Ya soy libre ¿Y ahora qué?

Ya soy libre ¿Y ahora qué? ¿Soy libre? ¿Qué tan libre soy? ¿Donde termina mi libertad y empieza la tuya? ¿Qué es la liberta? Humanismo. Libertarios. Objetivismo. Permacultura. Libertad.

Taoismo.

07/01/2020

¿Notaron que en los países donde la gente vive bien el uniforme de los policías se parece a ropa de vestir y en los países “en desarrollo” a uniformes de soldados?

05/01/2020

¿Se equivoca la neurociencia?

Una de las grandes preguntas más importantes del mundo de la libertad es ¿Puede una persona común, discutir con las renombradas personalidades científicas del momento...? Sip, si puede. De eso se trata la libertad. De eso se tratan los avances de la ciencia, de personas comunes haciendo preguntas difíciles, que los llevan a conclusiones extraordinarias. En realidad, si revisamos la historia de los avances científicos, son pocos o ninguno los descubrimientos relevantes realizados por institutos o universidades. Los grandes inventos en general son el resultado del esfuerzo de una persona, hasta el momento desconocida, trabajando en forma independiente. (En otro artículo hablaré más del asunto)
Ahora vamos al tema de hoy: Según el neurocientífico británico Anil Seth "Lo que llamamos 'realidad' son alucinaciones que asumimos como reales porque todos tendemos a percibirlas de la misma manera" Esta es más o menos la idea que comparten la mayoría de los neurocientíficos que adhieren a las principales corrientes de pensamiento. Pero ¿es tan así?
Para empezar esto también es una percepción o interpretación de la realidad: en realidad, el cerebro no solo es parte del cuerpo, ¡no puede funcionar sin el cuerpo! El cerebro no es un sistema independiente del cuerpo, es parte de un sistema que es el cuerpo. El que percibe es el cuerpo y el cuerpo tiene acceso directo a la experiencia real. Es cierto que nuestros dispositivos de percepción (los ojos, los oídos, el tacto) solo pueden percibir una parte sesgada de la realidad, pero esa percepción está integrada en un todo, que es el cuerpo. Hablar de que el “cerebro esta encerrado en el cráneo, sin percibir lo que pasa alrededor”, es suponer que el cerebro es una entidad autónoma y eso es un error. Siguiendo este punto de vista, la neurociencias vuelven a caer en el incompleto paradigma maniqueista de la psicología y su antecesora, la filosofía, de estudiar a la mente o al alma “inmaterial” como algo separado del cuerpo físico, material, como si tuviera sentido la existencia de una parte sin la otra. El cuerpo no puede funcionar sin la mente y la mente no puede funcionar sin el cuerpo, por lo tanto, ambos son partes de una unidad. Entonces, el que percibe la realidad no es el cerebro aislado, el que percibe la realidad es el cuerpo, el cerebro solamente tiene la función de interpretar la señales y decidir que hacer con ellas, pero no es más o menos parte del proceso que los ojos, los oídos o el dedo meñique del pie que nos golpeamos con la pata de la cama. Volvemos a lo mismo: en la practica no existe una dualidad formada por “cuerpo-mente” lo que existe es lo que podríamos llamar cuerpomente una unidad funcional y única. Como dijo un amigo, “una manzana tiene jugo, fibra y vitaminas, pero si mezclamos jugo, fibra y vitaminas, no tenemos una manzana”

30/12/2019

Si las personas fueran libres, no pagarian impuestos... ¿al gobierno no le quedaria más remedio que cobrarle impuestos a los ricos y a las grandes corporaciones?

