25/02/2026
Muchas personas tienen problemas porque en lugar de ver y respetar que la madre está deprimida o que el padre no se conecta bien a la vida porque perdió a un hermano, se implican, se sacrifican por los padres en una suerte de amor ciego, con la idea también un poco de amor ciego.
También con la idea un poco heroica y extraña de que con su sacrificio los padres obtendrán un beneficio. Así que el amor ciego, básicamente, significa no poder integrar aquello que la realidad nos muestra claramente e implicarse en ello.
En cambio, el amor lúcido es uno que dice: «Mamá, veo que estás deprimida y lo respeto. Te quiero, pero no me corresponde a mi cargar con tu depresión, o deprimirme en tu lugar, o morir en tu lugar, sino que ésta es tu vida y yo tengo la mía».
Digamos que el amor lúcido es uno que tiende a generar bienestar en las personas y el amor ciego es uno que hace que sobre un sufrimiento, por ejemplo en una familia, luego se construyan más sufrimientos.
Bert Hellinger, que es el que creó el trabajo de constelaciones, hablaba del amor ciego con dinámicas de tanta fatalidad, con que «te sigo a la muerte querido papá», «me enfermo en tu lugar querida mamá», llevo la tristeza por ti.
El amor ciego es un amor sacrificial y el amor lúcido es un amor que respeta la realidad del otro. Esto no significa que en una relación se desentiendan. Una cosa es cuidar un poco a alguien que está mal y otra es cargar adentro con el malestar de otra persona.
JOAN GARRIGA
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