03/04/2026
Cuando tu hijo o hija aprende a “portarse bien” en el colegio, pero llega a casa agotado/a y estalla... puede que no sea un berrinche. Puede ser el costo del camuflaje.
El camuflaje autista es ese esfuerzo invisible que muchas personas autistas hacen cada día: imitar expresiones, forzar contacto visual, reprimir movimientos que los regulan, ensayar mentalmente cada interacción. Todo para encajar en un entorno que no siempre los entiende.
¿Y sabes qué dice la investigación? Que ese esfuerzo sostenido se asocia con mayor ansiedad, agotamiento emocional y menor bienestar a largo plazo (Conde-Pumpido Zubizarreta et al., 2026, Frontiers in Psychology). Además, las mujeres y niñas autistas suelen camuflarse más, lo que contribuye a que muchas reciban su diagnóstico tardíamente: la proporción real es de 3 mujeres por cada 1 hombre diagnosticado que pasan desapercibidas (Loomes et al., 2017).
Por eso es tan importante que como familias, como comunidad educativa y como sociedad entendamos algo: si un niño o niña autista “parece que no le pasa nada”, no siempre es buena señal. A veces significa que está usando toda su energía en parecer lo que el entorno le exige.
Este abril, el mejor acto de concienciación es crear espacios donde nuestros niños y niñas no necesiten esconderse para ser queridos y aceptados. Donde un stim no sea motivo de vergüenza. Donde ser diferente no sea un problema a corregir.
Aceptación, no solo concienciación.
Fuente: Conde-Pumpido Zubizarreta et al. (2026). Frontiers in Psychology, 16:1685845 | Loomes, Hull & Mandy (2017). JAACAP.
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