Terapia floral para todos

Terapia floral para todos Terapia natural enfocada en el desarrollo integral de las personas, potenciando sus capacidades y equilibrando sus emociones.

Trabajo especializado con padres que deseen una alternativa natural para las dificultades de sus niños y niñas. Para todos aquellos adultos que quieren buscar una alternativa natural y efectiva para las dificultades propias del ciclo vital de sus hij@s, tales como; dificultades de aprendizaje, trastornos de ansiedad, déficit atencional, hiperactividad, entre otros. Trabajo con niños, niñas y adolescentes, con una amplia experiencia en el campo psicoeducativo y emocional. Educadora diferencial especialista en problemas de aprendizaje, trastornos de audición y lenguaje. Terapeuta floral, diplomada en vínculo y apego (CIDETEF).

Bella analogía para antes de dormir. Buenas noches!
05/12/2018

Bella analogía para antes de dormir. Buenas noches!

A los seres humanos por naturaleza nos atrae, lo nuevo, la adrenalina, “la química”. Ser alquimistas del Amor o Magos del amor es diferente; nos exige estar conscientes de que el amor no es lo que sucede mientras estamos desnudos en una cama, el amor es lo que sucede a cada momento con esa pers...

Cuando a veces sentimos algo inexplicable con alguien, una conexión especial.
04/12/2018

Cuando a veces sentimos algo inexplicable con alguien, una conexión especial.

La psicología de la conexión nos dice que coincidir con ciertas personas no es lo mismo que "conectar" con otras que realmente nos son significativas.

Y no sólo felicidad. Es imperante hoy por hoy, lenguajear entre nosotros, saber escuchar a sentidos abiertos, nutrirnos ...
20/11/2018

Y no sólo felicidad. Es imperante hoy por hoy, lenguajear entre nosotros, saber escuchar a sentidos abiertos, nutrirnos en un otro para así modificar nuestras percepciones y por ende nuestra 'realidad'.

Las buenas conversaciones nos dan felicidad, seguridad y un espacio donde nuestro cerebro se siente seguro y se enriquece del intercambio de información.

A veces nos perdemos en el hacer para no sentir  todo aquello que ocurre dentro de nosotrxs. Conectar, nutrir, crecer.
15/11/2018

A veces nos perdemos en el hacer para no sentir todo aquello que ocurre dentro de nosotrxs. Conectar, nutrir, crecer.

Falta de empatía, escaso autocontrol, poca resistencia a la frustración, nula gestión en materia de emociones... El analfabetismo emocional abunda aún demasiado en nuestros entornos más cotidianos...

Desde lo concreto lo podemos observar en estas siete señales, pero también puedes sentirlo desde muy dentro de ti. Bienv...
25/09/2018

Desde lo concreto lo podemos observar en estas siete señales, pero también puedes sentirlo desde muy dentro de ti. Bienvenida primavera!

Buena semana para todos!
06/08/2018

Buena semana para todos!

06/06/2018

EL TIPO DE AMOR QUE MERECES

Más que nada, deseamos ser vistos.
Ser sostenidos en una presencia segura, sin prejuicios, que todo lo acepta.

Ser vistos a través de ojos amorosos.

Y "ser vistos" es lo que más nos atemoriza.
Más que a la muerte, tememos la mirada penetrante de la intimidad.
Y lo anhelamos igualmente.

¡Implica tanto coraje el mostrarte a ti mismo!

El sacarte la máscara, cuando te ves y te sientes peor sacarte tu máscara (la cual te estaba sofocando de todas formas) y decir, "Mira. Mira. Aquí estoy, mundo".

Dejarte a ti mismo ser visto
antes de estar listo.
Cuando te sientes más corrompido, más sucio, más desdichado y menos digno de ser amado, el menos evolucionado, el más aburrido, el más confundido y solitario, roto, triste, enojado y herido; dejar quete vean así.
Ahí, en ese doloroso, vergonzoso lugar.

Deja que entre la luz.
Sal de tu escondite e invita a alguien a tu mundo "privado".
Déjalos ser testigos del auténtico y real tú.
Antes de esa lamentable defensa llamada "personalidad".

Di, "Miren. Miren, amigos, aquí estoy".
¡Corre el riesgo de ser amado!
El riesgo de ser rechazado, sí.
El riesgo de ser avergonzado de nuevo, de que se rían de ti de nuevo, ridiculizado de nuevo, quizás.
El riesgo de ser visto como un fracaso. Como enfermo, roto, feo, o débil.

¿Pero el riesgo de ser amado?
Sí. Corre el riesgo hoy porque la vida es corta, y es agotador tratar de reprimir tu ser auténtico. Deja que te vean en lo puro. El tú vulnerable.El tú sin protección, sin respuestas, sin habilidad. El tú imperfecto.

Porque la vergüenza más profunda solo se sana en la luz del amor.
Y tus defectos siempre quisieron ser tocados con una consciencia tan tierna que daría a luz a universos enteros para encontrarse a si misma.

