02/08/2018
LA BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN
Las personas con baja tolerancia a la frustración, tienen una sensibilidad excesiva hacia todo aquello que les resulta desagradable: No toleran la incomodidad, los contratiempos, las trabas o problemas. No soportan la demora en la satisfacción de sus deseos, ni ningún sentimiento o circunstancia que pueda resultarles desagradable. Estas personas, suelen presentar estados estrés, enfado, ansiedad, tristeza, resentimiento. Normalmente, tienden a victimizarse y a culpar a otros de lo que les pasa.
Las personas con intolerancia a la frustración tienen ciertas creencias irracionales. Son pensamientos que surgen de forma automática, que nos hacen sentir mal y suelen ser drásticos y dramáticos (“no puedo soportar esto”,”esto es intolerable”, “debería…”, “siempre”, “nunca”).
La frustración se define como la sensación de impotencia sufrida ante cualquier obstáculo que dificulta alcanzar una meta. La forma en que se percibe esta frustración es lo que va a determinar la manera de reaccionar ante ella.
La baja tolerancia a la frustración se presenta cuando evitamos nuestros problemas en lugar de enfrentarlos. Pensamos que no podemos tolerar el malestar que sentimos y decidimos escapar de él. Se manifiesta cuando las personas quieren que las cosas se den tan rápidamente como sea posible.
De acuerdo a Ellis (1979) todos los seres humanos presentan virtualmente una tendencia a presentar sentimientos perturbadores y conductas disfuncionales por ser hedonistas a corto plazo. Buscan la gratificación inmediata y pierden de vista el hedonismo a largo plazo.
En el caso de los adictos tienden a presentar bajos niveles de ejecución, o errores en su comportamiento y capacidades. Estos procesos incluyen ideas sobre el poco valor de uno mismo, como consecuencia de las ejecuciones o comportamientos fallidos, por lo que huyen de los problemas cuando tiene que enfrentarlos.
Al intentar controlar su hábito y no lograrlo, los adictos llegarán a la conclusión de que son incapaces de cambiar su conducta. Sufren lo que Albert Bandura (1977) denominó baja auto-efi cacia, la creencia de que pueden hacer muy poco para obtener lo que desean. Los adictos llegan a percibir su baja auto-eficacia cuando, aplicando nuevas estrategias de rehabilitación, se da cuenta del gran esfuerzo que deben hacer para contrarrestar su hábito. Cuando concluyen que son incapaces de cambiar dejan de esforzarse, incrementando o manteniendo el abuso de la sustancia que les afecta.
Dr. Daniel Eduardo BUdeguer