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Resistencia y serenidadLa Resistencia a la EntregaSuperando ilusiones y barreras internasPara vivir en modestia y humild...
10/05/2026

Resistencia y serenidad

La Resistencia a la Entrega

Superando ilusiones y barreras internas

Para vivir en modestia y humildad ante Dios, es importante observar mis resistencias. ¿Dónde encuentro una? En la decisión de comprometerme con una causa o una persona.

¿Por qué?

Porque da miedo, es aburrido o duele. Especialmente cuando es diferente a mi expectativa.

La salida es observar mi expectativa: ¿qué necesidades estoy proyectando para luego terminar decepcionado por una ilusión no vivida? Aquí surge la siguiente pregunta:

¿Cuál es mi realidad interna y cuál la externa?

Mi realidad interna es y busca. Es quien soy y busca para desarrollarse. Las resistencias son las piedras que yo mismo pongo en mi camino: creencias y sentimientos.

Creencias como:

• "Solo me comprometo con lo que me beneficia."

• "Persigo el dinero y solo soy alguien si tengo mucho."

• "Tengo que demostrarme que soy una superestrella y ser siempre reconocido para que la vida valga algo."

Sentimientos como:

"No puedo", "no soy lo suficientemente bueno" o "estoy desesperado y cansado"; estas son creencias de víctima. Sentimientos de ser "débil y pequeño" y de que "nada funciona sin apoyos externos". Por otro lado, sentimientos como "no necesito a nadie y puedo solo" o "soy el mejor" son mentiras propias para excluir a los demás y devaluar su contribución, evitando admitir que somos parte de un todo y que los éxitos no son pruebas de que lo logramos por ser "tan grandes".

¿Cuál es mi resistencia a no prometerme a nada ni a nadie?

Es el peso de mis experiencias pasadas: superar que mis padres "solo querían lo mejor para mí" intentando convertirme en lo que ellos no pudieron ser; sanar el haber sido usado para ampliar sus límites y compensar sus sombras. Es la competencia de mi mejor amiga, el saber que mi esposo ama otra cosa de verdad, o que mis hijos solo me necesitan sin valorarme por quien soy.

Al final, es el miedo a perder todo apoyo y esperanza. Me entrego a todo al mismo tiempo porque otros me mostraron: "Hay cosas más importantes que tú".

• Estoy casado con mi trabajo.

• Mis hijos son lo primero.

• Solo te busco para llenar huecos, para satisfacer necesidades; te hago un espacio breve cuando siento hambre o vacío, o cuando necesito una herramienta para mi obra de vida.

Ellos lo hacen así, y yo lo hago así. Porque aprendimos que, de lo contrario, nos daremos un golpe y nos quedaremos con las manos vacías. La resistencia es entregarse: a Dios, a uno mismo y, al mismo tiempo, creer en el otro y aceptar la realidad externa. La vida tal como es, que nos llama a tener experiencias compartidas.

El llamado interno es la verdad. Es lo que el corazón exige. No hay que ignorarlo, ni distraerse, ni consolarse con placebos.

¿Qué es lo que mi corazón, mi ser entero, anhela realmente?

Solucionando

Si la resistencia es un muro de miedo y viejas creencias, la serenidad es la luz suave que permite que ese muro se disuelva sin violencia.

La serenidad es un puente hacia la entrega que buscamos para realizar nuestros sueños y servir, viviendo nuestra misión.

La solución reside en cultivar la serenidad interior. La serenidad no es la ausencia de resistencia, sino la aceptación pacífica de lo que es en este momento. Desde la serenidad, me doy cuenta de que no tengo que luchar contra mis sombras, sino simplemente iluminarlas.

Ella me otorga el espacio para observar mis necesidades sin ser sobrepasado por el miedo a la decepción. Cuando descanso en Dios y en mí mismo, la resistencia pierde su poder porque ya no necesito demostrar que soy "grande". Se me permite simplemente "ser": importante y pequeño en el todo y, sin embargo, infinitamente amado.

