02/03/2026
Pasé mi infancia queriendo ser bióloga marina. Tenía locura por los océanos. Mi tía María, veterinaria, nos regalaba las revistas National Geographic —y sí, delato fuerte mi época, pero quienes compartieron mi generación seguro me entienden—. No había imágenes más nítidas y perfectas del reino animal y vegetal.
En esa época ya había armado mi carpeta de Bióloga Marina: recortes de revistas Nat Geo y, por supuesto, información de Encarta, el ChatGPT de los 2000 😅. Incluía fotos de Mundo Marino, que conocimos con la Escuela N°1 en aquella época.
La vida me llevó por otros caminos, y la biología marina quedó en la infancia. Hasta que un verano, con mi hermana Magali, viajamos a Uruguay. Recorrimos La Paloma, otros pueblitos y Cabo Polonio. Una noche, paseando por la orilla, nos detuvimos a ver las noctilucas. Fue una de las experiencias más mágicas y deslumbrantes de mi vida. Quedamos hipnotizadas.
Una explicación breve como bióloga marina 🤓: las noctilucas son microorganismos marinos que producen bioluminiscencia. Cuando el agua se mueve —por una ola, el viento o el contacto del cuerpo— generan una reacción química que emite luz azul en la oscuridad. Esa luz nace dentro del propio organismo. Es un fenómeno natural que hace que el mar brille por sí mismo.
Esa noche, nosotras brillamos como Noctulicas, y aunque estábamos en un hostel compartiendo habitación con muchas personas, dormimos en paz, felices.
Cuento esta historia porque hace un tiempo siento que mis sesiones también tienen que ver con recuperar esa luz, ese movimiento y atestiguar la magia del Agua. De alguna manera, mis sesiones estaban esperando que les eche luz, resignificándolas en su verdad más plena.
Bienvenidos a Noctiluca 🌌