10/03/2026
Hoy en nuestra reunión de estudios, la Ps. Dominga Gacitúa nos actualizó sobre las conductas que interfieren con la terapia en DBT.
Estas se refieren a cualquier comportamiento que dificulta el avance del tratamiento o debilita la alianza terapéutica. Dentro de la jerarquía de objetivos de DBT, estas conductas se abordan inmediatamente después de las conductas que amenazan la vida, ya que si la terapia no puede sostenerse de manera efectiva, el tratamiento pierde su capacidad de ayudar.
Estas conductas pueden manifestarse de múltiples formas. Entre las más visibles se encuentran las ausencias a sesión, las cancelaciones repetidas, la impuntualidad, la falta de realización de tareas entre sesiones o la aparición constante de crisis que impiden trabajar los objetivos terapéuticos.
DBT también reconoce que las conductas que interfieren con la terapia no solo pueden aparecer en los pacientes, sino también en los terapeutas. Por ejemplo, cuando el terapeuta evita confrontar conductas problemáticas, pierde la estructura de la sesión, se aleja de la jerarquía de objetivos o responde de forma invalidante a la experiencia del paciente.
Por esta razón, el modelo DBT enfatiza la importancia del equipo de consulta como un espacio de regulación, supervisión y apoyo para los terapeutas.
Desde la perspectiva conductual de DBT, estas conductas no se interpretan como “resistencia”, sino como comportamientos que cumplen una función en el contexto de la historia de aprendizaje del paciente y de la interacción terapéutica. Por ello, el foco del tratamiento consiste en realizar un análisis funcional que permita comprender qué variables las mantienen y qué habilidades necesita desarrollar el paciente para reemplazarlas por conductas más efectivas.
Abordar de forma temprana y directa las conductas que interfieren con la terapia es fundamental para proteger la alianza terapéutica, mantener la adherencia al tratamiento y sostener un proceso de cambio real y duradero.