12/03/2020
...DE RESPIRAR
“Hay verdades evidentes que no necesitan ninguna demostración pero porque son evidentes escapan a nuestra atención. Por ejemplo: nadie negara la importancia de estar vivo. Nosotros queremos estar vivos y sin embargo, olvidamos respirar, tenemos miedo de movernos y somos renuentes a sentir” (A. Lowen, conferencia sobre respiración, sentimiento y movimiento).
La respiración es una herramienta muy importante para sentir el placer de estar vivos, más que importante es fundamental ya que con ella podemos ampliar nuestra capacidad de sentir, de movernos, de vivir. Su contrapartida, una respiración pobre o clavicular, reduce la capacidad de oxigenación y junto a ello, la vitalidad con todo lo que esto involucra (baja capacidad para sentir, desorientación, desborde emocional, angustia, depresión, enfermedades respiratorias, baja temperatura, ánimo descendido, etc.).
La respiración consciente es una técnica utilizada por culturas antiguas y milenarias, quienes han descubierto en su práctica regular amplios beneficios para el ser humano y su equilibrio psicofísico. En la práctica del Yoga por ejemplo, se le conoce como Pranayama (respiración consiente), y a su práctica se le adjudican beneficios tales como renovar cada célula del cuerpo proporcionando oxígeno y energía, además de limpiar desechos
metabólicos a través de la sangre rica en O2, es decir, eliminar toxinas. Se le adjudica también la capacidad de movilizar y activar órganos vitales, reducir estrés, generar calor, entre muchos otros beneficios.
Por otro lado, en filosofías y corrientes de carácter místico y ocultista se le conoce y utiliza como puerta de entrada para acceder a estados de trance y comunicación con lo divino. Portal de acceso a información más profunda e “inconsciente” en donde se encuentra este espacio colmado de sabiduría que es la conexión con esa información universal interior, que permite adquirir mayor consciencia, conocimiento, conexión con la realidad inmediata y trascendente. No es menor que su práctica regular permita una claridad importante y propicie estados de conciencia más elevados, adjudicado esto a una oxigenación e irrigación sanguínea corporal y cerebral importante. Junto a ello la adquisición de mayor sensibilidad corporal pues despierta la totalidad de nuestras células y músculos, siendo esa información recibida por la gran computadora cerebral. Este proceso permite una clara conexión mente cuerpo y abriendo la posibilidad de modificar – nos permanentemente pero esta vez, de manera más consciente, es decir, tomando posesión del templo y convertirnos en Dioses.
Actualmente existe evidencia en el ámbito de las ciencias de una estrecha relación entre una buena respiración con el desarrollo de capacidades y aptitudes cognitivas. Una buena oxigenación mantiene al cerebro y sistema nervioso en condiciones adecuadas para realizar actividades que requieren de atención, equilibrio, coordinación, flexibilidad y memoria por ejemplo. Junto a lo anterior una buena oxigenación propicia una conexión neuromuscular correcta además de mantener en equilibrio la interacción entre neuronas. Es importante señalar que hay más factores que intervienen en una buena salud y funcionamiento del sistema nervioso como la cantidad de glucosa disponible en el cuerpo pero no es menor la importancia que entrega una buena oxigenación
Alexander Lowen señala en su conferencia sobre la respiración, la importancia de que esta sea apropiada para mantener la salud emocional y física. “…el oxígeno proporciona la energía para mover el organismo pero no comprendemos que la respiración inadecuada reduce la vitalidad del mismo. Las quejas frecuentes de cansancio o agotamiento generalmente no se atribuyen a una respiración pobre. Sin embargo, la depresión y fatiga son resultado directo de una respiración deprimida. La combustión metabólica
es pobre en la ausencia de oxígeno suficiente, como un fuego con poco tiro. En lugar de brillar con la vida, el “respirador pobre” esta frio, embotado e inanimado. Le falta calor y energía. Su circulación está directamente afectada por la falta de oxígeno.”
