23/02/2026
El sarampión no es una simple enfermedad eruptiva infantil
Lo que realmente es a nivel celular: un virus que ataca a linfocitos T y macrófagos provocando una reducción temporal de las defensas del organismo (inmunosupresión sistémica).
Una de sus complicaciones es la neumonía; afecta al 5-10% de los casos y es responsable del 60% de las muertes.
A diferencia de los virus respiratorios que atacan el epitelio pulmonar de inmediato, el virus del sarampión (un paramixovirus de ARN monocatenario negativo) tiene una diana diferente. Su glicoproteína de superficie hemaglutinina (H) tiene una afinidad de unión extraordinariamente alta por el receptor CD150.
Este receptor se expresa masivamente en la superficie de los macrófagos alveolares, las células dendríticas y los linfocitos T y B activados (nuestras células de memoria inmunológica).
El virus tiene dos estrategias para destruir los pulmones:
Utiliza su proteína de fusión (F) para obligar a las células infectadas en los pulmones a fusionar sus membranas lipídicas entre sí. Esto crea células gigantes multinucleadas (sincitios) que destruyen los alveolos, colapsando el intercambio de gases (O2/CO2). Es una neumonía puramente viral, bilateral y devastadora.
Por otro lado, al destruir los linfocitos de memoria a través de la apoptosis, el sarampión "borra" el disco duro del sistema inmunitario. Esta amnesia inmunológica dura desde meses hasta varios años. Los pulmones, desprovistos de vigilancia, se convierten en un caldo de cultivo perfecto para una sobreinfección bacteriana oportunista (típicamente Streptococcus pneumoniae).
Se dispone de la mejor vacuna que podríamos soñar, inmuniza de por vida y el riesgo de un efecto secundario grave es del 0%.
Los dos efectos secundarios que podrían darse y requieren intervención médica; la anafilaxia (1-10 casos por millón de vacunados) se resuelve con una dosis de epinefrina; encefalitis (menos de un caso por millón) es la situación más grave pero tratable.
La única limitación que tiene la vacuna son los niños con inmunodeficiencias (oncológicos, trasplantados, etc). Una vacuna de virus vivos no es aplicable en estos casos y todos los intentos por obtener vacunas inactivadas o modificadas genéticamente han fracasado.
Estos niños dependen para su supervivencia de la inmunidad de rebaño, por lo que es fundamental que el 95% de la población esté vacunada.
En caso de infectarse con el virus salvaje, se le infunde directamente un suero purificado con anticuerpos IgG de donantes sanos para que neutralicen los viriones