12/02/2026
🌿...
A veces imagino cómo sería vivir un poco más como un colibrí.
Moverme con ligereza, pasar entre las flores sin quedarme atrapada en el peso de lo que “debería ser”.
La vida humana —con sus exigencias, su estrés y sus estructuras rígidas— a ratos se vuelve pesada para el alma.
Y entonces algo pequeño lo cambia todo.
Como un niño o una niña que corre, que nombra, que abraza, como si ese encuentro fuese suficiente...
En ese gesto simple,
el cuerpo recuerda.
El corazón se ordena.
Quisiera detenerme más seguido.
Beber néctar de lo esencial.
Escuchar el agua, el viento, el propio ritmo.
No huir del mundo, sino habitarlo con más presencia y menos dureza.
Tal vez el colibrí no es lo que quiero ser, sino lo que ya soy cuando me permito estar:
Pequeña.
Sensible.
Capaz de transformar sin ruido.
aprendiendo a fluir
sin dejar de ser...
Hoy sé quien soy, mucho más que ayer y en el camino he ido aprendiendo a identificar aquellas cosas que truncan mi vuelo...
a escribir