El 25 de mayo de 2019 estaremos festejando 44 años de la obra del Señor en este lugar. 44 años de testimonio que nos permiten afirmar que el Señor ha sido fiel. 44 años que nos impulsan a decir que, a pesar de las pruebas y luchas, Dios nunca nos ha dejado ni nos ha abandonado. 44 años de vivencias por las que seguimos proclamando que la Palabra del Señor no vuelve a Él vacía, que es viva, eficaz... que permanece para siempre!
En aquel tiempo, Alberto Darling tenía alrededor de 40 años y se desempeñaba como ejecutivo en el departamento de marketing de Coca Cola Export Corporation, del cual en su momento alcanzaría el cargo de gerente para el área argentina. Alberto era uno de los hijos del famoso pastor Nigel Darling, un irlandés que había venido a Argentina en el tiempo en el que los ingleses administraban los ferrocarriles locales. Alberto, siendo aún joven, mostraba el mismo celo de su padre por el evangelio. Desde entonces, se había convertido en uno de los predicadores laicos más capaces y solicitados de los Hermanos Libres.
Durante años, su padre había sido anciano en una importante congregación de los hermanos libres, cuyo salón de reuniones estaba ubicado en la calle Donado. Alberto mismo era uno de los cuatro ancianos que tenían a su cargo un grupo en Don Torcuato. Este grupo había comenzado originalmente como una extensión evangelística de la congregación de Donado y, como muchos otros, había crecido hasta convertirse en una congregación autónoma que realizaba sus propios bautismos y reuniones dominicales de la Cena del Señor. Ese salón de reuniones se encuentra a pocas cuadras de este lugar, en la calle Hernán Cortéz y Panamá.
En esta congregación de los hermanos libres se convirtió toda la familia Maldonado, entre ellos, Ramona (conocida como Monona), Carlos Maldonado (Carlos, hoy, nuestro pastor), Teresa, Titina, Ana María. También se convirtieron allí: María Di Marco y su familia, doña Josefa Ley, Nilda Zapata, Manuel Garay, entre otros.
A pesar de su éxito y prosperidad, Alberto no estaba satisfecho consigo mismo, ni con su iglesia. Demasiado a menudo, las cosas se realizaban sin entusiasmo, y él notaba la carencia de poder espiritual. Todo era un ritual religioso.
Cierta vez, un amigo que estaba de visita en su casa, le dejó un ejemplar del pequeño libro de Larry Christenson: “El hablar en lenguas, un don para el cuerpo de Cristo”. Este mismo amigo compartió con él una experiencia reciente: la de recibir la plenitud del Espíritu Santo. Al día siguiente en su oficina, luego de leer el libro, Alberto se sintió tan sobrecogido por la sensación de la presencia de Dios y su poder, que tuvo que irse rápidamente a un pequeño baño que había en el pasillo cerca de su despacho. De repente, se encontró prorrumpiendo en un torrente de sonidos desconocidos, y regocijándose en la presencia del Señor. Supo que la liberación tan ansiada finalmente había llegado, y que estaba experimentando el comienzo de algo grande que tendría el poder de transformar todas las cosas.
Durante las semanas siguientes, Alberto se enteró de que un creciente número de creyentes, que estaban buscando a Dios en oración por una mayor vitalidad espiritual, estaba teniendo la misma experiencia que él tuvo con el Espíritu Santo.
En marzo de 1967 un grupo de pastores (en su mayoría de iglesias muy tradicionales, no pentecostales) decidió comenzar a reunirse los lunes a la noche para orar. Alberto inmediatamente ofreció su casa en Capital Federal. Esta era lo suficientemente grande como para albergar a un buen número de personas. En ese entonces, nadie podía haber imaginado lo que ocurriría en los meses subsiguientes… una explosión del poder sobrenatural de Dios se manifestó en aquel lugar. Fue como encender un fósforo en pastizales secos. Todas las semanas, el grupo de hermanos que se reunía para orar, iba en aumento. La mayor parte de ellos eran hermanos libres, pero había también bautistas, menonitas, miembros de la Alianza Cristiana y Misionera, de la Unión Evangélica de Sud América, entre otros.
