27/03/2026
Varias personas me han preguntado en estos días qué pienso sobre el caso de Noelia, y por eso hoy quiero compartir mi punto de vista, no desde el juicio, sino desde la reflexión y mi compromiso como psicóloga.
Este caso nos confronta con una realidad profundamente compleja. Detrás de una decisión así hay historia, hay dolor y una lucha interna que muchas veces no alcanzamos a comprender del todo. Y desde ese lugar, lo primero que nace en mí es EMPATIA.
Pero también, honestamente, no puedo dejar de reflexionar.
Creo firmemente que la vida, incluso en medio del dolor, merece ser acompañada, sostenida y trabajada. El sufrimiento psicológico puede ser abrumador, sí… pero también es un territorio donde, con ayuda, contención, amor y fe, pueden abrirse caminos que hoy no vemos.
Autores importantes dentro de la psicología han puesto en el centro el valor de la vida y la capacidad humana de encontrar sentido y sanar. Viktor Frankl nos habló de encontrar propósito incluso en el sufrimiento más profundo. Carl Rogers defendió la tendencia natural del ser humano hacia el crecimiento cuando existe un entorno adecuado. Aaron Beck demostró que los pensamientos más oscuros pueden trabajarse y transformarse con acompañamiento terapéutico.
Me preocupa profundamente como sociedad el rumbo que podríamos tomar si empezamos a normalizar la eutanasia en casos donde no hay una enfermedad TERMINAL con dolor físico INSOPORTABLE . Porque, si cruzamos esa línea, corremos el riesgo de que la muerte deje de ser una excepción extrema para convertirse poco a poco en una respuesta frente al sufrimiento.
Y personalmente, creo que eso no se puede normalizar.
No podemos, como sociedad, acostumbrarnos a que ante el dolor psicológico o situaciones difíciles, la salida sea dejar de existir. No podemos permitir que lo irreversible se vuelva una opción cada vez más aceptada en contextos donde aún hay posibilidades de intervención, de acompañamiento y de reconstrucción.
Porque entonces dejamos de preguntarnos:
¿hicimos todo lo posible por ayudar a esa persona a quedarse?
No somos seres aislados. Cada vida está profundamente entrelazada con otras: padres, madres, familias que también sienten, que también quedan. Las decisiones individuales también tienen un impacto colectivo, emocional y humano.
Así como creo que hay situaciones extremas donde ciertas decisiones médicas pueden ser comprendidas, también pienso que debemos ser muy cuidadosos con los límites que trazamos como sociedad. Porque cuando la muerte empieza a presentarse como solución, algo muy profundo necesita ser REVISADO.
Acompañar, sostener, escuchar, intervenir a tiempo… eso también es responsabilidad social.
Hoy más que nunca, el llamado es a no rendirnos con el otro. A no soltar vidas que aún pueden ser sostenidas.
Que nunca nos falte humanidad para quedarnos, incluso cuando alguien ya no quiere hacerlo.
Autor: Yesenia Canedo.