04/12/2025
El yoga enseña que el amor propio no se busca afuera… se cultiva adentro.
🧘♀️ 1. Empieza por escuchar tu cuerpo.
En yoga, la primera lección es aprender a notar lo que tu cuerpo necesita: descanso, movimiento, agua, estirarte, respirar. Cuando escuchas tus señales internas sin ignorarlas, empiezas a sentir que puedes confiar en ti. Y la confianza es la raíz del amor propio.
🌬️ 2. Respira para calmar la mente.
El pranayama (respiración consciente) te ayuda a reducir ansiedad, estrés y ruido mental. Cuando tu mente se aquieta, puedes verte con más claridad y notar cuánto te exigías. Tres minutos de respiración profunda al día pueden cambiar tu energía por completo.
🌺 3. Practica asanas para conectar con tu fuerza y tu suavidad.
Posturas como la montaña, el guerrero o el árbol te recuerdan tu poder. Otras como el niño o el cachorro te enseñan a rendirte sin culpa. Esta combinación sana tu energía: te hace fuerte sin endurecerte, suave sin romperte.
💗 4. Háblate como le hablarías a alguien que amas.
El yoga te invita a cultivar ahimsa: no violencia. Y eso incluye la manera en que te hablas. Cuando te sorprendas criticándote, corrige la frase por una más amorosa: “estoy aprendiendo”, “hoy hice lo mejor que pude”, “mi cuerpo merece amor, no castigo”.
✨ 5. Usa tu práctica como un recordatorio diario de tu valor.
Cada vez que te sientes en tu tapete estás diciendo: “mereces tiempo, mereces cuidado, mereces calma.” Ese gesto tan simple reprograma tu subconsciente. Tu ritual se vuelve un acto de amor propio, incluso en días donde solo puedas respirar y descansar.
🌙 6. Medita para observar tus emociones sin juzgarlas.
La meditación te ayuda a reconocer cómo te sientes realmente, sin huir. Cuando te permites sentir, en vez de reprimir, nace un amor más auténtico hacia ti misma. El yoga enseña que no puedes amarte si no te conoces… y meditar es la puerta hacia tu interior.
🔥 7. Sé constante, no perfecta.
Amor propio no es levantarte todos los días iluminada… es regresar a ti aunque te hayas perdido. Cinco minutos de práctica son mejores que nada. El cuerpo y el alma valoran la constancia más que la perfección.