20/12/2025
Las fiestas: una fecha en el calendario donde algunos fingen alegría, felicidad, jolgorio. Pareciera que los obligan al espectáculo de la alegría.
Sin embargo, otros lo toman por lo que es: un día más. No se dejan manipular por las compras tradicionales ni los saludos obligados. Cambian el espectáculo por la autenticidad de la presencia, propia y ajena. Para ellos, es un espacio para la pausa.
La cuestión es que las fiestas secuestran el sentido común con un consumismo desbordado, donde se promueve la cena perfecta, el regalo espectacular, la familia unida e impecable, la decoración luminosa... Todos invitados al espectáculo de la felicidad. No importa lo que sentimos; el mandato es: hay que fingir. Y si no fingís ni regalás, es porque no querés lo suficiente...
Bueno, he tenido la sagrada suerte de pasar muuuuchas fiestas conmigo misma. Pero a veces, uno sigue ciertas tradiciones y te encontrás en el remolino del gran espectáculo. ¡Y ahí sí... que te quiero ver, mascarita, de qué te disfrazas! Jejeje.
Ante eso, se hace un gran, gran, gran agradecimiento. Por la familia, por los amigos que se acercan, por los vecinos que se cruzan, por la vida que te empuja a nuevas experiencias todo el tiempo.
Sí. En definitiva:
Si la pasas sol@, disfrútala a pleno. La luna y las ñustas de la noche son una excelente compañía y les encanta danzar, digo por si pinta baile…
Si la pasas en familia, disfrútala a pleno. La familia es un sistema abierto de posibilidades infinitas. No es una cárcel de roles predeterminados, sino un taller donde nos damos herramientas —afiladas unas, oxidadas otras— para construirnos. Algunos pesan otros brillan, algunos repiten patrones otros los rompen para tejer un nuevo diseño.
La magia es que, a pesar de los conflictos, el fondo del vaso sigue conteniendo el mismo deseo colectivo: PAZ, ARMONÍA, SALUD.
En ambas, agradece mucho a todo y a todos. Y sobre todo (puf, cuánta redundancia), agradécete a vos mismo por ser un gran surfeador de las circunstancias. SALUTE Y GRACIAS POR EXISTIR.