¿Cómo cambia el panorama?
Al introducir la serenidad, la pregunta final "¿Qué es lo que mi corazón anhela realmente?" ya no se responde desde la carencia o la exigencia, sino desde un lugar de intuición e inteligencia emociobal, desde la paz. Lo falso grandioso o la victimización se convierte en confianza en uno mismo y en la dinámica de la vida que nos lleva a aprender y crecer mediante los desafios.

Antes: El anhelo era una búsqueda desesperada por llenar un vacío.

Ahora con Serenidad:
El anhelo es una brújula que sigo con calma, aceptando que el camino y los otros son perfectos tal como son.

La serenidad nace de confiar en mi realidad interna, mientras la apruebo y le doy su lugar, cobra fuerza.

Como construirla activamente?
Dejaremos de identificarnos con nuestros sentimientos o soltaremos el control sobre el resultado.

Para construir esa serenidad que disuelva la resistencia, no necesitamos "hacer" más, sino "soltar" mejor. Aquí tienes dos ideas prácticas y profundas para integrarla en tu día a día:

1. La práctica del "Observador Desapegado" como Distancia Cognitiva

La serenidad se pierde cuando nos desidentificamos totalmente con nuestras heridas o expectativas. Para construirla, necesitamos crear un espacio entre tú y tu reacción.

Cómo hacerlo: Cuando sentimos que aparece un "no" interno (el aburrimiento, el miedo, la resistencia rebelde repetitiva o la pereza), no lo juzgamos. En lugar de decir "estoy asustado", decimos: "Observo que hay una parte de mí que tiene miedo".

El efecto: Esto nos permite ver el sentimiento como un "clima" pasajero y no como nuestra identidad. Al no luchar contra la resistencia, estamos dejando de alimentarnis de la energía tóxica que nos autobotequea. Asi permitimos que la serenidad surge naturalmente al aceptar que el sentimiento está ahí, pero no nos define.

2. El Ritual de la entrega diaria nutriendo la confianza en el "Todo"

Si la resistencia nace de querer controlar el resultado para no "caer de bruces", la serenidad se construye delegando ese control a una fuerza mayor: en la Luz, el Universo o Dios, la Vida o el Todo.

Cómo hacerlo: Cada mañana, identificamos una situación específica que nos genere resistencia y decimos conscientemente: "Pongo mi intención en esto, pero entrego la necesidad de querer un resultado".

Aceptamos de antemano que la realidad externa puede ser distinta a nuestra proyección. En lugar de reaccionar ponemos nuestra intenciones en manos de algo que nos cuida y guia, confiando en la co- creación inclusiva de nuestro destino.

El efecto: Al aceptar la posibilidad de la "decepción" como parte del aprendizaje, eliminamos el poder que el miedo tiene sobre nosotros.

La serenidad aparece cuando dejamos ser conquistadores de la realidad ya que es una dinámica conjunta y nos desacostumbrarnos de convertirnos en jueces que culpan y soltamos la tendencia auto-castigadora. Nos desapegamos del hábito de usar los éxitos como pruebas del esfuerzo, o como evidencia de nuestro valor y empezamos a verlos simplemente como experiencias compartidas. Eso es lo que realmente merecemos vivir.

La serenidad no se construye acumulando resultados y presionando que aparezca la paz ahora dentro y fuera en nuestra vida, sino vaciando el equipaje de las expectativas.

Hostal Útero Estamos alojados en un útero. Aquí llegan los viajeros y ya no quieren salir. No conocemos mucho del entorn...
01/05/2026

Hostal Útero

Estamos alojados en un útero. Aquí llegan los viajeros y ya no quieren salir. No conocemos mucho del entorno ni del espacio exterior; simplemente llegan, se dejan caer, se relajan y se quedan sin la necesidad de explorar la ciudad. Están aquí por un tiempo: el tiempo necesario para renacer.

