29/03/2026
*Ley N°10 Brisa: "Ninguna tormenta nos detiene cuando la brisa de la justicia nos inspira"*
Hay momentos en los que la naturaleza parece poner a prueba nuestra determinación frente a causas que consideramos justas. Recuerdo con nitidez la tarde en que, junto a compañeras y compañeros de diversas organizaciones de la sociedad civil, iniciamos las reuniones para impulsar la concreción del “Proyecto de Ley N°10 Brisa”. El cielo de La Paz se desplomó en una tormenta feroz; las calles, en minutos, se transformaron en ríos anegados que amenazaban con detener cualquier paso. Pero el imperativo ético de proteger a nuestra infancia, niñez y adolescencia fue más fuerte que el granizo y el frío.
Esa tarde, muchos llegamos a la cita empapados de pies a cabeza, con el agua calando los huesos, pero con el espíritu encendido por nuestro compromiso para prevenir y eliminar diferentes formas de violencia sexual. En ese clima de adversidad surgió la frase que hoy nos convoca: “No hay tormenta que nos detenga cuando la Brisa nos inspira”. Aquella lluvia no fue un obstáculo, sino el bautizo de un proceso que hoy aguarda la aprobación definitiva en la Cámara de Diputados, tras haber sido ya validado por el Senado.
Desde la sociedad civil, nuestra mirada no es solo técnica, es profundamente humana; creemos que la salud mental y el bienestar social nacen de la seguridad que les brindamos a las personas más pequeñas de nuestra sociedad: infantes, niñas, niños y adolescentes. Por ello, respaldamos la Ley N°10 Brisa, que busca algo tan fundamental como revolucionario: que el sistema judicial se ajuste a la ciencia del cuidado y no a la inversa.
¿Por qué es urgente que la Cámara de Diputados apruebe la Ley N°10 Brisa? Porque el dolor no tiene tiempo y la impunidad es una herida que no deja de sangrar.
Esta norma se sostiene sobre cuatro pilares que son actos de amor y justicia técnica:
En primer lugar, la ley tipifica la violación incestuosa. Debemos mirar de frente la realidad: entre el 70% y el 85% de la violencia del tipo sexual ocurre en el entorno familiar. Allí donde debería haber un refugio, muchas veces hay una traición. La LeyN°10 Brisa reconoce que cuando se rompe el vínculo de confianza y cuidado, el Estado debe actuar con la máxima firmeza para proteger a la víctima y sancionar la gravedad de la vulneración.
En segundo lugar, la ley elimina la figura del estupro. Debemos entender que este término ha sido, históricamente, una trampa de palabras para minimizar la violencia sexual contra adolescentes disfrazándola de "enamoramiento". Hoy, la neurociencia nos demuestra que el cerebro adolescente, específicamente su corteza prefrontal, aún está en pleno desarrollo. Una persona de entre 14 y 18 años no posee la madurez biológica para "consentir" en igualdad de condiciones frente a una persona adulta que utiliza su poder para seducir asimétricamente o presionar una aceptación. No es un romance; es una vulneración de derechos. Eliminar el estupro es dejar de proteger al victimario y empezar a honrar la integridad de quien termina siendo víctima.
En tercer lugar, la ley coloca el consentimiento en el centro. Debemos comprender que juzgar a una adolescente que ha vivido violencia sexual preguntándole si "peleó" o "gritó" se constituye en negligencia, sino en complicidad. La ciencia nos enseña que, ante el abuso o la crueldad, el cerebro activa una respuesta de congelamiento; el cuerpo se paraliza como mecanismo de supervivencia. Que no haya resistencia física no significa que haya existido deseo. Lo único relevante es si hubo libertad real para decidir. Alinear nuestra justicia con estos estándares y con la sentencia de la Corte IDH (Caso Angulo Losada vs. Bolivia) es un imperativo ético impostergable.
Finalmente, la Ley Brisa sostiene la imprescriptibilidad. Debemos asumir que no se trata de un tecnicismo, sino de un acto de justicia con la neurobiología del trauma. La ciencia evidencia que el dolor de la violencia sexual, sobre todo en la infancia, niñez o adolescencia no se disuelve con el tiempo; se archiva en estructuras cerebrales donde el tiempo cronológico no existe, permaneciendo latente durante décadas. Muchas víctimas necesitan media vida para transformar ese trauma en palabras. Establecer una "fecha de vencimiento" es condenar a las víctimas al olvido institucional. El Estado debe tener la paciencia de esperar, garantizando que el camino a la justicia siga abierto sin importar cuántos inviernos hayan pasado desde la herida.
Bolivia, la Asamblea Legislativa, así como las y los gobernantes, tienen hoy la oportunidad de saldar una deuda histórica. Necesitamos una justicia que entienda que nuestro sistema debe ser el escudo de quienes no pueden defenderse solas o solos.
La brisa de la justicia debe limpiar el camino, de manera tal que las bolivianas y bolivianos podamos mirar a los ojos a nuestros infantes, niñas, niños y adolescentes para decirles: "Estamos aquí, les creemos y les protegemos, no dejaremos que ustedes vivan lo que muchos de nosotros y nosotras vivimos ".
Marynés Salazar Gutiérrez Ph. D. (Investigadora, educadora, filósofa, política, forense, sexóloga y psicóloga / Directora de Psinergia / Docente UCB, UMSA, UPEA / Yt. Fb. TikTok: Psinergia Bolivia / Consultas al 69786000)
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