Ante este movimiento de renovación espiritual muchos de estos prestigiosos e intachables pastores fueron completamente desplazados de toda responsabilidad dentro de sus denominaciones, y literalmente, expulsados de la iglesia en la cual habían servido tan eficazmente como ancianos y pastores por muchos años.
Estos pastores alentaban a los hermanos a permanecer en sus propias congregaciones, en lugar de iniciar el éxodo en busca de una situación más favorable. No obstante, muchos abandonaron las estructuras tradicionales. Algunos por la presión de tener que quedarse quietos y conformarse (les prohibían hablar en lenguas o dar testimonios de sus experiencias). Otros, porque se les pidió directamente que salieran. Y los demás, simplemente porque rehusaban permanecer en un lugar donde les parecía que iban a morir de hambre espiritual.
Esta fue la experiencia de la familia Maldonado, Mary, Josefa, Nilda, entre otros... Tuvieron que emigrar de “los hermanos libres”.
Al principio se reunían en la Comunidad Cristiana de Ballester (hoy San Martín), pero con el correr del tiempo se fueron complicando las cosas. En aquel tiempo trasladarse no era fácil, automóviles tenían las personas muy adineradas. La única forma de viajar era el colectivo o el tren.
Comenzaron a nacer los hijos y viajar se hacía más difícil. Ana María, Titina y Mary, poco a poco, dejaron de ir a Ballester. Cacho y Teresa (que en esa época eran solteros y no tenían hijos) continuaron yendo, pero con el tiempo, también fueron abandonando.
En el año 1974 comenzaron a reunirse para orar en la casa de Ana María Maldonado. Ahí se juntaban: Teresa, Titina, Mary y doña Josefa, también doña Monona (la mamá de Carlos, nuestro pastor).
Oraban pidiendo que Dios traiga nuevamente a Alberto Darling, hasta que un día, Dios contestó este clamor y… apareció Alberto.
El venía muy esporádicamente, ya que por su trabajo como ejecutivo de Coca Cola tenía que viajar mucho y se le impedía tomar responsabilidad.
Al año siguiente (1975) pudo empezar estar más seguido con ellas. Se reunían en el living de esa humilde casa. Lo acompañaba el prestigioso pastor Augusto Erikson, también Darío Gardiol. Fue en ese año que se añadió a la congregación, Carlos Maldonado, como así también Griselda.
En el año 76 Darío Gardiol vino de Uruguay, y se radicó en Don Torcuato con su familia.
En marzo del 77 empezó a venir la familia Locizano (Arcángel y Lina, padre de Lydia). También la familia Fuchilli. Estos hermanos fueron valiosos para esta congregación, ya que fueron una especie de pioneros, ayudaron a forjar y fortalecer la obra del Señor en este lugar. En este época también Nilda Zapata vuelve a congregarse.
A fines de ese año vino la familia del pastor Robles.
En el 78 se agregó la familia Lisondo, también Juanita con su familia, doña Clarisa y Beto Acosta (con quien luego se casaría Teresa).
Así, poco a poco el Señor fue añadiendo a su iglesia, más miembros: Familia Longo, Manuel Garay, etc.
A principios del 80 dejamos de reunirnos en la casa de Ana y Abel Martínez. Nos mudamos a la casa del pastor Robles, que vivía cerca de la Panamericana “GellyObes y colectora” hasta fines del año 81.
En esta época, gracias a la motivación e incentivo de hermanos como Arcángel, Móni, Andrés y otros más empezaron a aprender guitarra. El profesor era Marcelo Robles. En esta época comienza a marcar en los jóvenes de nuestra congregación la importancia de la música en la iglesia: el ministerio de la alabanza y la adoración.
En el año 82 comenzamos a alquilar un local sobre la Av. San Martín, a media cuadra de la calle GellyObes.