Y puedes caer ahora en los brazos de un amig@ amoros@.
Quien te sostendrá.
Desnudo. Desprotegido. Imperfecto.
Adorable.

Tal como eres.

Este es el tipo de amor que tú mereces.
El tipo de amor que te baña en gentileza cuando te sientes más avergonzado, más perdido.
Cuando te sientes más pequeño.
Un amor inmenso que te sostiene.
Nunca te conformes con menos.

- Jeff Foster

15/04/2018

MANIFIESTO DE OTOÑO (Cristian Warnken) Le pido a una vecina que, por favor, no barra las hojas de otoño que se han acumulado estos días en nuestra vereda común. Me mira extrañada. Sonríe. Comprendo que sea difícil entender a un vecino que defienda el derecho de las hojas de los liquidámbares y los “ginkgo biloba” a permanecer ahí, para ser contempladas, para ser pisadas (algunas crujen), para jugar con ellas. Las hojas del otoño en nuestra ciudad desafían nuestros intentos de tener todo bajo control. Innumerables hojas amarillas, rojas, castaño, caen y caen sin tregua, como diciéndonos: “Todo cae, pero caer es hermoso. Eres también una hoja de tu propio otoño, batida por el viento, déjate caer”. Somos pasajeros. Destellos en la noche. Pensamos que aceptar eso con resignación significa asumir una humillante derrota, la derrota ante la finitud y la muerte. Pero el mismo otoño —gran maestro de las estaciones— se encarga de enseñarnos que envejecer y declinar es bello. El otoño no se hace implantes ni liposucciones a sí mismo. No busca prolongar artificialmente la primavera, esplende con el máximo de intensidad en el momento mismo de eclipsarse, igual que las estrellas que, cuando colapsan, estallan en un espectáculo pirotécnico de adiós. El cielo se ha encargado de hacer del ocaso una fiesta y no un funeral. ¡No barramos las hojas de este otoño, dejémoslas el máximo tiempo posible acompañarnos en nuestro fugaz paso por esta tierra! Si los niños no pisan las hojas de otoño desde temprano, ¿qué tipo de adultos serán mañana? La mayor parte de nuestras neurosis, frustraciones, rabias y falta de sabiduría para vivir nacen de que nadie nos ha enseñado a envejecer y a morir. Salvo el otoño. Pero para mirar y aprender de las alfombras de hojas, hay que tener tiempo. ¿Y quién tiene hoy tiempo? No tenemos ni tiempo para detenernos para entender que nosotros mismos somos el mismo tiempo que se nos va. En estos días vertiginosos, en que malgastamos la poca vida que nos fue dada en tacos interminables, en correr de asunto en asunto, de “evento” en “evento” como sombras, y en que hemos dejado de vivenciar la vida como el mayor acontecimiento de todos, es bueno arrimarse a un árbol de otoño. Permanecer junto a él lo más que podamos y decir como Fausto, embelesado y redimido ante Helena: “El espíritu no mira ni hacia delante ni hacia atrás. Tan sólo el presente es nuestra felicidad”. Es interesante que el arquetipo del nihilista, el Fausto que no sabe g***r del presente —salvo en este diálogo con Helena y en la escena final de la obra— y es devorado por sus deseos insaciables y el futuro, encarne por un momento lo que el mismo Goethe llamó “la salud del momento”. Mientras miro embelesado caer las hojas de los árboles de este otoño, compadezco a los que veo correr desaforadamente tras un éxito ilusorio y vano. ¿Qué Presidente de la República, político, empresario o estrella de rock tiene tiempo para perder deambulando entre las hojas, con amigos y no con asesores o guardias personales? ¿Cuántos de nosotros mismos no estamos secuestrados por nuestros propios éxitos? Pregúntate dónde está “tu” otoño, cuántas hojas contaste en la vereda de tu calle, y serás mejor gobernante, mejor empresario, mejor artista, mejor hombre. No es en las encuestas, en los focus groups, en los indicadores económicos, en los gráficos de fastidiosos y monótonos power-points donde están las respuestas. La respuesta, como dijo Bob Dylan —que está cantando mejor que nunca a sus 70 años—, “está temblando en el viento”. No es cierto que para ser un mejor país necesitamos sólo más “emprendedores”—como se repite tanto hoy—. Lo que el mundo necesita hoy con urgencia son más contemplativos, más sabios, más habitantes del instante, más guardianes del otoño. Por eso, querida vecina, no barra esas hojas, que no son hojas sino espejos, letras de un alfabeto inmemorial que de nuevo debemos aprender a leer, para volver a ser.

26/03/2018

Amar a un ser humano
Humberto Maturana.

Amar a un ser humano es fluir, es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni siquiera en sí mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.

