01/02/2026
Justicia y Verdad 🙏
Carl Gustav Jung decía que el mayor privilegio de una vida humana es llegar a ser uno mismo. El problema es que nadie nos enseñó a notar cuándo dejamos de serlo.
Hay un punto en el que sigues cumpliendo, funcionando, respondiendo… pero algo ya no responde dentro. No es tristeza clara. No es cansancio físico. Es una sensación de estar viviendo en piloto automático emocional.
Esto pasa cuando la identidad se construyó para adaptarse, no para expresarse. Cuando aprendiste a ser lo que se esperaba de ti antes de descubrir lo que necesitabas ser. La psique lo permite durante un tiempo. Pero no para siempre.
El alma no se rebela de golpe. Primero avisa. Te quita entusiasmo. Te vuelve irritable. Te desconecta del placer. No para castigarte, sino para señalar que algo esencial quedó fuera.
Jung llamaba a esto una llamada a la individuación. No es una crisis para destruir tu vida, es una invitación a reordenarla desde dentro. No se trata de romper con todo, sino de recuperar contacto con lo que fuiste silenciando.
Si últimamente sientes que ya no te reconoces del todo, no te preguntes qué falla. Pregúntate qué parte de ti dejó de tener espacio.
Porque cuando el alma no es escuchada…
no se va.
Se apaga.
Y lo que se apaga, tarde o temprano, pide volver a encenderse.