04/01/2026
La energía toroidal es el movimiento eterno de la conciencia, un flujo que nace del vacío, se expande, se repliega y vuelve a sí mismo, como una respiración infinita del universo.
Todo lo que existe sigue este mismo patrón, desde la partícula más pequeña hasta galaxias completas, desde el cuerpo humano hasta los campos magnéticos que envuelven la Tierra. Nada está separado de este pulso constante de expansión y retorno.
El toroide representa la unión de los opuestos que se complementan. Lo implosivo y lo explosivo, lo femenino y lo masculino, el orden y el caos no se contradicen, se necesitan.
Cada experiencia en la vida recorre este mismo camino. Primero se expande, busca, rompe estructuras, se aleja del centro, hasta que llega al límite y comienza el regreso.
Solo cuando una vivencia vuelve sobre sí misma puede integrarse, transformarse y dar paso a un nuevo ciclo en otra escala de percepción.
En el ser humano este flujo se expresa con especial fuerza en el corazón. El corazón genera el campo electromagnético más potente del cuerpo y su movimiento es toroidal.
Explorar el corazón es atravesar un umbral de conciencia donde el adentro y el afuera dejan de estar separados.
Al entrar en ese espacio no escapamos del mundo, lo abarcamos. La conciencia se expande, el ser se recuerda a sí mismo y el origen vuelve a encontrarse con el destino.
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