En marzo de 1982 el Señor trajo a nuestro precioso y querido hermano Leo Manzewistch con su familia. Proveniente de una familia de reconocidos pastores en Argentina y otros países, y a quien Dios había usado en gran manera en un movimiento de avivamiento en el sur de la Prov. de Bs. As. De aspecto rudo como buen ruso, tenía un corazón tierno, humilde, rebosaba sabiduría y experiencias de vida. Nos enseñó, nos pastoreó, se notaba su amor a cada hermano, a la obra y a Dios. El siempre nos decía que él quería ser un pastor con olor a oveja, ¡y así lo fue! Nos alentaba a amar a Dios, y nos lo mostraba reflejado en su vida. Uno de los legados más importantes y de los más preciosos que Leo nos dejó, fue el trabajo con los niños. Fue su visión, trabajar con las ovejitas que no daban lana, decía él. Esta labor se transformó en pilar de nuestra comunidad, de nuestro crecimiento y del evangelismo. Leo nos bendijo, con su vida, con su ejemplo, nos decía que él iba a morir con las botas puestas, ¡y así lo fue! ¡Gracias por todo Leo! Te recordamos con el mayor de los cariños y pronto, muy pronto te vamos a volver a ver, nos vamos a estrechar en un gran abrazo, vamos a cantar “Estos son los que siguen al Cordero” y le alabaremos juntos de día y de noche, y adoraremos juntos, una vez más y por la eternidad, a nuestro buen Dios ¡Esa es nuestra esperanza de los que creemos en Jesús! AMEN!
En ese año, en plena guerra de Malvinas, el Señor nos bendijo y, gracias a la valiosa gestión de Arcángel Locisano, Leo Manzewistch y Carlos Maldonado pudimos comprar los terrenos donde actualmente está nuestro salón de reuniones.
El Señor nos siguió prosperando y, al año siguiente, noviembre de 1983, ya teníamos construida una pequeña capilla en este terreno, por lo que nos mudamos a este lugar. En esta época comienza a congregarse Daniel Cortéz (a quien el Señor usó muchísimo en este lugar para bendecirnos con su talento en la música. Fue otro de los pioneros en el ministerio de la alabanza y adoración en este lugar). En esta época también se agregaron como miembros: Fabián Palomares y Marcelo Clavero.
Uno de los líderes de jóvenes que podemos destacar en esta década es: Daniel Lisondo, a quien el Señor usó muchísimo en este lugar.
En el año 1985 vino Néstor Sarkissian. Tuvimos nuestro primer director de escuela dominical. Con él organizamos el primer campamento de adolescentes y jóvenes en San Pedro (toda una aventura).
En ese año tuvimos campaña con Miguel Cejas, aquí en el patio de la Iglesia.
En febrero del 87 se pudo llevar a los jóvenes a Valle del Lago, Córdoba.
Ese año también hicimos campaña con el pastor Asentares, aquí en el patio. Por esta época, aproximadamente, se agregan a la membresía de la iglesia preciosas familias como: Posdeley, Mansilla, Barrere, Di Marco, Varela, Rosita Gómez, Tere Heissenberg, Elsa López, doña Gaudi, etc.
Al principio nuestros bautismos los realizábamos en una pelopincho (pileta de lona).
En el año 1988 (en plena crisis económica, con una hiperinflación galopante) empezamos a construir el salón grande que hoy tenemos. Esto comprueba que el Señor es fiel y que para él no hay crisis que valga, cuando Dios se propone algo, lo cumple… ¡Gloria a Dios!
Se trabajaba solamente los días sábados con la dirección de Nicolás Di Marco. Venían: Chiche Mansilla, Alberto (hijo de Nicolás), Oscar Varela, Eduardo Cabrera, y algunos más (que venían esporádicamente).
En diciembre de 1991 hicimos la inauguración oficial de este precioso salón de reuniones.
Ya no usamos más una pileta de lona para los bautismos… Ahora tenemos bautisterio!!!
En la década del 90 fuimos creciendo en número, se agregan a la comunidad la familia Montiel, Cataldi, Giangrandi, Parachini, Aravena, Del Magro, Benítez, Eduardo Fernández, Eduardo Cabrera, Amalia (la mamá de Facundo García y todos sus hijos), familia Cajal, Marsili, Paula Noguera, Clementi, Aparicio, Benemio, entre otros.
En el año 1997, se decidió cambiar el mes para festejar el aniversario de la iglesia, ya que en diciembre se complicaba, pues muchas de las congregaciones que estaban bajo la supervisión de nuestro querido pastor Alberto Darling también festejaban su aniversario en este mes. Siendo esto así, se fijó como fecha el 25 de mayo, ya que el pastor Leo Manzewisch cumplía años el 24 y qué mejor que festejarlo con el pueblo de Dios.