Al compartir este útero, cada uno vive su propio proceso de nutrirse y recuperar lo que le faltó. Es el sentimiento de estar seguros y acogidos en un estado de relajación total, donde no hay obligación de involucrarse si uno no lo desea. Es sentirse bien en la nada o, simplemente, flotar en el agua que nos permite ser felices mientras crecemos y nos reconocemos. En este espacio, lo de adentro es lo que realmente importa.

En este viaje de reconciliación con nuestra existencia, no es necesario confrontarnos ni buscar espejos; lo que buscamos es la aceptación para sentirnos seguros y desarrollarnos. Aquí podemos ser nosotros mismos, desplegar lo que nos faltaba y reconocer lo olvidado. No estamos solos; cuidamos de lo esencial en este vientre, junto a nuestros "mellizos y trillizos", dependiendo de a quiénes elegimos y con quiénes conectamos para que formen parte de nuestro camino.

Una obra divina

Un útero no tiene nombre: simplemente es. Es una obra divina de procreación que no nos exige nada. No merecemos cargar con conflictos ajenos; solo queremos ser y ser cuidados en un ambiente de amor presente e incondicional. Somos parte de un organismo inclusivo que nos alimenta para nuestro propio bien. Ese es nuestro derecho de nacimiento: vivir.

Nadie nos lo prohíbe. Recibimos lo que necesitamos de verdad, de manera natural, constante y abundante. El universo sabe qué es prioritario para nuestro crecimiento. Todo nos llega sin esfuerzo y nutre el cuerpo y el alma; recibimos respuesta a lo necesario, llenando con energía armónica aquello que parecía olvidado, fluyendo y regenerando los vacíos que se transforman en espacios de evolución.

El refugio de la esencia

Estamos en este "hostal" donde la madre es benevolente, nos deja en paz y nos permite resonar con nuestra propia calma sin sentirnos abandonados. En el útero no hay discriminación, juicios ni preferencias; todo lo que está disponible se recibe. No hay necesidad de máscaras ni del esfuerzo de ser "bellos" para ser amados; basta con ser nosotros mismos y resonar con nuestra esencia.

Dios nos envió a cada uno con una locura diferente, ¡y nos acepta tal cual somos!

El útero cumple su función protegiéndonos hasta que estemos listos para lidiar con nuestros propios desafíos: nuestra vida. Es un soporte vital con el fin de que cada uno surja a su manera y siga su camino.

Más que un hostal: el útero de la existencia

El amor de madre acompaña y comprende; es mucho más que un refugio. Nos toma de la mano y luego nos suelta, permaneciendo siempre disponible. Más que un organismo, nos inhala espíritu, nos presta visión, nos da ejemplo y nos perdona de manera infinita. Este lazo es lo divino hecho cuerpo, como la Madre Tierra que hace brotar las semillas y que necesita del sol y de la lluvia, porque la fertilidad, en última instancia, es una dinámica colectiva.

¡El Pacto del Amanecer (Parte 2)La hermana de Editha prestó atención a lo que le había comunicado el portero: los embaja...
14/11/2025

¡El Pacto del Amanecer (Parte 2)

La hermana de Editha prestó atención a lo que le había comunicado el portero: los embajadores de Brasil buscaban una niñera para su hijo recién nacido, y como tuvieron encuentros agradables con la hermana, estaban dispuestos a tener una entrevista con Editha y la contrataron de inmediato. Fue la mejor etapa de su vida; viajó conociendo muchas regiones del continente, se sintió útil y tomó cariño a la familia, especialmente al niño. Se sintió necesaria y su vida cobró sentido. Formaba parte de una familia, integrada en un contexto, con una tarea... su horizonte se abrió.
Solo cuando llamaba a sus hermanos a Buenos Aires recordaba, y la isla sin resolver de vacío en ella aparecía como una llamada que Editha intentaba ignorar forzándose a decirse que no existía.

