08/04/2026
Cuando ocurre un hecho de violencia extrema en un contexto escolar, solemos preguntarnos: “¿Cómo pudo pasar esto?” Pero esa no es la única pregunta importante.
La violencia no aparece de un momento a otro. Es un proceso. Se va construyendo en el tiempo a través de múltiples factores: emocionales, familiares, sociales y escolares.
Algunos factores que pueden estar presentes: dificultad para regular emociones (rabia, frustración), sensación de soledad o desconexión, experiencias de violencia previas (vividas o presenciadas), falta de adultos disponibles emocionalmente, ambientes altamente exigentes o poco contenedores.
En niños, niñas y adolescentes, muchas veces lo que no se puede decir, se actúa. La conducta aparece donde faltan palabras.
Esto NO justifica la violencia. Pero sí nos ayuda a comprender que prevenir no es solo castigar después. Es mirar antes.
¿Qué ayuda a prevenir? Espacios seguros para expresar emociones, adultos disponibles que escuchen sin juzgar, límites claros y consistentes, educación emocional desde edades tempranas, comunidad escolar involucrada (no solo reactiva).
Como adultos, el desafío no es solo intervenir cuando algo grave ocurre. Es poder ver las señales antes de que escale.
La pregunta no es solo “¿qué hacemos cuando pasa algo así?” sino también: “¿qué estamos dejando de ver antes de que ocurra?”
Hablar de violencia escolar es urgente Y prevenirla, es una responsabilidad compartida y compleja que requiere de visiones multidisciplinarias.