Amar a un ser humano es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención, interés y respeto; aceptar su experiencia sin pretender modificarla sino comprenderla; ofrecerle un espacio en el que pueda descubrirse sin miedo a ser calificado, en el que sienta la confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado; es reconocer y mostrar que tiene el derecho inalienable de elegir su propio camino, aunque éste no coincida con el tuyo; es permitirle descubrir su verdad interior por sí mismo, a su manera: apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus expectativas; es valorarlo por ser quien es, no por como tú desearías que fuera; es confiar en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y confianza en su poder como ser humano.

Amar a un ser humano es atreverte a mostrarte indefenso, sin poses ni caretas, revelando tu verdad desnuda, honesta y transparente; es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables; permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes prefabricadas para causar una impresión favorable; es exponer tus deseos y necesidades, sin esperar que se haga responsable de saciarlas; es expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas; es disfrutar del privilegio de ser tú mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y en esta forma, irte encontrando a ti mismo en facetas siempre nuevas y distintas; es ser veraz, y sin miedo ni vergüenza, decirle con la mirada cristalina, "este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy con gusto y libremente, contigo lo comparto... si tú quieres recibirlo".

Amar a un ser humano es disfrutar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente y responder en forma activa a su necesidad de desarrollo personal; es creer en él cuando duda de sí mismo, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha; es compartir en el presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras ni obligaciones impuestas, por la espontánea decisión de responderle libremente.

Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.

Amar a un ser humano es atreverte a expresar el cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada, de tu abrazo vigoroso, de tus besos, con palabras francas y sencillas; es hacerle saber y sentir cuánto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa honestamente, que cuenta contigo; es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría; es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido.

Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios limites y mantenerlos firmemente; es respetarte a tí mismo y no permitir que el otro transgreda aquellos que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en tí mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas
en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano", de la cual tú formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados oscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, es amarte a tí mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

Es urgente poder sanar, para aventurarse a amar
13/03/2018

Es urgente poder sanar, para aventurarse a amar

AMAR AL NIÑO INTERIOR Si no puedes intimar con otras personas, es porque no sabes cómo intimar con tu propio niño interior. El pequeño que hay dentro de ti está dolido y asustado. Ayuda y acompaña a tu niño. Uno de los asuntos más importantes que necesitamos comenzar a abordar es la curació...

Para tener buenas noches y un mejor despertar
18/02/2018

Para tener buenas noches y un mejor despertar

Video de Pepe Nuño

09/11/2017

Les dejo un hermoso texto escrito por María Montessori, también aplicable a nuestros niños:

“No hables con tu hija sobre su cuerpo, salvo para enseñarle cómo funciona. No hables con tu hija sobre su cuerpo. No le digas nada si ha perdido peso. No le digas nada si ha subido de peso. Si crees que el cuerpo de tu hija se ve genial, no lo digas. He aquí algunas cosas que puedes decirle en su lugar:

“¡Te ves muy saludable!”, es una muy buena opción.

¿O qué tal: “Te ves muy fuerte”? O: “Se nota que eres feliz : brillas”. Mejor aún: halaga algo en ella que no tenga nada que ver con su cuerpo.

Tampoco hagas comentarios sobre el cuerpo de otras mujeres. No. Ni uno solo; ni positivo ni negativo. Enséñale a ser amable con los otros, pero también a ser amable consigo misma.

No te atrevas a hablar sobre cuánto odias tu cuerpo frente a tu hija, o a hablar sobre tu nueva dieta. Mejor aún, no hagas dieta frente a tu hija. Compra comida saludable. Prepara comidas saludables. Pero, no digas “por ahora no estoy comiendo carbohidratos”. Tu hija no debe de pensar que los carbohidratos son malos, porque sentir vergüenza por lo que comes solo se traduce en sentir vergüenza de ti misma.

Anima a tu hija a correr porque eso la hace sentirse menos estresada. Anímala a subir montañas porque no hay ningún lugar mejor para explorar su espiritualidad que la cima del universo. Anímala a surfear, a escalar paredes o a andar en bicicleta de montaña porque la atemoriza, y eso a veces es algo bueno.

Ayuda a tu hija a amar el fútbol, a remar o el hockey, porque los deportes hacen de ella una mejor líder y una mujer más segura de sí misma. Explícale que no importa qué edad tenga, nunca dejará de necesitar saber jugar bien en equipo. Nunca le hagas jugar o practicar un deporte que no adore por completo.

Demuéstrale que las mujeres no necesitan de un hombre para mover muebles. Enséñale a cocinar. Herédale la receta de tu mamá de ese pastel de café de Navidad. Herédale tu amor por pasar tiempo al aire libre.

Quizá tú y tu hija tengan muslos gruesos o una caja torácica ancha. Es fácil odiar estas partes del cuerpo tan lejos de la talla cero. No lo hagas. Dile a tu hija que, si quiere, con sus piernas puede correr un maratón, y que su tórax no es otra cosa que un buen estuche para cargar unos pulmones fuertes. Puede gritar, puede cantar y puede levantar el mundo, si quiere.

*Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo para mover su hermosa alma.*”

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