04/03/2026
Durante años se enseñó que el punto gatillo es un nódulo palpable que, al presionarlo, reproduce el dolor y puede “desactivarse”.
El problema no es el síntoma; el problema es la certeza diagnóstica.
La evidencia muestra que la fiabilidad inter-evaluador en la palpación es limitada y los criterios diagnósticos clásicos no han demostrado una consistencia robusta. Esto no invalida la experiencia clínica, pero sí nos obliga a interpretarla con cautela.
Si la base diagnóstica no es sólida, nuestro discurso debe ser proporcional a esa incertidumbre. El dolor es real y la sensibilidad es real, pero convertir cada hallazgo palpable en una entidad estructural definida puede ser un exceso.
Pensar críticamente no es negar; es ajustar el nivel de certeza en función de la calidad de la evidencia.