Editha vivió en Venezuela los años previos a su crisis política, disfrutándolo como algo excepcional, se mudaron a Quito y de repente sucedió lo más inesperado. Una luz se encendió con una fuerza en ella y Editha pudo descifrarla: estaba enamorada. Después de seis años de acompañamiento en el contexto de una familia que compensó su herida, Editha tuvo el coraje de fundar la propia. El niño de los diplomáticos ya iba a la escuela, lo que ayudó a que la mamá-niñera, con quien había creado un vínculo estrecho, pudiera soltar, y ambos deshicieron el vínculo para hacer su propio camino. Fue el momento en que ella tuvo su propio hijo y se convirtió realmente en madre. Se activó su propio tema, el de ser hija, y decidió investigar su historia para esclarecer su asunto pendiente. Cuando su hijo tenía cuatro años, viajó a Paraguay y buscó a la amiga de su madre para hablar con ella. Su hijo se quedó con su hermana en Buenos Aires, quien en esta etapa de su vida estaba sin trabajo.

Editha descubrió la verdad en Villarrica. La puerta clausurada en su interior se rompió, y con ella fluyeron semanas de lágrimas sin lograr consolar su alma atormentada.
La amiga de Mamá decidió revelar el secreto familiar para otorgar una mejor oportunidad a las generaciones venideras. Eso se lo debía a Ana y por eso salió a la luz con la verdad, aunque fuera dolorosa.

El padre de Editha, Rodolfo, había tenido una primera esposa que le fue infiel con su empleado, y él decidió distanciarse de ella sin poder perdonarla, a pesar de que la mujer había sido honesta y transparente. Allí comenzó su dolor y fue el inicio de su vida llena de ira que sofocó. Se casó con su madre, Ana, a quien declaró santa, y después de varios hijos y muchos años de ilusión, llegó el día en que la verdad se le reveló. La madre de Editha, en una disputa prolongada que estaba a punto de tomar el carácter de ruptura definitiva, había hecho lo impensable. Había tenido un desliz con el hermano mayor de Rodolfo, había sido su amante secreta, apasionada y fugaz. La verdad salió a la luz y la ira de Rodolfo colapsó, transformándose en esa depresión silenciosa, suicida, que avanzaba en él como una carie incurable. Ana estaba arrepentida, pero ya no había vuelta atrás. La confianza se había roto y el matrimonio, destruido, cubierto por un manto que pretendía que todo estuviera bien, con el controvertido y pe******do intento de dar un hogar a los seis hijos que tenían derecho a crecer en un entorno familiar. Editha era una de las hijas engañadas, y aquella confidente de la madre estaba al tanto de la verdad. La madre de Ana había cometido un error similar en su matrimonio, y Ana era la hija del desliz secreto de su madre, la "abuela santa" de Editha.

Ella lloró durante semanas por la cobardía que habían tenido esas mujeres de su familia al no enfrentar su realidad y al no reconocer su infelicidad en sus relaciones maritales, lo débiles que fueron al no abandonar su sagrado vínculo y seguir adelante con su verdad, solas con sus hijos, dignas de regenerarse y volver a construir todo desde cero, con honestidad.
Editha agradeció a la amiga de su madre por haber sido leal a la verdad y le aseguró que se haría cargo de sus propias sombras, que asumiría y permitiría su dolor, su vacío, su abismo, para que este siguiera despertándola. Intercambiaron sus números de teléfono para brindarle ayuda en caso de una emergencia.

