07/04/2020
Compartimos esta emotiva carta que nos hizo llegar nuestro querido Amigo Ian Rubén Moya.
Muchas gracias
Quisiera compartir con ustedes, conocidos y desconocidos “ex” compañeros de Yoga y con quienes estén “encerrados” esta pequeña vivencia.
Yo fui alumno de la Escuela de Yoga Clásico de Santiago durante varios años, hace ya bastantes años. Comencé mis clases con Gonzalo Nuñez y luego seguí varios años como alumno de Christian Nuñez.
Los primeros años de clases realmente me transformaron. Entre muchas otras cosas positivas, tomé conciencia de la respiración y de los efectos fantásticos de las practicas de Yoga y las meditaciones. Christian y el Yoga, o ambos, me abrieron ademas las puertas para preocuparme de mi cuerpo - condición física.
Después de años de practica me fui a vivir fuera de Chile durante 10 años. Durante todo ese tiempo siempre recurrí al Yoga pero solamente por periodos. Lo mismo me pasó con la actividad física y la meditación y como sabemos, bueno al menos desde mi experiencia, la ansiedad, el trajín diario, el “stress” y tantos factores del “día a día” pueden hacer que los beneficios de la practica diaria, que había quedado atrás lentamente, de la disciplina necesaria y los efectos positivos de estos vayan apagándose como una vela. Desgraciadamente el cuerpo y la mente parecen entrar con mayor facilidad al torrente un poco turbio del dejarse llevar por estos factores condicionantes con las consecuencias que “conocemos” pero que simplemente intentamos dejar de lado , replegándolas a un aparente segundo plano. Quizás la misma ansiedad de lo inmediato nos hace olvidar el poder de la gota eterna que cae sobre una roca, conceptos que Christian nos enseñaba y nos enseña.
Pero en momentos difíciles, como estos del encierro, cuando la balanza se inclina aun mas desfavorablemente hacia pensamientos neuróticos, hacia tensiones innecesarias y frustraciones que lentamente parecen ahogar, desde mi experiencia he sentido como que durante esta cuarentena se ha abierto una llave de paso. Con el “encierro” el Yoga, la consciencia de la respiración, la meditación y el conjunto de sus beneficios, a pesar del aparente olvido en que habían quedado, aparecen y se hacen presentes con una fuerza que resulta hermosa y conmovedora. Personalmente pensé que me costaría mucho volver a esta senda, pero la fuerza de la practica diaria se ha encargado de un reordenamiento adecuado y bendecido.
La meditación, el cuidado del cuerpo, el Yoga y sus efectos delicados como bálsamos de luz se manifiestan con una potencia indescriptible y conmovedora en “momentos difíciles”.
Quise compartir esto con ustedes por la alegría y el reconocimiento a nuestra fantástica escuela, pero también en reconocimiento a la Familia Nuñez que ha hecho posible que muchos hayamos podido y sigamos pudiendo disfrutar de esta maravillosa experiencia.
Con todo el agradecimiento y amor del mundo saludo a mi gran maestro de vida y AMIGO Christian Nuñez y a todo aquel que ha leído hasta aquí. También a todos los seres vivientes con los que vamos avanzando instante a instante en este camino del misterio y la gran aventura del universo infinito que es nuestra vida y la de todos y todo.
Con cariño Ian Moya