Suele ocurrir y principalmente durante los primeros años de vida, que por diversos motivos o experiencias de carácter disruptivas asociadas principalmente al tipo de vínculo que establece la madre con el niño (relación de apego), dependiendo de si la respuesta a las necesidades del niño es débil, aversiva o ausente, esta ira reduciendo paulatinamente
nuestra capacidad de contacto con el entorno, de movimiento y de respirar debido a acumulación de tensión en ciertas cadenas musculares o grupos musculares, disminuyendo con ello nuestra capacidad de sentir, expresar y movernos. Suele ocurrir que cuando percibimos rechazo respecto a la posibilidad de cubrir nuestras necesidades sean del origen que estas sean (de nutrición en un amplio sentido, inicialmente). Al ir adaptándonos a las demandas socioculturales comenzamos a reducir nuestra espontaneidad, la capacidad de despliegue, de independencia, de movimiento y junto a ellos de sentir debido a tensiones musculares. Estas pueden incluso reducir nuestra percepción de nosotros, nuestra capacidad de flexibilizar pensamientos e ideas, de conexión con la realidad llegando en ocasiones a desconectarnos del entorno (estados disociativos o de despersonalización). Detrás de esta reducción en la capacidad respiratoria se encuentra la intención de aminorar la sensación de dolor que nos genera el rechazo percibido por el entorno, el que identificamos como hostil y posteriormente nos “desgastamos” en enfocar nuestra energía vital buscando convertirnos en aquel ser “querible o deseable”, el yo ideal, es decir, cultural y socialmente adaptado, un “buen hijo/hija”. Esto reduce la posibilidad que tenemos de potencial desarrollo como ser humano
Una vez que se ha reducido la capacidad de respiración, es posible observar el fenómeno en bloqueos o tensiones que se alojan en diversas zonas del cuerpo como; pelvis, estomago, tórax, garganta, hombros, cuello y frente. Zonas asociadas a la sensación de emociones (garganta, pecho, espalda, estomago, hombros), capacidad de expresión (cara, cuello, hombro, brazos) y movimiento (pelvis, brazos, cara, piernas). Reducimos o disminuimos la capacidad de movimiento para evitar sentir el dolor. Solemos contener la respiración para no sentir el temor de “quedarnos solos” en el mundo a expensas de morir, de desaparecer pues nuestra sobrevivencia es inicialmente dependiente, simbiótica y porque no decirlo, puede mantenerse así durante casi gran parte de nuestra vida si no tomamos conciencia de
como rige nuestras decisiones y con quien nos relacionamos.
“¿Por qué tantas personas tiene dificultad en respirar plena y fácilmente? La
respuesta es que respirar crea sentimientos y las personas tienen miedo a sentir. Se asustan al sentir su tristeza, su enojo, su miedo. De niños retuvieron su respiración para no llorar, tiraron de sus hombros atrás y pusieron tenso el pecho para contener su enojo y constriñeron su garganta para impedir el gritar. El efecto de cada una de estas maniobras es limitar y reducir la respiración.” (A. Lowen)
Con frecuencia comparto con quienes asisten a consulta, la importancia de detenernos a observar la respiración, ya que esto puede señalar que ámbito de nuestra vida se encuentra disminuido o ausente y cuál es el que suele tener mayor relevancia. Tengo la impresión que en la respiración, en su ciclo, el que divido arbitrariamente en 3 fases: 1.- tomar/inhalar 2.-
contener/sostener y 3.- exhalar/botar, dejar soltar, están escondidos sus correlatos psíquicos, los que afectan la manera en como percibimos la vida y como reaccionamos frente a ella
- En la fase de inhalar se encuentra escondida nuestra capacidad de tomar oxigeno; tomar la vida, tomar abrazos, tomar energía, tomar caricias, etc.
- La segunda fase de contener nos habla de cuanto sostenemos, cuanto nos
permitimos abrazar lo nuestro, cuanto saboreamos la vida o cuanto retemos/reprimimos.
- En la tercera fase se encuentra lo que dejamos, lo que entregamos, lo que
devolvemos, lo que no nos sirve y principalmente, lo que dejamos ir, lo que soltamos para permitir que la vida nos vuelva a sorprender, a llenar y/o recargar.
Hablo de fases porque pienso que en cada uno existe un proceso importante, necesario de observar y porque al estar alguno de estas 3 fases ausente, quedara de manifiesta en algún ámbito de nuestra vida, por lo que es necesario recobrar eso que se nos ha “olvidado” para recuperar el equilibrio, la harmonía y gusto por vivir.