Editha regresó a buscar a su hijo, se reencontró con su marido en Ecuador y purificó su alma y su realidad. La auto-mentira era simplemente un veneno y preservaba y sellaba su herida oculta. Así no podía continuar, decidió valientemente. El marido de Editha comprendió que el fin de su unión había llegado y le confesó que ya había percibido la mentira de la vida familiar feliz algunos años antes. No se había atrevido a hablarle de su vida paralela con otras mujeres emocionantes que renovaban su energía vital, pero, a su juicio, en ese punto de inflexión ya no era necesario confesar la verdad, ya que Editha ya había tomado su decisión. Disolvieron su vínculo y se comprometieron a ayudarse mutuamente para que su hijo Sebastián pudiera estar con ambos padres sin inventar obstáculos insuperables. Editha se fue a Buenos Aires con su hijo y, después de algunos años, se estableció con él en Puerto Iguazú, donde alquiló un local para vender ropa. El padre lo visitaba regularmente siempre que su vida se lo permitía. Editha compraba ropa a precios bajos en São Paulo y la vendía en Argentina, lo que le permitía mantenerse a ella y a su hijo en un entorno financieramente estable. Sebastián creció en paz, formó su familia, nacieron dos nietos y Editha se jubiló.
Editha descubrió entonces que sus sombras se iban aclarando cada vez más gracias a las llamadas que mantenía regularmente con la amiga de su madre para aclarar y resolver su mundo interior. Poco a poco liberó sus emociones de agitación, su rabia por las injusticias, su desesperación al caer nuevamente en el autoengaño. La tristeza de su pasado y su dolor se aliviaron.
Llegó el día de volver a Villarrica y despedirse de la amiga de su madre, al enterarse de su muerte. Editha lloró, soltó a esa alma noble, valiente y transparente y le prometió ser valiente, asumir la auto-responsabilidad por sus insuficientes nieblas y vacíos para prevenir y sanar su propia depresión.

¡Fue un pacto que hizo consigo misma junto a la tumba de la amiga de su madre! Editha se separó definitivamente en ese momento de su herencia anímica y de su carga autoimpuesta.
Y desde entonces, cada mañana al amanecer, se compromete a ser sincera, a que su luz se mantenga limpia y encendida, a que tiene la fuerza inherente y es capaz de enfrentarlo todo. Esa era su promesa diaria al amanecer. Un importante ritual interior que se repite para renovarse e introducir una chispa de esperanza o fe en la vida pragmática.

Se sintió capaz de ganar su dinero extra, ya que su pensión de jubilación era una cantidad indigna y no le alcanzaba para sobrevivir, y peor aún con la nueva política del país.
Viajó temprano a Ciudad del Este en Paraguay, como el día en que la conocí, para comprar allí ropa barata, reabrir la tienda en Puerto Iguazú y venderla en su propio negocio, que ella sola dirigía y gestionaba. Editha tenía ya 65 años. Sebastián había abierto una casa de cambio en la misma zona, transfería dinero en la triple frontera y negociaba con Bitcoins, llevaba a su madre una vez a la semana al cercano Foz de Iguazú para que pudiera comprar comida brasileña a buen precio allí.

El exmarido ecuatoriano está construyendo su casita en la misma ciudad para pronto mudarse cerca de su hijo Sebastián.
Editha concluye felizmente su relato diciendo que siempre le queda tiempo suficiente para pasar tiempo de calidad con sus nietos y que está construyendo una relación verdadera con ellos, con la esperanza de que un día sean lo suficientemente maduros como para confiarles su biografía y enseñarles cómo prevenir y sanar la depresión, especialmente para transmitirles cómo mantener las puertas del corazón abiertas, la conciencia pura y explicarles que no deben permitir la auto-mentira, ni sofocar las incongruencias y la ira.

Pronto llegará el momento de mostrarles cómo la verdad sana y cómo pueden encender la fuerza de la luz y agradecer en cada amanecer por crear lo divino en su propia vida como algo natural.
Cada amanecer se repite y nos da una nueva oportunidad para seguir el pacto de amor propio que hemos hecho con nosotros mismos y con la vida que surge de nosotros.
Gracias, Editha, por contarme tu íntima historia en el autobús entre Argentina y Paraguay y por compartir tu verdad. Estoy seguro de que sanará otras heridas y llenará vacíos ajenos, encendiendo la luz del sagrado auto-compromiso con la vida que nos es dada y que se cultiva colectivamente.