Comer y no morir en el intentoComer es una de los aspectos más importantes de la vida ¿Como se relaciona con la libertad...
27/12/2019

Comer y no morir en el intento

Comer es una de los aspectos más importantes de la vida ¿Como se relaciona con la libertad? En muchas formas: para empezar, si comés cosas que no son “saludables” te enfermas y si estás enfermo no podes ser libre. Además está la cuestión de la comida que te imponen las dietas, la cultura occidental y la publicidad. (Para no irme por la ramas, voy a dejar para otra vez las cuestiones del vegetarianismo/veganismo y la soberanía alimentaria) La gran pregunta de comer en libertad no es solo qué es bueno y que es malo para tu vos, sino, que comida te va a dar más satisfacción a largo plazo, que comida te hace feliz.
En los últimos 30 años, los que puedo recordar, las ideas de lo que era “saludable” y lo que no, cambiaron radicalmente varias veces. A veces es saludable la leche, a veces no. En algún momento los hidratos de carbono no eran saludable, luego los cereales fueron la parte mas importante de la dieta, hoy son veneno... Cuando era chico la carne era veneno y hoy la dieta paleo es lo más (bueno, la moda cambio de nuevo) Entonces ¿Como podemos saber que es lo mejor para nosotros y que no?
Te cuento mi sistema: primero investigar un poco y buscar datos científicos, datos corroborados por la investigación empírica seria. No tomarlos como la biblia, solamente investigar un poco para ver que dicen. Con estos datos en la mano, informarte de lo que dicen las sabidurías milenarias, pueblos originarios, sabiduría china, ayurveda hindú, cocina japonesa tradicional, etc. etc. Todos los conocimientos milenarias, aunque pueden tener una mezcla de supersticiones y prejuicios populares, por lo general han sido puestas en práctica por miles de años y desarrolladas por prueba y error durante muchas generaciones. Si algo se sigue haciendo por un par de miles de años, por algo será.
Consultarlo con mi “cavernícola interior”. Durante los tres cuartas partes de nuestra existencia, los seres humanos hemos sido cavernícolas y durante el otro tercio restante, sembradores y agricultores: los alimentos procesados y las dietas de moda se han inventado en los últimos cincuenta años. Que un alimento sea “nuevo” no quiere decir que sea malo, pero quiere decir que sus efectos a largo plazo no se conocen y que, probablemente, nuestro organismo no halla tenido tiempo de acostumbrarse a el. Y por ultimo, y lo más importante de todo: escuchar al cuerpo. Las personas de la cultura occidental tenemos la costumbre de no hacerle caso a nuestros instintos, nos concentramos tanto en nuestros conocimientos racionales que nos olvidamos de escuchar al cuerpo. Cuando comemos o bebemos algo, prestémosle atención al cuerpo, ¿lo recibe con agrado o con suspicacia? ¿Sentimos que nos hace bien o sabemos que nos hace mal pero igual lo mandamos para adentro? Y después de comer ¿Nos sentimos bien o nos sentimos como si hubiéramos comido una bolsa de cemento? Y no olvidarse que todo lo que entró, tiene que salir y c***r (si, c***r) es la última parte del proceso de comer. ¿Como es lo que sale de tu cuerpo? ¿Te pone orgulloso, te da satisfacción o te hace pensar en una película de extraterrestres? Nada más que decir, tu cuerpo sabe lo que necesita. Hacele caso.

