12/08/2025
Decidir sembrar ha cambiado mi perspectiva de la vida.
Aprendo y (me) comprendo a través de lo que la tierra me muestra con hechos y ejemplos, sólo me exige ser observadora, entre más observadora sea, más aprendo del tiempo, de los procesos, de los "errores", de los estímulos, de la convivencia, de los diferentes dones, de la vida, de la muerte, de la coexistencia y posibilidad de vivir el enraizamiento y la ligereza al mismo tiempo, de la importancia de lo sutil y su revelación en lo burdo y en lo tangible.
Sembrar, críar, sostener, me regala disciplina, guía, esperanza, abundancia y mucha, mucha dicha. Me hace vivir poesía, inspiración, confianza y abrir más el corazón, porque para hablar con la Naturaleza, no puede ser desde un diálogo racional, sino vibracional, y eso, poco a poco, lo voy desarrollando con su ayuda y con nuestra constante convivencia. No es rápido, no es fácil, no es de “ a veces” o “cuando quiera”, porque como cualquier discípulo con su maestro (por expresar de alguna forma cómo me siento en este momento, siendo obviamente yo la discípula, jajaj) hay que tener disposición, humildad, respeto y disciplina. Pero era algo que necesitaba y estaba buscando.
Todos los días las semillas piden agua y un canto, o al menos un gesto cariñoso, y si no, me hacen notar su sed y la ausencia de mi colaboración. Todo acto influye en los resultados que tenemos como un efecto dominó. En fin, sigo con mis experimentos humanos jugando y explorando la vida a través de este gran jardín en el que caí.
Gracias porque, curiosamente, siempre volvemos a estar muy cerca. ;)