El Pacto del Amanecer (Parte 1)Fue un encuentro conmovedor cuando vi por primera vez a Editha de Villarrica.No olvido su...
14/11/2025

El Pacto del Amanecer (Parte 1)

Fue un encuentro conmovedor cuando vi por primera vez a Editha de Villarrica.
No olvido su olor a sudor, a comida, que emanaba de su piel y que ignoré para escuchar toda su historia y ser testigo de su destino.
Como joven, ella estaba traumatizada por la inexplicable desaparición de su padre. Él sufría de un ánimo depresivo y era muy callado. Editha no podía descifrar lo que le pasaba. Un día avisó que iría al quiosco y nunca más volvió. Su esposa estaba tensa e intentó con la policía averiguar si se trataba de un secuestro. En secreto temía que no había habido suficiente comunicación entre los dos y que la desconexión crónica había marcado la relación de una manera negativa. Tal vez hubiera sido mejor discutir, enfrentar la verdad y solucionar conjuntamente, soñar y desarrollar esperanzas, en lugar de quedarse mudos y oponer una resistencia sin sentido. Lejos de la capacidad matrimonial madura, ella vio que ahora, dentro de sí, su fuego se había apagado totalmente.
Tres años después, la madre fue encontrada sin vida en su cama por la mañana.
Editha estaba consternada, pero de alguna manera su alma sabía que así sucedería. Sin embargo, no sabía si su padre o su madre se habían suicidado, y eso la agobiaba profundamente; era posible que ambos lo hubieran hecho, pero ella no tenía certeza. La depresión del padre había sido como una carga que llevaba toda la familia y que sofocaba la atmósfera familiar. Una vez, Editha había escuchado involuntariamente la conversación de su madre con una amiga, donde ellas suponían que el veneno de ratones sería suficiente para acabar con una vida humana. Editha se quedó sin respuesta a su conjetura, solo percibió un malestar latente en su interior que se había instalado en un rincón de su alma y amenazaba con extenderse.
Ella y sus hermanos decidieron dejar Paraguay e irse a la gran capital argentina.
Diez años después de la desaparición del padre, la policía lo declaró mu**to.
Los hermanos tenían lazos más fuertes de lo que suele ser normal en la edad adulta, porque intentaban compensar sus pérdidas y remediar su sensación de estar perdidos, amparándose uno en el otro. Su hermana encontró un trabajo en una empresa exportadora en un edificio de Buenos Aires, donde también se encontraba la embajada de Brasil.
Editha aún no sabía cómo enfrentar su orfandad; sentía este vacío como un n**o irresuelto en su interior. Se rindió frente a las preguntas sin respuestas, llevando consigo una isla oscura que a veces se agrandaba y otras veces se achicaba en su interior.
Un misterio desagradable que no se atrevía a descifrar, solo quería mirar hacia el frente, aunque era consciente de que su mirada siempre se dirigía de manera magnética hacia el suelo. Tal vez se avergonzaba de su pasado y de su herencia emocional familiar.
Tal vez solamente era una justificación para no hacer nada y aguantar los golpes que la vida daba. Ella se sentía apagada y sin dirección.

Los artistas de la vida son compositores dentro de tiempos de inseguridad, porque abren espacios de transformación y com...
28/10/2025

Los artistas de la vida son compositores dentro de tiempos de inseguridad, porque abren espacios de transformación y comparten su versión de ver y sentir la vida desde otro ángulo legítimo.

Como buscadores de la verdad, revelan, objetan, distinguen, indican, aprueban y responden al desafío que nos trae la vida, expresando gratitud y dando al espíritu su apaciguamiento merecido.

¿De dónde eres?Giuseppe tenía la piel morena como el chocolate y una sonrisa infantil seductora, única, que, a pesar de ...
22/10/2025

¿De dónde eres?

Giuseppe tenía la piel morena como el chocolate y una sonrisa infantil seductora, única, que, a pesar de inspirar alegría, resultaba ser única. Su carácter era ligero y su presencia no pesaba; a las personas les gustaba comunicarse con él para olvidarse por momentos de los remolinos que llevaban consigo las preocupaciones al centro de su ser, una atracción inevitable que los poseía sin cesar.

Ser un alivio era la vocación de Giuseppe, aunque él no lo pretendiera. Era su eco involuntario al pasar...

