26/11/2025
Conocimiento profundo de las características clínicas del síndrome cervical y del enfoque diagnóstico-terapéutico en la medicina china y occidental
El síndrome cervical (también denominado “cervicalgia”, “enfermedad cervical” o “síndrome cervicobraquial”) es una enfermedad degenerativa de las articulaciones muy frecuente en la práctica clínica. La medicina moderna considera que su origen se relaciona principalmente con la laxitud de la cápsula articular cervical y de los ligamentos periféricos, lo cual provoca una disminución de la estabilidad intervertebral y favorece la subluxación de las articulaciones facetarias y la lesión crónica por sobrecarga. Esto conduce posteriormente a osteofitos, calcificación ligamentaria, degeneración discal, desgaste del cartílago, estrechamiento del canal medular y fibrosis de los tejidos nerviosos.
La inflamación aséptica local y el desequilibrio biomecánico pueden causar distintos grados de irritación o compresión de las raíces nerviosas cervicales, la médula espinal, la arteria vertebral y el sistema nervioso simpático, generando espasmo y adherencias de los tejidos peri-neurovasculares y produciendo un conjunto de síntomas clínicos. Además de la historia clínica y el examen físico, el diagnóstico se complementa mediante estudios por imágenes como radiografía, CT o resonancia magnética.
Clínicamente, el síndrome cervical puede clasificarse en: tipo radicular, tipo medular, tipo vertebrobasilar y tipo simpático.
• Tipo radicular: presenta dolor en cuello, hombros y región escapular con irradiación al miembro superior, acompañado de sensación de pesadez, ardor o dolor tipo descarga eléctrica; en casos severos afecta el sueño y el trabajo. La tos, el estornudo o la extensión cervical suelen agravar los síntomas. Se puede asociar a entumecimiento, debilidad y disminución de la fuerza de prensión.
• Tipo medular: se manifiesta con alteraciones progresivas de la función sensitiva y motora en las cuatro extremidades, inestabilidad de la marcha, temblores, caídas fáciles, parestesias y debilidad generalizada. Los casos graves pueden evolucionar a paraplejia e incontinencia urinaria o f***l.
• Tipo vertebrobasilar: predominan el vértigo, tinnitus, náuseas, inestabilidad al sostener objetos o incluso caídas súbitas. A menudo se desencadena por la rotación o inclinación del cuello hacia ciertos ángulos. Debe diferenciarse de la enfermedad de Ménière, el vértigo posicional paroxístico benigno y otras patologías vasculares de la arteria carótida interna.
• Tipo simpático: se caracteriza por mareos, visión borrosa, palpitaciones, arritmias, fluctuaciones de la presión arterial, aversión al frío, extremidades frías y sudoración excesiva, reflejando un trastorno funcional del sistema simpático.
En la medicina china, esta patología se clasifica dentro de los síndromes de “bi óseo”, “rigidez cervical” o “síndrome bi”, principalmente originados por deficiencia de hígado y riñón, insuficiencia de esencia y sangre, desnutrición de músculos y huesos, o por sedentarismo, sobreesfuerzo, mala postura y debilidad del sistema defensivo, que permiten la invasión de viento, frío y humedad. Esto bloquea los meridianos e impide la circulación de qi y sangre, provocando desarmonía del qi de los tres meridianos yang, alteración del ying-wei y, con el tiempo, obstrucción de colaterales y estasis sanguínea.
Los patrones más frecuentes incluyen viento-frío-humedad, estasis de qi y sangre, flema-humedad bloqueando los colaterales y deficiencia de hígado y riñón. El tratamiento se basa en calentar los meridianos, dispersar el frío, activar la sangre, eliminar estasis, desobstruir los canales y tonificar hígado y riñón. La afección suele presentar raíz deficiente y manifestación excesiva, predominando esta última.
En cuanto al tratamiento, la medicina occidental no dispone de fármacos específicos para la enfermedad cervical. Los antiinflamatorios no esteroideos, relajantes musculares y sedantes solo ofrecen alivio sintomático; el uso prolongado puede causar úlceras gastrointestinales, hemorragias digestivas y complicaciones cardiovasculares, efectos adversos severos ya incluidos en la advertencia de “caja negra” de la FDA.
Cuando los medicamentos y la fisioterapia no logran controlar los síntomas o las recurrencias son frecuentes, suele considerarse la cirugía, aunque esta implica riesgos de lesión neurovascular, disfunción postoperatoria y costos elevados.
La medicina china, en cambio, posee una larga experiencia en el manejo de esta patología, incluyendo acupuntura, tuina, tracción y fitoterapia. Sin embargo, cada técnica individual tiene sus límites: la tracción no es adecuada para todos los casos; los remedios herbales suelen complementar el tratamiento y requieren administración prolongada; y la acupuntura convencional, aunque efectiva, puede necesitar muchos encuentros terapéuticos.
La práctica clínica demuestra que, para lograr efectos más estables y duraderos, es recomendable utilizar un modelo integral de medicina china, basado en el principio de “centrado en la enfermedad y orientado al paciente”, aliviando síntomas y corrigiendo la raíz patológica. La enfermedad cervical no es incurable; lo fundamental es el diagnóstico temprano, la diferenciación precisa y el tratamiento estandarizado. Muchos casos graves se deben al retraso o a intervenciones inadecuadas.
Es importante destacar que, para los pacientes que temen las agujas o no son candidatos para terapias invasivas, la medicina china ofrece una serie de técnicas manuales profesionales y altamente efectivas, algunas de ellas poco comunes y de gran especialización, capaces de mejorar rápidamente la rigidez y el dolor cervical, aumentando la movilidad, a menudo con resultados evidentes durante la misma sesión.
En todo caso, el plan terapéutico debe seleccionarse según la condición específica del paciente y orientarse hacia la opción más adecuada.