13/01/2026
El llamado “hijo parásito” se comprende como el resultado de fijaciones libidinales, conflictos no resueltos del desarrollo psíquico y una economía pulsional que evita la renuncia exigida por la vida adulta.
No es un problema moral ni de voluntad, sino un fracaso en el pasaje de la dependencia infantil a la autonomía.
1. Fijación a la infancia y principio de placer.
Crecer implica un desplazamiento progresivo del principio de placer hacia el principio de realidad.
En este tipo de hijo observamos:
Permanencia en una lógica infantil: ser cuidado, sostenido, alimentado.
Rechazo inconsciente a las exigencias del principio de realidad: trabajo, responsabilidad, frustración.
Conductas de evitación del esfuerzo y del riesgo.
👉 No es pereza: es resistencia psíquica a la renuncia pulsional.
2. Dependencia y relaciones objetales tempranas.
El vínculo con los padres —especialmente con la figura materna— suele estar marcado por:
Satisfacción excesiva o insuficiente en etapas tempranas.
Ambivalencia afectiva: amor intenso + hostilidad reprimida.
Dificultad para internalizar un objeto bueno y estable.
Esto produce un adulto que:
-Necesita la presencia real del objeto.
-No puede sostenerse solo con representaciones internas.
-Vive la separación como amenaza de desamparo.
3. Fijaciones pregenitales (oral y a**l).
Freud describió fijaciones que reaparecen en la vida adulta.
Fijación oral
Deseo de ser alimentado, sostenido, mantenido.
Pasividad, dependencia, expectativa de recibir sin dar.
Rasgos de demanda constante.
👉 El hijo “parásito” suele quedar fijado a una oralidad pasiva.
Fijación a**l (en algunos casos)
Negativismo.
Resistencia pasiva: “no hago, no respondo, no me muevo”.
Goce en retener (energía, tiempo, responsabilidad).
4. El Complejo de Edipo no resuelto.
En la teoría freudiana, el Edipo permite:
Renunciar al objeto parental.
Identificarse con la figura de la ley.
Acceder a la adultez psíquica.
Cuando queda mal resuelto:
El sujeto no abandona la posición infantil.
Permanece ligado al padre/madre como objeto libidinal.
La independencia se vive como traición inconsciente.
👉 Irse sería “matar” al padre/madre o perder su amor.
5. Superyó severo y culpa inconsciente.
Paradójicamente, estos sujetos no carecen de superyó:
lo tienen demasiado fuerte.
Se observa:
Culpa inconsciente.
Autodesvalorización.
Castigo por vía de la inhibición.
Freud diría que: 👉 Fracasar es una forma de autopunición.
6. Inhibición del Yo
El Yo queda debilitado:
No media adecuadamente entre pulsión, realidad y superyó.
Opta por la inhibición como defensa.
Prefiere no actuar antes que enfrentar el conflicto.
La inhibición protege de:
Fracaso.
Deseo propio.
Angustia de separación.
7. Función sintomática dentro de la familia
Desde Freud, el síntoma:
No es solo individual.
Satisface una economía libidinal colectiva.
El hijo:
Encarnaría conflictos no resueltos de los padres.
Mantiene el equilibrio psíquico familiar.
Funciona como objeto de descarga de culpas y frustraciones parentales.
Sergio Rodriguez Bonilla /Psicologo