De niño, había escuchado cómo sus padres discutían siempre lo mismo, sin encontrar respuesta. Tenían la confusión de no hallar su historia personal. Ser desposeído de su país y sentir cortado su sentido de pertenencia era como sacar la raíz de la tierra y ponerla en un frasco de agua, sin pensar más allá.
No había planes para replantarla, pero tampoco había el coraje para definir más.

"¿De dónde vienes?" le preguntaba la gente a diario, y Giuseppe no lo sabía.
"¿Soy de donde son mis padres? ¿O soy de donde nací? ¿O de donde estoy ahora?"

¿Para qué explicar su confusión si era tan difícil encontrar rastros de sus antepasados? ¿No era suficiente ser él mismo?

¿Por qué sus padres se cargaban con ese peso y discutían algo que no tenía solución?

"Soy quien quiero ser", eso lo tenía por seguro, y "estoy donde estoy". Esto último sí lo sabían quienes le preguntaban. "Tal vez soy a donde voy".

Muchas personas no sabían a dónde iban y por eso se quedaban atrapadas en el mismo lugar, repitiendo rutinas, día tras día, simulando saber definir su vida solo porque podían justificarla por el dinero que ganaban. Estaban enchufados en un carril, sin propósito ni destino.

Giuseppe tenía sueños, anhelos, esperanza, una dirección.
Siendo joven tenía fuerza y, apenas alcanzó la edad, se marchó a viajar.

A sí mismo se confesaba: "Sé quién soy", pero ese era su secreto.
El tesoro que albergaba no era para mostrarlo a todos. "Uno no vive para venderse y lucir hasta vaciarse. Yo no perderé mi esencia sagrada".

Llegó a un hostal que parecía un hormiguero. Cada esquina estaba aprovechada: camarotes, camas en armarios, al lado del lavaplatos, bajo el altillo de los dueños del establecimiento, ampliaciones en el corredor que se convertían en nuevas viviendas de pocos metros cuadrados, pocos baños para compartir, pero nunca estaban ocupados cuando las necesitabas, una vida sin filas. La energía fluía.
Había algunas terrazas, esquinas para apartarse y descansar en el patio y reencontrarse consigo mismo.

Las hormigas, o los pasajeros, se comunicaban, cocinaban y se preguntaban de dónde venían o a dónde iban, pero esto no importaba. Siempre encontraban un lenguaje en común para entenderse, o dos, hasta a veces podían escoger entre tres idiomas para conversar.

La vida los había reunido en el mismo lugar. Y eso importaba. Compartían por días, semanas, los mismos metros cuadrados. Estaban en paz, con respeto mutuo. Y Giuseppe se sentía percibido por quien era, no solo valorado por su sonrisa que aliviaba a los demás.

Por fin podía explorar más de sí mismo, sin la función de cumplir ninguna expectativa, ni justificar si tenía raíz o no. Se sentía pleno, íntegro, y a veces percibía cansancio o tristeza. No sabía si era su verdad o algo pasajero.

¿Le pertenecía la tristeza? ¿La confusión? ¿La rabia? ¿O era un fenómeno momentáneo? "No tengo que definirlo ni aferrarme. Es una experiencia. Tampoco soy yo la ropa que me pongo, ni el día de la semana que me toca".

Por fin, el alivio que emanaba hacia los demás era su propio alivio. Poco a poco se olvidó de las discusiones de sus padres y tuvo sus propias conversaciones.
Su color chocolate no era relevante. Él se sentía desde adentro.

¿Para qué explicar tanto, si estaba conforme con su camino? No había una reina que en este hostal hormiguero insistiera con su plan para que los demás fueran sus obreros.

Cada uno tenía su plan personal, su visión y su manera de ser. La mayoría no deseaba conflicto, buscaba una nueva vida en paz, una visa de residencia en un país que los dejaba libres, acogiendo a quien fuera y de donde viniera para estar en el aquí y ahora el resto de su vida, libre de salir y entrar, sin tantas presiones de reglas que encadenan.

