21/03/2026
Hace unos días leí una noticia que me dejó el alma apretada… una carta amenazando a una niña con síndrome de Down. Desde ese momento no he dejado de pensar en eso, no solo como psicóloga, sino también como mamá. Hoy supe que la persona fue detenida… y aunque eso da cierta sensación de resguardo, no alcanza a reparar lo que se moviliza emocionalmente.
Soy psicóloga y antes de ser mamá trabajé en escuelas especiales… fueron, sin duda, los años más significativos y hermosos de mi vida laboral. Y después la vida me lo mostró en primera persona… porque también soy mamá de un niño con síndrome de Down, mi príncipe encantado. Y desde ese lugar, desde el amor más real, puedo decir que hay cosas que no se aprenden en los libros, sino en el vínculo, en la presencia, en cómo ellos habitan el mundo.
Las personas con síndrome de Down tienen una forma de amar que es difícil de explicar… un amor sin máscaras, sin cálculo, profundamente genuino. Y es inevitable no pensarlo, porque en terapia veo a muchos adultos intentando volver a ese lugar.
Como psicóloga puedo comprender que detrás de estos actos hay negación, miedo a lo distinto, rechazo o aprendizajes muy dañinos… pero comprender no es justificar. Nada justifica el dolor que se le provoca a una niña, a su familia y a tantas familias que vivimos esto desde el amor.
Duele… porque una no solo acompaña la vida de su hijo, también teme por cómo el mundo lo va a tratar.
Mi hijo me enseña todos los días a mirar más lento, a valorar lo simple, a sentir sin tanto filtro… y me recuerda algo que a veces olvidamos: que el amor, cuando es real, no necesita condiciones.
Quizás la verdadera evolución está en eso… en volver a lo esencial, a lo humano, a lo genuino.
Con amor,
Karin Jury 💙