 𝒆𝒔 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒕𝒐𝒅𝒐𝒔. 𝑷𝒆𝒓𝒐 π’”π’Š 𝒆𝒔 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒗𝒐𝒔, 𝒍𝒐 𝒗𝒂𝒔 𝒂 𝒔𝒂𝒃𝒆𝒓.
𝐸𝑠 π‘π‘Žπ‘Ÿπ‘Ž π‘žπ‘’π‘–π‘’π‘›π‘’π‘  π‘¦π‘Ž 𝑠𝑒 π‘π‘Žπ‘›π‘ π‘Žπ‘Ÿπ‘œπ‘› 𝑑𝑒 π‘“π‘–π‘›π‘”π‘–π‘Ÿ.
π‘ƒπ‘Žπ‘Ÿπ‘Ž π‘žπ‘’π‘–π‘’π‘›π‘’π‘  𝑒𝑠𝑑Ñ𝑛 π‘™π‘–π‘ π‘‘π‘œπ‘  π‘π‘Žπ‘Ÿπ‘Ž π‘šπ‘–π‘Ÿπ‘Žπ‘Ÿ 𝑠𝑒 π‘ π‘œπ‘šπ‘π‘Ÿπ‘Ž 𝑠𝑖𝑛 π‘‘π‘–π‘ π‘“π‘Ÿπ‘Žπ‘§π‘Žπ‘Ÿπ‘™π‘Ž 𝑑𝑒 𝑙𝑒𝑧.

π‘Ίπ’Š π’‚π’π’ˆπ’ 𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒐 𝒕𝒆 π’Šπ’π’„π’π’Žπ’π’…π’‚, 𝒕𝒂𝒍 𝒗𝒆𝒛 𝒆𝒔 π’†π’™π’‚π’„π’•π’‚π’Žπ’†π’π’•π’† 𝒑𝒐𝒓 𝒂𝒉í.

π‘―π’‚π’š π’Žπ’π’Žπ’†π’π’•π’π’” 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒐 𝒔𝒆 π’†π’™π’‘π’π’Šπ’„π’‚π’. 𝑨 𝒗𝒆𝒄𝒆𝒔 𝒂𝒍𝒄𝒂𝒏𝒛𝒂 𝒄𝒐𝒏 𝒖𝒏𝒂 π’„π’π’π’—π’†π’“π’”π’‚π’„π’ŠΓ³π’ 𝒉𝒐𝒏𝒆𝒔𝒕𝒂

π‘ˆπ‘› π‘”π‘Ÿπ‘Žπ‘› π‘Žπ‘π‘Ÿπ‘Žπ‘§π‘œ.

En las afueras de CΓ³rdoba, al final de una carretera que casi nadie tomaba ya, habΓ­a una casa antigua de piedra con un p...
28/12/2025

En las afueras de CΓ³rdoba, al final de una carretera que casi nadie tomaba ya, habΓ­a una casa antigua de piedra con un portΓ³n verde gastado. No era una pensiΓ³n. No era un hotel rural. Tampoco un refugio.

Era una casa donde la gente iba… para irse.

La dueña se llamaba Ángela. Tenía 71 años y una forma de escuchar que hacía que las personas hablaran sin darse cuenta. No hacía preguntas. No ofrecía consejos. No prometía alivio.

Su ΓΊnica norma era sencilla:
β€”AquΓ­ nadie se despide.
Quien venga, se queda… hasta que ya no necesite quedarse.

La casa tenía tres habitaciones, un patio lleno de geranios y una cocina que olía siempre a algo recién preparado, aunque nadie recordara haber visto a Ángela cocinar.
No habΓ­a horarios.
No habΓ­a llaves.
No habΓ­a prisas.

Solo puertas que podΓ­an cerrarse por dentro y una mesa grande donde a veces coincidΓ­an personas que no querΓ­an encontrarse con nadie.

Un dΓ­a llegΓ³ Elisa.
Llevaba una mochila pequeΓ±a, los hombros tensos y los ojos de alguien que ha tenido que ser fuerte demasiado tiempo.

β€”ΒΏCuΓ‘nto cuesta quedarse? β€”preguntΓ³.
Ángela la miró con calma.
β€”AquΓ­ no se paga por noche β€”respondiΓ³β€”. Se paga con tiempo propio.
Elisa frunciΓ³ el ceΓ±o.
β€”ΒΏY cuΓ‘nto… tiempo es eso?
β€”Lo sabrΓ‘s cuando toque irte.