Técnicamente son 2 las fases de la respiración; inhalación/exhalación similar al pulso, al ritmo del corazón que habla de cómo la vida se presenta, como ella es; tomar/soltar. Ese es el ritmo que es necesario recuperar para permitirnos si quiera al menos comenzar a sentir, tomar las riendas de nuestra existencia. Agrego arbitrariamente el proceso de retención/contención porque es importante también darnos el espacio de saborear lo que la vida nos da, saborear lo que necesitamos y junto a ello, dejar que esta nos satisfaga hasta la última célula de nuestro cuerpo.
Sobre la represión/contención Lowen señala al respecto “….recíprocamente, la supresión de cualquier sentimiento produce inhibición de la respiración. Ahora, de adultos, inhiben su respiración para guardar estos sentimientos en la represión. Así, la incapacidad para respirar normalmente se vuelve el obstáculo principal a la recuperación de la salud emocional”.
Quiero agregar que en un cuerpo que acostumbra a retener la respiración, reprimir lo que siente o no decir lo que le pasa, mostrara claramente que la 3era fase estará disminuida y que existe un grado de represión emocional importante, con la consecuente experiencia de estar siempre al límite, de sentir que en cualquier momento explota (y por lo general así es y lo hace con todo en el momento más inesperado), de estar generalmente tensionado y agotado pues sostener cansa.
Es probable que tenga dificultad para experimentar la vida y la sensación de que nada es suficiente sea aún mayor, pues cuando retengo no hay espacio para que entre más contenido, más oxígeno, más vida. No es extraño que cuando se solicita a la persona poner acento en oír su exhalación, esta genere una sensación de alivio importante y muchas veces el trabajo terapéutico se ve enfocado gran parte del tiempo en ahondar en ese alivio que genera oír la propia exhalación.
Reprimir las emociones genera una utilización y desgaste de energía importante así como también lo hace, intentar ser constantemente esa persona “agradable”, “querible” puesto que carece de espontaneidad y fluidez. Reprimir implica tensionar y la tensión disminuye la capacidad de respirar. Junto a ello el cuerpo percibe que hay peligro permanente afuera,
que es importante estar alerta y defenderse, enviando esa información al cerebro el que da la señal para que los órganos correspondientes (endocrinos) comiencen a secretar adrenalina y cortisol, lo que lleva a una sensación de estrés que al ser mantenida durante mucho tiempo, años en algunos casos, deriva en disrupciones funcionales en órganos y tejidos. En más de alguna ocasión propicia las condiciones para el desarrollo de cáncer.
He aquí entonces la importancia de la respiración como parte del proceso de acompañamiento terapéutico, la necesidad de detenernos y observar lo que a simple vista parece tan obvio; “¿cómo no voy a respirar?, moriría!”, “me siento ahogado y a punto de explotar”, “es como si me faltara el aire”, “me siento sin animo, como depresivo” y unas cuantas frases que aparecen con frecuencia y que señalan cuan protagónica es la respiración en mi vida. Es a través del relato que podemos comprender el mundo en el que vive la otra persona, como se ve a sí misma y como percibe su vida pero solo a través de la observación del cuerpo y el contacto con este espacio, es que podemos indagar con mayor profundidad que es lo que nos “aqueja”, que es lo que creemos que falta, que es lo que necesitamos, como me paro/posiciono en el mundo y en mi vida porque el cuerpo jamás miente.
Respirar no es solo inhalar/exhalar sino que tiene una importancia aún más profunda y es de alguna manera, la llave a un mundo transformador y poderoso que con el acompañamiento apropiado puede mostrar el universo en el que estamos inmersos y convertirlo en un sin fin de experiencias enriquecedoras y gratificantes, podemos alcanzar la felicidad y el gozo de
vivir. Es un proceso lento y de trabajo constante, que requiere de mucho cuidado pues ira emergiendo en su observación sensaciones, emociones e impulsos que no conocíamos y que son necesario de expresar, para que junto a ello podamos ir comprendiendo quienes somos y hacia donde tenemos que ir o quizas incluso ni siquiera ir sino que quedarnos y disfrutar.
José Luis Fernández Aguirre
Psicólogo/Psicoterapeuta corporal
Post título en Educación Emocional
Coach – Facilitador en terapia grupal Bioenergética