18/08/2024
Te entendemos mamá 💕
“Durante meses eran comunes los llantos desatados, las pataletas “sin razón”, las “mañas” sin un sentido lógico para mí en ese momento. Todo parecía ser una queja por parte de ella y sus conductas despertaban en mi un sentimiento de rabia, de incomprensión, de frustración, y una especie de contradicción entre querer salir corriendo y estar paralizada... y luego venía la culpa, por mis reacciones controladoras, por el desborde, por haberle dicho cosas feas, por no haber tenido más paciencia.
Al principio fue tomar consciencia. Conectarme con lo que sentía durante los episodios de estrés de mi hija.
En esos momentos, tomaba cierta distancia que me permitía separar que era ELLA la que estaba rabiosa, frustrada.
Estas eran SUS emociones.
Intensas, como la mayoría de las emociones de una niña de 2 años.
Pero de ella, no mías.
Aprendí que tenía que ser calma para que ella se contagiara de mi y no al revés. A pesar del esfuerzo, tantas veces me pasaba lo contrario: verme teñida de sus emociones y convertirme en su par, una niña sin capacidad de regularse o explicarse que es normal lo que está pasando.
Entendí que esos sentimientos que se desataban en mi tenían que ver con mi propia historia y mi propia infancia.
Se me vinieron a la mente experiencias de niña, en donde un grito de mis padres me alertaba que no había espacio para mis emociones.
Volví a sentir esa soledad y esa poca contención, ahora reflejada en mi misma como madre.
A través de un viaje interior fui capaz de empezar a mirar afuera. Fui capaz de verla a ella, a mi hija, con sus ojitos confusos, tristes, pero a la vez llenos de amor hacia mi.
Tuve que mirarme para verla a ella.
Y así aprendí a leerla. A leer sus estados emocionales a partir de leer los míos. Darles el espacio que como adulta puedo darles ahora.
Me queda mucho todavía, se hace pesada la carga de la experiencia de no haber sido contenida, pero desde el amor y desde la reparación de mi propia niña, se hace más fácil el camino”.