27/04/2026
La semana pasada hablaba con una amiga sobre la posibilidad de dejar de facilitar ceremonias de cacao, no porque haya dejado de creer en la medicina, sino más bien por todo lo que se ha ido armando alrededor.
Las ceremonias se han vuelto populares y, sí, hay una parte de mí que se alegra, pero al mismo tiempo siento cierto desencanto. No con el cacao, sino con esta forma de volverlo consumo, tendencia… y ver cómo allá afuera se mezcla con mil cosas, se vuelve experiencia, paquete, algo más “vendible”.
Cuando lo veo moverse así, cuando aparece en todos lados, siento que algo en mí se queda en silencio, como si no quisiera participar desde ese lugar, y me doy cuenta de que algo en mí se desconecta, no del cacao, sino de esa forma de habitarlo.
¿En qué momento lo sagrado se convirtió en una transacción más?, ¿realmente estamos escuchando a lo que llamamos sagrado?
Por ahora, elijo quedarme aquí, en lo pequeño, en este viaje hacia adentro donde el cacao todavía me habla al oído.