19/01/2026
PERSONAS QUE PROVOCAN INCENDIOS: PERFILES PSICOLÓGICOS
No todas las personas que provocan incendios responden al mismo patrón. Desde la psicología, es un error pensar que “todos son pirómanos”. En realidad, el incendio puede tener múltiples motivaciones: algunas instrumentales (venganza, lucro, encubrimiento), otras ideológicas, y otras profundamente emocionales. Por eso, el perfil psicológico varía según la función que el fuego cumple para cada sujeto.
En ciertos casos, el incendio es un acto de poder. La persona siente que su vida es irrelevante, que no tiene impacto o que no es vista, y el fuego aparece como una manera extrema de inscribir presencia en el mundo. El incendio se vuelve una declaración: “yo existo”, “yo puedo cambiarlo todo”, aunque sea desde la destrucción. En estas situaciones, suele haber baja autoestima, resentimiento acumulado y una identidad frágil.
En otros casos, el incendio se vincula a rabia y agresión desplazada. Cuando alguien no puede expresar su odio, su humillación o su frustración hacia quienes le han dañado, la violencia se canaliza hacia objetos, bosques, casas, estructuras. El fuego funciona como forma de venganza indirecta o de descarga agresiva, a veces en contextos de conflictos familiares, comunitarios o sociales.
También existen incendios asociados a búsqueda de excitación. Algunas personas presentan impulsividad, necesidad de riesgo, tendencia a conductas temerarias y placer en lo prohibido. Aquí puede existir inmadurez emocional y dificultades para evaluar consecuencias. En ciertos perfiles, el incendio forma parte de una escalada de conductas antisociales, con escasa empatía y poco registro del daño.
Un grupo particular es el de quienes presentan fascinación por el fuego. En la piromanía, lo central no es el beneficio externo sino la tensión previa y el alivio posterior. La persona puede experimentar una atracción intensa por llamas, humo, sirenas y el despliegue asociado al incendio. El acto se vive casi como compulsión: primero aumenta la tensión interna y luego llega la descarga.
En muchos casos, el incendio aparece sobre un trasfondo de trauma o niñez herida. Hay sujetos con historias de abandono, negligencia o violencia temprana para quienes el fuego cumple una función emocional: organizar el caos interno, transformar angustia en acción, sentir control donde antes hubo impotencia. El incendio puede convertirse en un lenguaje para lo que no pudo simbolizarse con palabras.
Finalmente, es frecuente que existan comorbilidades: consumo problemático de alcohol o dr**as, depresión, trastornos del ánimo, TDAH, impulsividad y, en algunos casos, rasgos de personalidad antisocial o límite. Lo que define el perfil no es solo el acto, sino el sentido psicológico que el fuego adquiere.