Centro Bert Hellinger: Psicoanálisis y Constelaciones Familiares

Centro Bert Hellinger: Psicoanálisis y Constelaciones Familiares Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Centro Bert Hellinger: Psicoanálisis y Constelaciones Familiares, Terapeuta, Viña del Mar.

Psicoanálisis anclado en la teoría del apego, la terapia del psicotrauma temprano y las Constelaciones Familiares +56974529378

Ayuda para superar dificultades de la Vida, individual y en un grupo, online y presencial.

💔 Un divorcio en la madurez no solo rompe un corazón. Reconfigura todo el sistema nervioso de un hombre.Pero esto es lo ...
05/03/2026

💔 Un divorcio en la madurez no solo rompe un corazón. Reconfigura todo el sistema nervioso de un hombre.

Pero esto es lo que casi nadie te dirá:

La mayoría de las relaciones no terminan con una explosión.
Terminan con un susurro.

Una erosión lenta, tan silenciosa que cuando un hombre finalmente nota la distancia, su pareja ya ha estado de duelo por la relación durante meses. A veces, años.

Ella dejó de mencionar lo que le molestaba. No porque estuviera en paz. Sino porque dejó de creer que importaba.

Ese silencio no es calma. Es renuncia.

Y en el momento en que un hombre finalmente escucha las palabras… “Te quiero, pero no estoy enamorada de ti”… su mundo entero se inclina hacia un lado.

Él quiere actuar. Quiere arreglarlo. Quiere luchar por lo que construyeron.

Pero el manual que usa (explicar, disculparse, convencer, perseguir) a menudo la empuja más hacia el silencio.

Esta es la paradoja que destruye a los buenos hombres en relaciones difíciles. Y hasta que entiendas la biología detrás de esto, ningún esfuerzo servirá.

Quiero compartir lo que he aprendido acompañando a hombres que navegan esta situación. Y desde cientos de conversaciones.

---

Hay un patrón que veo repetirse tan a menudo que parece un guion.

Un hombre. Buen padre, trabajador, leal. Un día se despierta en una casa que luce igual, pero se siente completamente diferente.

El calor se ha ido. La confianza se ha ido.

Las conversaciones que fluían ahora son negociaciones. Las preguntas simples obtienen respuestas de una palabra. El afecto se vuelve transaccional. O desaparece.

Y entonces llega una de esas frases:

"Necesito espacio."
"Ya no sé lo que quiero."
"No puedo superar el resentimiento."

O la que más duele: "Te quiero, pero no estoy enamorada de ti."

Un miembro de la comunidad, llamémosle Jay, había estado casado 16 años. Buena vida sobre el papel. Dos años antes, su esposa tuvo una aventura. Fue devastador. Él reaccionó como lo haría la mayoría. Intentó "arreglarlo" todo. Le explicaba a quien quisiera escuchar por qué ella estaba equivocada.

Entonces, una terapeuta dijo algo que lo descolocó por completo:

"Quizás. ¿Pero qué tal si tú eres el que está equivocado?"

Eso destrozó su certeza. Y fue la primera grieta real en su armadura por donde pudo entrar el crecimiento.

Intentaron recomenzar. Las cosas estuvieron bien por un tiempo. Luego, ella se fue.

No hubo otra aventura. Solo… vacío. El temido: "Te quiero, pero no estoy enamorada de ti."

Jay tuvo una elección: Seguir peleando a la vieja usanza, o probar algo fundamentalmente diferente.

---

Esto es lo que la mayoría de los consejos de relación hacen mal:

Tratan el problema como algo emocional. Algo que se resuelve con conversaciones, grandes gestos o promesas de cambio.

Pero lo que realmente está sucediendo es biológico.

Cuando alguien ha sido herido repetidamente (no siempre por un evento catastrófico, sino a menudo por cientos de pequeños momentos de indiferencia, actitud defensiva o ausencia emocional), el sistema nervioso no simplemente "lo supera".

Se adapta. Entra en modo de protección.

Y aquí está la parte que desconcierta a los hombres:

Cuando ese sistema de alarma se activa, la lógica no le llega a ella.

Las disculpas rebotan. Las explicaciones se sienten como presión. Incluso el cambio genuino se filtra a través de una lente de sospecha.

Hay una frase de la neurociencia sobre el trauma relacional a la que vuelvo a menudo:

"La mano que acaba de quemarse se retira instintivamente del calor de la estufa. Ese reflejo involuntario persiste hasta que una nueva experiencia demuestra que es poco probable que el dolor se repita."

Ella se está retirando.

No porque no le importes. Sino porque su cuerpo la está protegiendo de más dolor.

