05/07/2016
Al comienzo de todo tratamiento psicológico de un Trastorno de pánico, solicitamos al paciente que se realice un control médico para descartar que las sensaciones fisiológicas no se debe a un problema de base orgánica. Una vez realizado esto trabajamos en la desmitificación de los miedos que rodean al pánico:
Dada la fuerte activación de la rama simpática del sistema nervioso autónomo durante el pánico, es muy poco probable que ocurra un desmayo.
La sensación de hormigueo en brazos y piernas se debe a que la sangre va de la periferia hacia el corazón para que éste disponga de más oxígeno y glucosa pudiendo así acelerar su ritmo.
El dolor en el pecho no posee un origen cardíaco sino que suele resultar de la tensión del músculo pectoral, esforzado por la hiperventilación.
En general, los mareos se deben a la contractura del músculo que rodea al cuello, el cual se tensa y presiona sobre las vértebras cervicales, provocando la sensación de inestabilidad y hasta náuseas.
La falta de aire suele percibirse cuando hay hiperventilación (la persona respira rápido, agitado y entrecortado). En realidad, no falta el aire sino que sobra, ya que no se elimina correctamente; si se varía el ritmo por medio de respiraciones pausadas, esta sensación revierte rápidamente.
Durante la crisis, el cerebro activa una alarma pues, al creer erróneamente que se va a morir, incrementa el funcionamiento del sistema cardiorrespiratorio; de ahí las sensaciones tan temidas del pánico.
Estas desmitificaciones de la ansiedad forman parte del abordaje cognitivo- conductual desde el cual trabajamos.
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