27/12/2019

La Filosofía de la Cantimplora

Por mi trabajo debía viajar, por lo menos una vez al mes al interior del país. Ya había descubierto que si viajaba en micro, debía llevar mi propia agua. La primera vez que intente tomar el agua del "expendedor de bebidas" tenia gusto a lavandina. ¿Para que le habrán puesto tanta lavandina?. La segunda vez que tome agua en un micro, tenía un sabor como si viniera de un pantano, con camalotes y sapos. Eso explicaba el gusto a lavandina. Así que empecé a llevar mi propia agua.
Antes de subir al micro, compraba en el kiosco de la terminal una botellita de aguas. Un amigo, me explico que si la etiqueta de la botella no dice expresamente "agua mineral de manantial" lo que estoy comprando es agua de la canilla embotellada. La diferencia es notable, el agua de manantial tiene gusto a agua, la otra, bueno a cloro o a metal. Además, solamente por comprar la botella en la terminal, el precio aumenta alrededor de un 50%. Para ahorrar algo de dinero empecé comprar mis botellitas de agua en un supermercado, previa lectura de la etiqueta. Cuando llegaba a destino, usualmente tiraba la botella en el cesto de basura más cercano (lo que a veces significaba llevar la botellita hasta mi trabajo)
Ya que había llevado la botellita vacía a mi trabajo, empecé a rellenarlas en el dispensador de agua de la oficina, con lo que evitaba comprar más botellitas y también ahorraba los vasitos descartables del dispensador. Con esto, además de evitar gastar dinero, tranquilizaba un poco mi conciencia ambiental. Si alguien cree que es una tacañería ahorrarse 4 o 5 pesos de una botellita de agua, lo invito a preguntarse por que cuesta más caro el agua, que la nafta Premium (y por que las naftas están subsidiadas por el estado y el agua potable no)
Siguiendo con el objetivo ambiental empecé a reutilizar siempre las botellitas, el problema fue que son relativamente frágiles y después de usarlas un tiempo, empezaban a perder agua o incluso a romperse. Por ejemplo, después de un viaje de micro de vuelta de Capital a Mar del Plata, encontré la notebook que me daba la empresa, nadando dentro de mi mochila. Dejé que la computadora se secara y siguió funcionando normalmente, pero me convencí de que tenía que buscar un envase más práctico y que no perdiera. Además, reutilizando las botellitas, había disminuido el número de envases que descartaba, pero como tenía que reemplazarlas periódicamente, seguía desechando plástico y desperdiciando recursos.
Encontré en un negocio para bicicletas, una cantimplora de plástico, llamada "caramañola" con una tapa que se habría al tirar con los dientes y al precio de dos botellitas de "agua mineral de manantial" compradas en la terminal. Podía recargar la cantimplora cada vez y sacar a las botellitas de la ecuación. El único problema es que la caramañola le daba al agua un gusto extraño. Con el tiempo el gusto se hizo apenas perceptible, pero siempre estaba presente. Un año después empecé a notar que mi caramañola se estaba poniendo rígida. Sospechando lo que pasaba, investigué un poco por Internet y descubrí que probablemente estuviera hecha de Policloruro de Vinilo (PVC por su denominación en inglés) y que no solo se pondría rígida hasta tornarse frágil, sino que estaba destilando dioxinas, unos compuestos clorados muy cancerigenos, al agua que yo le cargaba. La cambie por una cantimplora de nylon, que por lo menos no exuda dioxinas, pero también se pone frágil con el tiempo y no resistirá un uso prolongado. Probé usar botellitas de vidrio, con el peligro de que se rompan, otras botellitas de gaseosa, que parecían más durables...
De casualidad y sin saber de mi búsqueda de la cantimplora perfecta, un amigo me regaló la solución: una cantimplora de acero inoxidable, anodizado color azul, muy bonito. Esta cantimplora, es casi irrompible, no emite dioxinas y durará probablemente más yo mismo. (después averigüé que también hay unas de aluminio) Se podría decir que la única contra es un precio más elevado, pero si sumo todas las botellitas que ahorro de comprar y el plástico que evito desechar, es por lo menos, un buen negocio. Además mi nueva cantimplora tiene un plus que otras no tienen, es un regalo que me recuerda a alguien que aprecio, cada vez que la uso.

27/12/2019

Ya soy libre ¿Y ahora que?

¿Soy libre? ¿Qué tan libre soy? ¿Donde termina mi libertad y empieza la tuya? ¿Qué es la liberta? A veces la pregunta correcta es la mitad de la respuesta. A veces una buena pregunta anula la respuesta. A veces es mejor no preguntarse nada y solamente caminar el camino.

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