Elisa asintiΓ³ sin discutir, como si estuviera demasiado cansada para cuestionar nada.
Le dieron la habitaciΓ³n del fondo, la que daba al olivo solitario del patio.
Durante los primeros dΓ­as, no hablΓ³ con nadie. No explorΓ³. No preguntΓ³. Se limitΓ³ a salir por la maΓ±ana, sentarse en la silla del patio y mirar el Γ‘rbol en silencio.
Ángela la observaba pasar… sin quedarse mirΓ‘ndola nunca demasiado.
SabΓ­a reconocer los silencios que aΓΊn no estΓ‘n listos para ser tocados.

La segunda semana, Elisa empezΓ³ a levantarse antes del amanecer. Se sentaba en la cocina, con una taza entre las manos, sin beberla del todo.
Una mañana, Ángela dejó caer una frase suave, como quien deja una manta sobre alguien que tiembla.
β€”AquΓ­ no hace falta ser fuerte.
Elisa tardΓ³ unos segundos en responder.
β€”No sΓ© hacer otra cosa.
Ángela no insistió.
β€”Entonces empieza por no hacer β€”dijoβ€”. Ya habrΓ‘ tiempo para lo demΓ‘s.
Elisa bajΓ³ la mirada.
Y por primera vez, no apretΓ³ los labios.

Con los dΓ­as, fueron llegando mΓ‘s huΓ©spedes.
Un hombre mayor que habΓ­a perdido la costumbre de hablar de sΓ­ mismo.
Una chica que venΓ­a de una ciudad lejos y no sabΓ­a dΓ³nde empezar de nuevo.
Una mujer que solo dormΓ­a… y dormir ya era un triunfo.
La casa no preguntaba por quΓ© estaban allΓ­.

Solo los dejaba estar.
A veces coincidΓ­an en la mesa.
A veces se cruzaban en el pasillo.
A veces compartΓ­an el mismo patio sin decir una palabra.
La casa sostenΓ­a todo… sin absorberlo.

Una tarde de lluvia, Elisa entrΓ³ en la cocina con los ojos rojos.
β€”No me fui cuando debΓ­a β€”dijo de repenteβ€”. Y ahora siento que todo llegΓ³ tarde… incluso yo.
Ángela dejó un plato sobre la mesa.
β€”AquΓ­ no usamos el verbo β€œtarde” β€”respondiΓ³β€”. AquΓ­ solo usamos β€œahora”.
Elisa apoyΓ³ la frente en sus manos.
β€”Me cansΓ© de despedirme de cosas que no querΓ­a dejar ir.
Ángela se sentó frente a ella.
β€”Por eso aquΓ­ no se despide nadie β€”dijoβ€”. Las despedidas forzadas se quedan atascadas. AquΓ­ solo se suelta cuando el cuerpo lo permite.

Elisa respirΓ³ hondo.
Y no llorΓ³.
Ni hablΓ³ mΓ‘s.
Pero se quedΓ³.
Y quedarse… tambiΓ©n fue nuevo.

Pasaron los meses.
Elisa empezΓ³ a caminar por los caminos cercanos. A sentarse en el muro del olivo. A escribir en un cuaderno que habΓ­a traΓ­do vacΓ­o.
No de forma milagrosa.
No con revelaciones grandes.
Con pequeΓ±os gestos.

Una tarde, mientras recogΓ­a su taza de la mesa, se dio cuenta de que ya no temblaba cuando la sostenΓ­a.
No era felicidad.
Era… presencia.
Ángela la miró sin decir nada.
SabΓ­a reconocer esos signos.

Una maΓ±ana, Elisa la buscΓ³ en el patio.
β€”Creo que… ya no necesito quedarme β€”dijo, con voz tranquila.
Ángela asintió.
β€”Entonces ya te fuiste.
Elisa sonriΓ³ con una mezcla de alivio y vΓ©rtigo.
β€”Gracias β€”susurrΓ³β€”. Por no obligarme a marcharme antes… ni a quedarme mΓ‘s de lo necesario.
Ángela miró el olivo.
β€”Las raΓ­ces no se fuerzan β€”respondiΓ³β€”. Solo se aflojan cuando por dentro ya se han movido.

Elisa se marchΓ³ sin maletas pesadas.
Sin cartas.
Sin promesas.
No se despidiΓ³.
Porque en esa casa nadie lo hacΓ­a.
Solo cruzΓ³ el portΓ³n verde…
y siguiΓ³ caminando.

Y mientras avanzaba por la carretera, entendiΓ³ algo simple y hondo:
no siempre sanamos cuando alguien nos ayuda a irnos…
a veces sanamos cuando alguien nos da un lugar seguro para no hacerlo todavΓ­a.

