08/01/2026
No repetimos vínculos dolorosos porque nos guste sufrir.
Los repetimos porque hay algo no resuelto que busca ser visto.
Muchas veces elegimos desde heridas antiguas,
desde carencias emocionales,
desde formas de amor que aprendimos muy temprano.
Lo conocido se siente seguro,
aunque duela.
Repetimos vínculos que duelen cuando confundimos intensidad con amor,
cuando creemos que tenemos que esforzarnos para ser elegidos,
o cuando el abandono interno todavía está presente.
El inconsciente busca cerrar historias,
aunque no siempre lo haga de la forma más amable.
Por eso, hasta que no hacemos consciente la herida,
la escena se repite con distintos nombres y rostros.
Sanar no es encontrar a alguien distinto,
es relacionarte distinto contigo.
Poner límites, escuchar tu cuerpo, elegir desde la calma
y no desde la urgencia.
Cuando aprendes a darte el amor que faltó,
dejas de mendigarlo afuera.
Y ahí, los vínculos también cambian.