A fines de agosto del año 1999 partió a la presencia de Dios nuestro amado Pastor Leo Manzewistch, quien dejó en nosotros un precioso legado: la dicha de ganar niños para Cristo!
Pero la obra del Señor siguió creciendo, bajo el pastorado de Carlos Maldonado… El Señor siguió añadiendo preciosas familias a su iglesia: familia Quintana, Núñez-Olmedo, Dóvile Vega, familia Pérez, Castaño, Ormeño.
Hoy en día, ya tenemos dos anexos que están funcionando en el Ministerio de la Niñez y Adolescencia, pero –cuando el Señor diga– y creemos que pronto, ya funcionarán dos iglesias más en los barrios de “Parque Alvear” y “Pablo Nogués”.
La obra en Parque Alvear comenzó en marzo de año 1988. Ernesto y Mónica Martínez, sintieron el llamado del Señor de trabajar con los niños en ese barrio. La hermana Gaudi abrió gentilmente su casa. Las reuniones se hacían en el patio de doña Gaudi. Mony con su guitarra y Ernesto con su acordeón extendieron el reino de Dios en ese lugar y muchos niños abrazaron la fe del evangelio.
En el año 1990 (aproximadamente) Ernesto delegó la dirección de esta Hora Feliz a Blanca Fernández. En esta época la hora feliz se traslada a la casa de Don Fermín (Hoy, la casa de la familia López). Rosita Gómez, comienzan a trabajar en ese lugar como maestra, por eso decimos que esta hermana es un fuerte pilar en esta obra, conocida y amada por tantos niños y niñas, hoy ya, hombres y mujeres. La acompañaron muchos otros, entre ellos, Evangelina y Rocío.
Posteriormente pudimos comprar el predio donde hoy funciona la “Casa del Niño El Rebaño”. En esta época asume como director de la obra Manuel Garay y Titina, quienes también han dejado huellas del evangelio en la vida de tantos chicos.
Hoy también, se encuentra funcionando y creciendo la obra en Pablo Nogués, la casa del Niño “El Arca de Nogués”, también es un hermoso testimonio del reino de Dios en este lugar.
Por todo ello y por mucho más… podemos decir: “EBEN EZER” (Hasta aquí nos ayudó el Señor”).
Hoy muchos hermanos pioneros ya no están… Pero el Señor es fiel y mandó a otros que siguen trabajando, luchando y forjando la obra de Dios en este lugar… Preciosas familias como: González, Ariaz, Salvatierra, Cañete,
¡La mies es mucha! ¡Hay mucha necesidad! El legado que recibimos lo haremos fructificar. La vara quedó alta, pero no es nuestra la obra, sino de Dios. Es de EL, por EL y para EL! . El Espíritu Santo nos guía, nos capacita, nos fortalece y nos sustenta. Lo mejor está por venir, hay más tierra por conquistar! Hay más vidas a quien llevarles las buenas nuevas de Jesús! Niños van a seguir viniendo a los pies de Cristo, familias enteras van a ser alcanzadas por el amor de Dios, siendo restauradas, siendo ejemplo en nuestra sociedad. Porque toda potestad le fue dada a nuestro Señor Jesús, predicaremos, haremos discípulos, NO RETROCEDEREMOS. Y así seguiremos, no desmayaremos, creceremos, avanzaremos, trabajando en amor, unidos en el propósito de Dios para nuestras vidas. Seremos luz!! La lámpara de nuestra hermosa congregación siempre estará encendida, hasta que nuestro precioso Señor Jesús nos venga a buscar, ¡AMEN y AMEN!, Si Señor, VEN PRONTO!! TE ESPERAMOS!! ALELUYA!!
Como decía aquel precioso coro:
POR LOS MONTES Y LOS VALLES, LA IGLESIA SIGUE CAMINADO,
SIGUE CAMINANDO, SIN MIRAR ATRÁS.
EN LAS PRUEBAS Y EN LAS LUCHAS, LA IGLESIA SIGUE CAMINANDO,
SIGUE CAMINANDO, SIN MIRAR ATRÁS.
¡Que el Señor les bendiga!