Cada vez que un hombre presiona para conectar… envía el mensaje de texto largo, fuerza la conversación difícil… puede estar confirmando el miedo sin querer.

Está señalando que el entorno sigue siendo impredecible. Sigue siendo emocionalmente cargado. Sigue siendo inseguro.

Cuanto más aprieta él, más rápido se aleja ella.

Esto no es rechazo. Es protección.

---

Hay un término para el patrón que atrapa a muchos hombres en este ciclo: apego ansioso.

Cuando se siente la distancia emocional, el sistema entra en pánico. La relación se convierte en la fijación principal.

Monitorear cada mensaje. Analizar cada expresión facial. Interpretar cada silencio.

"¿Se está alejando hoy?"
"¿Qué significó ese tono?"
"¿Por qué no ha respondido?"

Es agotador. Y crea una presión invisible que la otra persona siente absolutamente.

Uno de los hombres en la comunidad, llamémosle Todd, se dio cuenta de esto después de 25 años de matrimonio: "He estado en un círculo vicioso de buscar su validación durante la mayor parte de nuestro matrimonio."

Veinticinco años externalizando su sentido de valía al estado de ánimo de otra persona.

Esto es codependencia. Cuando la felicidad, la estabilidad y la identidad de un hombre se fusionan con la relación, la necesidad de espacio de ella se siente como una amenaza para su supervivencia.

Y esto es lo que lo empeora: ella puede sentir la ansiedad.

La necesidad se filtra. En el momento de los mensajes. En el tono de voz. En la forma en que sus ojos escrutan el rostro de ella en busca de tranquilidad.

Las personas tienen detectores de ansiedad incorporados. Y la ansiedad es lo opuesto a la seguridad.

Si un hombre está aterrado, ¿cómo puede ella relajarse?

Él le está pidiendo que calme su tormenta, mientras ella todavía se está ahogando en la suya propia.

Esa es la discrepancia.

---

Entonces, si perseguir no funciona. Si explicar no funciona. Si incluso el esfuerzo genuino puede ser contraproducente cuando viene desde el miedo…

¿Qué funciona?

La respuesta es contraintuitiva. Y es lo más difícil que la mayoría de los hombres harán jamás.

Dejas de intentar arreglar la relación.
Empiezas a integrar los focos del método TRIFOCAL.

Y no, no es meditar para sentirte mejor. Es un reentrenamiento profundo de cómo tu sistema nervioso se relaciona con el mundo.

Otro miembro de la comunidad, llamémosle Brandon, había estado trabajando en su matrimonio durante más de seis años. Lo intentó todo. Leyó todos los libros. Fue a terapia.

Pero no fue hasta que realmente entendió lo que significaba habitar los tres focos del método de resonancia, y empezó a vivirlos a diario, que la dinámica cambió.

Su esposa pasó de "Quiero la separación" a "No estoy lista para terminar esto. Creo que solo necesito sanar algo."

¿Qué cambió?

Él dejó de hacer de la relación su identidad completa. Empezó a entrenar. Empezó a cocinar para sí mismo. Se reconectó con amigos. Encontró un propósito fuera del matrimonio. No como una actuación, sino como una recuperación genuina de quién era antes de que la relación lo consumiera todo.

Y, fundamentalmente, cambió la forma en que se presentaba en cada pequeña interacción.

Cuando su esposa compartió algo vulnerable sobre sentirse invisible (en el trabajo, en su matrimonio), él no intentó arreglarlo. No se puso a la defensiva. No presionó para tener más conexión.

Escuchó. Reflejó lo que ella dijo. Le dijo que eso debía ser horrible. Se disculpó sinceramente. Y luego, cuando sintió que era un punto de parada natural, se fue a trabajar.

Sin quedarse. Sin presionar para obtener más. Sin una necesidad desesperada de alargar el momento.

Ella le agradeció por escuchar. Y la distancia se acortó. No porque él la persiguiera, sino porque creó el espacio para que se cerrara por sí sola.

Ese es el cambio.

¿Y cómo se hace eso cuando todo tu cuerpo te pide a gritos que actúes? Ahí es donde entra el Método de Resonancia TRIFOCAL.

No es un cuestionario que rellenas. Son las preguntas precisas del facilitador (terapeuta) que te guían para no quedarte atrapado en la mente, sino para anclar la experiencia en los tres focos:

• Foco 1 - Cuerpo (Seguridad Somática): No se trata de "calmarse". Se trata de sentir el cuerpo. Aquí y ahora. Sentir los pies en el suelo. Notar la respiración sin cambiarla. Activar el nervio vago ventral (tu sistema de conexión social) para que tu biología deje de enviar señales de alarma. Cuando Brandon se fue a trabajar después de escuchar a su esposa, no lo hizo con el corazón latiéndole a mil. Lo hizo con una calma interna cultivada.

