04/08/2020
Me enviaron este texto y coincido plenamente con su contenido.
¿El yoga todo lo puede?
No, el yoga no es una panacea que todo lo cura.
Una de las falacias más extendidas en el mundo del yoga y la meditación es la que afirma que todas nuestras heridas serán sanadas, que todas nuestras dificultades emocionales e interpersonales serán resueltas, que todos nuestros miedos se disiparán y que todos nuestros sueños se cumplirán gracias al poder del yoga y la meditación.
No vamos a negar que el yoga y la meditación son herramientas invaluables para mantener y desarrollar la salud física y mental. Que son complementos perfectos en los procesos emocionales al darnos estabilidad, templanza y orientación. Y que hasta pueden llegar a ser un auténtico camino de liberación espiritual.
Pero lo cierto es que cuando se trata de heridas emocionales, carencias, dificultades interpersonales, complejos bloqueos, traumas, obsesiones, rigideces, fobias, manías y neurosis de diversa índole, lo que se precisa es psicoterapia.
Un buen psicoterapeuta es el mejor aliado en el proceso de encarar nuestra sombra, confrontar nuestras creencias irracionales y liberarnos de la esclavitud del pasado.
Muchos practicantes, al eludir la necesidad de iniciar un trabajo psicoterapéutico, llegan al camino espiritual con la esperanza de resolver todos sus problemas. Creen que tal vez practicando más, meditando más, iluminándose más, podrán al fin elevarse sobre todo el dolor y la frustración que la vida impone. Que tal vez si encuentran al maestro indicado tendrán al fin las respuestas. Será cuestión de buscar hasta hallar la fórmula , el método secreto, la técnica perfecta que mágicamente nos transforme en esa persona que deseamos ser. Sucede a menudo que estos practicantes, en sus clases de yoga, retiros de meditación, rituales, ceremonias, etc, realmente tienen experiencias de conexión, transcendencia, apertura y revelación. Experiencias de una belleza y sentido dignas de ser experimentadas. El problema es que, en cuanto salen de la clase, regresan del retiro o vuelven a la vida cotidiana en la ciudad, con todas las responsabilidades y tareas por cumplir, toda esa belleza y sentido se esfuma como si nunca hubiera existido. Todas las carencias y dificultades emocionales aparecen de nuevo o incluso con más fuerza. El resultado de esta situación, mucho más común de lo que nos gustaría, es una espiritualidad poco integrada en el mundo y en el cuerpo. El practicante se vuelve un adicto a los estados alterados de conciencia. Ansioso buscador de experiencias espirituales y rituales o situaciones que lo eleven sobre el tedio y la vulgaridad de la vida mundana. Ésta ciertamente es una espiritualidad disociada. Una trampa peligrosa que llevada a su extremo puede fácilmente desembocar en cuadros psicóticos y esquizoides.
John Wellwood acuñó el término “bypass espiritual” para señalar la tendencia en muchos buscadores espirituales sinceros, de acabar utilizando la espiritualidad para evadirse de los problemas del mundo y de un verdadero trabajo con uno mismo.
Practicantes desequilibrados emocionalmente y con un buen s**o de expectativas, suelen acabar con maestros ególatras que necesitan adulación constante. La sombra en las comunidades de yoga. Un problema muy común que siempre acaba con algún escándalo en torno al poder, dinero y/o s**o. Todo ello por no hacer psicoterapia con un profesional.
Para que el camino espiritual sea fructífero y liberador y no una trampa, tenemos que tener el coraje de asumir nuestra sombra y entrar en terreno incómodo. Estar dispuestos a hacer el trabajo de observarnos con honestidad por más crudo que pueda ser y renunciar a la comodidad de poner en manos de un maestro y grupo espiritual nuestra responsabilidad de liberarnos.
En la tiranía de la felicidad que se nos impone actualmente, la norma es ser siempre productivos, ajenos al dolor y a la tristeza . Podemos llegar a pensar que si acudimos a un psicólogo es que estamos locos o somos unos fracasados. Aceptar que necesitamos ayuda y buscarla no es signo de debilidad sino más bien de sabiduría. Somos seres relacionales e interdependientes por más que nos quieran inculcar el “yo solito todo lo puedo".
Y por último añadir que los profesores de yoga podemos tener amplios conocimientos del cuerpo y la anatomía pero eso no nos hace médicos o fisioterapeutas. Dejemos en manos de los especialistas lo que no es de nuestra competencia.
De la misma forma podemos tener amplios conocimientos de la mente y su relación con el cuerpo y la respiración, pero eso no nos hace psicólogos y menos aún consejeros espirituales.
Ser maestro de yoga no es sinónimo de tener todas las respuestas. Es más, se puede ser un buen profesor de yoga y al mismo tiempo un completo im***il.