Ese era el lugar para que Giuseppe se viviera de adentro hacia afuera. Para hallar que él mismo era su tierra, que su alma tenía su cuerpo como tierra para anclarse y como herramienta para descubrirse. Nadie lo cuestionaba y su llegada al hormiguero era un inicio, un puente, una experiencia valiosa más. Él había llegado al mundo para ser y compartir su esencia.

Y en esta libertad de elegirse cada día de nuevo, se permitía las transformaciones. Se sentía muy agradecido. En la vida no se trataba de apropiarse de una propiedad ajena, exagerando sus esfuerzos para sentirse dueño y definirse por lo que uno tiene o quiere adquirir, hacer tanto circo mostrando su mejor cara y dar la respuesta de quién era, no tenía sentido. Él ya se tenía, desde siempre.

Las preguntas y respuestas surgían dentro de él: al menos las verdaderas.

Giuseppe era un ser vivo, una maravilla, ninguna hormiga ni un expropiado, un expat o un extraño. Había recuperado su dignidad y divinidad.

A lo liviano se había unido algo profundo y desde allí él nacía, cada día de nuevo.
El poder de su propia luz encendida era lo que tenía por seguro.
Fue una bendición contar con este recurso, y él sabía de dónde venía.

La muerte nos enseña a ser más ligeros, a desapegarnos de los detalles innecesarios que nos impiden vivir en paz y pleni...
10/09/2025

La muerte nos enseña a ser más ligeros, a desapegarnos de los detalles innecesarios que nos impiden vivir en paz y plenitud.

Las diferencias no importan si solo fomentan la pelea o la separación. Por el contrario, adquieren sentido cuando las empleamos para dar nuestro toque amoroso, sabio o práctico, como una forma de colaborar en la vida.

Soltar a los mu**tos es agradecer su aporte individual y honrar su existencia única, esa huella que dejaron en nuestras almas. No son solo huellas de recuerdos irrepetibles; son marcas que hoy en día activan nuestra intención de manifestar lo bueno, generando sentimientos positivos.

Perdonamos la dinámica compartida que no nos favoreció. Comprendemos las limitaciones humanas a nivel físico, mental y emocional.

Ahora, aquí en silencio, frente a la obra de tu vida, padre mío, suelto todo lo secundario y me conecto con tu espíritu de amor, que trajo una chispa de luz a cada uno de nosotros.

Gracias por compartir tu tiempo con nosotros. Tus enseñanzas se han convertido en las mías, y tú aceptaste que las mías fueran parte de tu camino.

Si priorizamos nuestro trabajo y conseguir más dinero, colectivamente nos estamos equivocando al caer en la trampa de de...
22/07/2025

Si priorizamos nuestro trabajo y conseguir más dinero, colectivamente nos estamos equivocando al caer en la trampa de destruir lo que es más importante para nosotros.

Vivimos con demasiado miedo, egoísmo y estrés, con agendas tan apretadas que nos falta el aire para respirar. Buscamos tanta autorrealización mientras nos perdemos más y más, enfermándonos a nosotros mismos, a los animales y amigos que usamos para nuestros propios fines.

La Tierra soporta lo que rompemos, y aunque está herida y grita a través del desequilibrio, la ignoramos.

¿Qué más podría ser la vida para nosotros?

Podría ser volver a vivir desde el equilibrio del yo u tú, cuidar de un nosotros, no solamente con los familiares, dedicarnos a lo que realmente importa, regalar nuestro tiempo a los demás, dar atención a la necesidad ajena y servir al prójimo sin buscar beneficio propio. Podría ser recordar nuestra misión y de compartir lo aprendido, volver hacer todo aquello que no cuesta dinero: respirar profundo, agradecer a mi manera sea sentiéndolo, verbalizándolo, rezando, percibiendo y disfrutando lo sutil que nos llega del universo, escribir, leer y escuchar, caminar en la naturaleza, plantar árboles y verduras, cocinar, cantar y bailar, hacer un voluntariado, amar…

Así, volveremos al equilibrio que nos regala salud y armonía.

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