03/12/2025

π·π‘’π‘Ÿπ‘Žπ‘›π‘‘π‘’ π‘ŽΓ±π‘œπ‘  π‘Žπ‘π‘œπ‘šπ‘π‘ŽΓ±Γ© π‘π‘Ÿπ‘œπ‘π‘’π‘ π‘œπ‘ , π‘ π‘œπ‘ π‘‘π‘’π‘£π‘’ π‘ΓΊπ‘ π‘žπ‘’π‘’π‘‘π‘Žπ‘  𝑦 π‘π‘Žπ‘šπ‘–π‘›Γ© π‘—π‘’π‘›π‘‘π‘œ π‘Ž π‘šπ‘’π‘π˜©π‘Žπ‘  π‘π‘’π‘Ÿπ‘ π‘œπ‘›π‘Žπ‘ .

π»π‘œπ‘¦ 𝑒𝑠𝑒 π‘π‘–π‘π‘™π‘œ 𝑠𝑒 π‘π‘’π‘Ÿπ‘ŸΓ³.
π‘Œπ‘Ž π‘›π‘œ π‘Žπ‘π‘œπ‘šπ‘π‘ŽΓ±π‘œ π‘π‘Ÿπ‘œπ‘π‘’π‘ π‘œπ‘  π‘™π‘Žπ‘Ÿπ‘”π‘œπ‘ .
π‘π‘œ π‘’π‘›π‘ π‘’Γ±π‘œ π‘π‘Žπ‘šπ‘–π‘›π‘œπ‘ .
π‘π‘œ π‘”π‘’π‘›π‘’π‘Ÿπ‘œ π‘‘π‘’π‘π‘’π‘›π‘‘π‘’π‘›π‘π‘–π‘Ž.

π‘‚π‘“π‘Ÿπ‘’π‘§π‘π‘œ π‘Žπ‘π‘‘π‘–π‘£π‘Žπ‘π‘–π‘œπ‘›π‘’π‘  𝑑𝑒 π‘π‘œπ‘›π‘π‘–π‘’π‘›π‘π‘–π‘Ž:
π‘’π‘›π‘π‘’π‘’π‘›π‘‘π‘Ÿπ‘œπ‘  π‘π‘Ÿπ‘’π‘£π‘’π‘ , π‘π‘Ÿπ‘œπ‘“π‘’π‘›π‘‘π‘œπ‘  𝑦 π‘π‘Ÿπ‘’π‘π‘–π‘ π‘œπ‘ ,
π‘π‘Žπ‘Ÿπ‘Ž π‘‘π‘’π‘‘π‘’π‘›π‘’π‘Ÿ 𝑒𝑙 π‘šπ‘œπ‘£π‘–π‘šπ‘–π‘’π‘›π‘‘π‘œ π‘Žπ‘’π‘‘π‘œπ‘šΓ‘π‘‘π‘–π‘π‘œ,
π‘Ÿπ‘’π‘π‘’π‘π‘’π‘Ÿπ‘Žπ‘Ÿ 𝑒𝑙 𝑒𝑗𝑒 𝑦 π‘‘π‘’π‘£π‘œπ‘™π‘£π‘’π‘Ÿ π‘ π‘œπ‘π‘’π‘Ÿπ‘Žπ‘›Γ­π‘Ž π‘–π‘›π‘‘π‘’π‘Ÿπ‘–π‘œπ‘Ÿ.

𝐷𝑒𝑠𝑝𝑒é𝑠 𝑑𝑒 π‘™π‘Ž π‘Žπ‘π‘‘π‘–π‘£π‘Žπ‘π‘–Γ³π‘›, π‘π‘Žπ‘‘π‘Ž π‘’π‘›π‘œ π‘π‘œπ‘›π‘‘π‘–π‘›ΓΊπ‘Ž 𝑠𝑒 π‘π‘Ÿπ‘œπ‘π‘–π‘œ π‘π‘Žπ‘šπ‘–π‘›π‘œ.

𝑬𝒔𝒕𝒆 𝒏𝒐 𝒆𝒔 𝒖𝒏 π’†π’”π’‘π’‚π’„π’Šπ’ 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒂𝒑𝒓𝒆𝒏𝒅𝒆𝒓 π’ŽΓ‘π’”.
𝑬𝒔 𝒖𝒏 π’†π’”π’‘π’‚π’„π’Šπ’ 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒅𝒆𝒋𝒂𝒓 𝒅𝒆 π’…π’†π’π’†π’ˆπ’‚π’“π’”π’†.

DirecciΓ³n

Santa Fe
3000

Notificaciones

SΓ© el primero en enterarse y dΓ©janos enviarle un correo electrΓ³nico cuando Edgardo Juan Mendicino publique noticias y promociones. Su direcciΓ³n de correo electrΓ³nico no se utilizarΓ‘ para ningΓΊn otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Consultorio

Enviar un mensaje a Edgardo Juan Mendicino:

Compartir

Share on Facebook Share on Twitter Share on LinkedIn
Share on Pinterest Share on Reddit Share via Email
Share on WhatsApp Share on Instagram Share on Telegram