11/02/2026
No suelo hablar de temas de actualidad y mucho menos de temas políticos, pero lo que ocurrió merece sin duda unas palabras. Para mí, lo que pasó con Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl fue mucho más que un espectáculo musical. Fue un gesto político, cultural y profundamente humano.
El Super Bowl no es solo deporte: es el momento más visto del año en Estados Unidos, aquel en el que prácticamente todo el país está mirando la misma pantalla al mismo tiempo. Por eso, quien sube a ese escenario inevitablemente habla para toda la nación.
Bad Bunny lo sabía. Entró cantando en español, sin pedir permiso, sin suavizar, sin adaptarse a lo que “normalmente” se espera. Cantó en la lengua de su infancia, de su familia, de sus raíces. La misma lengua de millones de personas que viven y trabajan en Estados Unidos, que contribuyen al país todos los días, pero que muchas veces son vistas como si estuvieran allí por tolerancia y no por derecho.
Vale la pena recordar algo que rara vez se dice: Estados Unidos no tiene una lengua oficial. El inglés no es jurídicamente “la lengua del país”. Y, de forma irónica, ni siquiera es de origen americano. Esto muestra cómo las lenguas, al igual que las personas, circulan, se mezclan y pertenecen a quienes las viven, no a quienes intentan controlarlas.
Es ahí donde el gesto de Bad Bunny adquiere una dimensión política. En un clima en el que los discursos de exclusión y desconfianza hacia los inmigrantes se han vuelto peligrosamente comunes, cantar en español en ese escenario sonó como una afirmación tranquila, pero firme: “Nosotros también formamos parte de esto”.
Sus canciones nunca han sido solo entretenimiento. Llevan historias de identidad, desigualdad, colonización y pertenencia. Hablan de comunidades que crecieron sintiendo que tenían que justificar su presencia, incluso cuando ayudan a construir el país con su trabajo y su cultura.
Ya hemos visto artistas latinos en el Super Bowl antes Shakira, Jennifer López y el propio Bad Bunny con ellas y fueron momentos históricos. Pero eran celebraciones y no cuestionamientos, y esta vez fue diferente. No hubo gritos ni confrontación agresiva; hubo presencia, y a veces la presencia es la forma más poderosa de resistencia.
En un país donde aún existen políticas que separan familias y tratan a las personas como desechables, él eligió no diluir quién es para encajar en un molde cómodo. Eligió ser íntegro. Y eso es lo que hace que el momento sea tan significativo. Mostró que la cultura también puede desafiar estructuras injustas. Recordó que la historia de Estados Unidos es, en el fondo, una historia de migraciones, como la de muchos otros países.
Lo más hermoso es que no fue una protesta agresiva. Fue música. Fue lengua. Fue memoria.
Y si te preguntas por qué lo que hizo Bad Bunny fue tan importante, es simple: él no estaba allí para agradar a todos, estaba allí para dar visibilidad a quienes rara vez son escuchados. En tiempos de tanta división, eso es valentía. Porque al final no se trata solo de la lengua o de la voz, sino de quién tiene derecho a existir sin pedir disculpas por ello.
Gracias.Gracias Gracias espero que muchos abran los ojos ,un poco mas de empatia 🙏