30/07/2016
Sabías que Reiki es un tratamiento de primer orden para tratar el estrés? Si ya has recibido una sesión de Reiki seguro que lo sabes, porque ya has experimentado la sensación de relajación de tu cuerpo y de tu mente tras una sesión. Para los que aún no hayan probado Reiki, vamos a profundizar un poco en este tema y en cómo actúa esta terapia sobre el exceso de estrés.
El estrés es un mecanismo para la supervivencia, una respuesta natural de nuestro cuerpo para afrontar el peligro. Cuando se produce alguna situación que consideramos amenazante, el organismo reacciona desactivando algunas tareas y activando otras y liberando en el torrente sanguíneo una gran cantidad de hormonas como el cortisol y la adrenalina. Esto genera un estado de alerta máxima: los músculos se tensan preparándose para la huida o para la lucha y la atención se focaliza al máximo sobre lo que está sucediendo.
Realmente, qué buen mecanismo si te encuentras perdido en la selva y aparece un león de repente; el problema surge cuando el estrés se instaura en nuestras vidas ante ciertas situaciones en las que el peligro no es real, aunque nuestra mente lo perciba así. Son situaciones que por alguna razón nos intimidan y nos hacen sentir vulnerables, experimentando una sensación de pérdida de control que activa la respuesta del estrés.
Otras veces, el estrés se da porque no somos capaces de establecer límites y nos sobrecargamos de trabajo, actividades, compromisos… Sea cual sea la causa, cuando esta respuesta natural se da en exceso nuestra vida cotidiana puede convertirse en una pesadilla:
A nivel mental y emocional, empezamos a percibir la realidad como algo realmente hostil y nos sentimos incapaces de hacerle frente.
A nivel físico, se produce una sobrecarga de tensión que repercute en nuestro organismo y puede provocar la aparición de anomalías patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento de nuestro cuerpo: cambios en el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y los niveles de azúcar en la sangre, alteración de la secreción de los jugos gástricos, trastornos en el sistema inmunológico… Cuando el estrés se convierte en algo crónico pueden surgir enfermedades cardíacas, diabetes, pérdida de concentración y de memoria, insomnio, nerviosismo o trastornos de ansiedad.
El estrés es, pues, el origen de muchas de las enfermedades actuales y solo liberándonos del estrés podremos retornar a un estado de salud. Muchas personas creen que basta cambiar las circunstancias exteriores para que el estrés desaparezca. Pero en una gran mayoría de los casos el problema no se resolverá de esta forma y lo vamos a comprobar cuando las situaciones cambien y, sin embargo, sigamos reaccionando de la misma manera. Es, más bien, cuando transformamos el modo en que percibimos las cosas cuando las cosas cambian.
Para ello es necesario un proceso de apertura y es, en este sentido, que Reiki nos puede ayudar, porque es una terapia energética que corrige los desequilibrios en todos los ámbitos de la persona, creando un estado de no tensión desde el cual es posible comprender y gestionar mejor nuestras emociones y propiciar una apertura mental que va a transformar nuestra percepción de la realidad.
La terapia con Reiki ofrece los siguientes beneficios:
A corto plazo: alivia los síntomas psicológicos (nerviosismo, ansiedad, depresión) y físicos (tensión muscular, migrañas, mareos) que acompañan al estrés.
A medio plazo: eleva el nivel vibratorio del cuerpo de energía, haciendo que el organismo tenga más poder de sanarse a sí mismo. A nivel mental, la persona se va liberando de los límites que le están condicionando a la hora de percibir la realidad. Esto genera un cambio de actitud y de respuesta frente a las situaciones que generaban el estrés.
A largo plazo: Reiki trabaja clarificando las causas que han dado lugar al exceso de estrés, haciendo que la persona las comprenda, las acepte y pueda transmutarlas. De esta forma, esas situaciones que antes nos causaban sufrimiento dejarán de afectarnos y comprobaremos que, curiosamente, empiezan a desaparecer de nuestras vidas.
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© María Ródenas