• Foco 2 - Emoción (Diálogo Compasivo con tus Partes): Esa voz dentro de ti que grita "¡Mándale un mensaje ya!" o "¡Explícale por qué está equivocada!" no es tu enemiga. Es una parte tuya, probablemente una parte herida o una parte de supervivencia que intenta protegerte del dolor. En el método TRIFOCAL, no la silenciamos. La apadrinamos. Le preguntamos: "¿Qué necesitas? ¿De qué tienes miedo?" Cuando Brandon escuchó a su esposa sin defenderse, es porque había hecho las paces con su propia parte asustada que necesitaba controlar la situación.

• Foco 3 - Significado (Resimbolización Consciente): Tu cerebro no distingue bien entre una experiencia real y una vívidamente imaginada. El tercer foco es crear un símbolo del hombre que quieres ser. No del hombre que recupera a su esposa, sino del hombre estable, conectado y en paz, independientemente del resultado. Visualizarlo, sentirlo, darle una imagen. Eso reconfigura tu Sistema de Activación Reticular (ese "Google interno") para que empieces a ver oportunidades donde antes solo veías amenazas.

Estos no son conceptos espirituales abstractos. Son un protocolo neurocientífico para reeducar la neurocepción: la forma en que tu sistema nervioso percibe el peligro o la seguridad.

Imagina que tu relación es un barco en medio de una tormenta. Tú, desesperado, intentas tapar las vías de agua con las manos, gritas órdenes, corres de un lado a otro. Eso es el Foco 2 y 3 sin el Foco 1.

El método TRIFOCAL te enseña primero a sentir el movimiento del barco bajo tus pies (Foco 1 - Cuerpo). A reconocer que, aunque la tormenta ruge, tú puedes encontrar tu centro de gravedad. Luego, en lugar de maldecir a la tormenta, reconoces que es un fenómeno natural (Foco 2 - Aceptación de la parte emocional). Y finalmente, en lugar de ver solo destrucción, puedes mirar al horizonte y visualizar la estrella que te guía hacia aguas más tranquilas (Foco

3 - Nuevo Significado). No estás negando la tormenta, estás navegando con ella de una manera diferente. El barco no necesita que deje de llover; necesita un capitán que no se maree.

Y con un toque de humor… Porque si no nos reímos de nosotros mismos, acabamos llorando en la bañera con la tableta en la mano buscando "cómo hacer que me quieran".

Este trabajo es como ir al gimnasio, pero para el sistema nervioso. Y sí, al principio hay agujetas. Duele. Te pasas el primer mes sintiendo que "esto de estar tranquilo es muy aburrido". Es normal. Tu adicción al drama (todos la tenemos un poco) está en plena rehabilitación. Pero con constancia, un día te sorprendes a ti mismo… recibes un mensaje de ella y, en lugar de analizarlo como un criminólogo, piensas: "Ah, qué bien, me escribió. Bueno, sigo con mi día." ¡Eso, amigo, es un six-pack emocional!

---

Este no es un camino que debas recorrer solo.

El Método de Resonancia TRIFOCAL no es una app que descargas. Es una sesión de menos de una hora con un facilitador (terapeuta) donde, a través de las preguntas precisas, te guiamos para que puedas:

• Identificar y apadrinar esa parte ansiosa que te lleva a perseguir.
• Reconfigurar tu sistema nervioso desde el cuerpo, no solo desde la mente.
• Construir un símbolo del hombre estable que eres capaz de ser, anclándolo en tu biología.

Y porque el cambio real sucede en la tribu, al trabajar conmigo accedes a la sabiduría de una comunidad de hombres que están en las trincheras haciendo este trabajo cada día. Hombres que entienden. Que te recordarán mantener la calma cuando todo tu ser te pida perseguir. Sin juicios. Sin máscaras.

Porque saber qué hacer y hacerlo cuando tu sistema nervioso está en llamas son dos cosas muy diferentes.

Si te has sentido identificado con la historia de Jay, Brandon o Derek… Si el desgaste, el resentimiento o el fantasma de la separación han tocado a tu puerta… El Método TRIFOCAL puede ser la guía que has estado buscando. Un espacio para transformar la ansiedad, la depresión o las heridas de la infancia que se manifiestan en tu forma de vincularte, quizás incluso en un apego ansioso que no sabías cómo gestionar.

No tienes que caminar este camino solo. Pero sí tienes que elegir tu próximo paso.

👉 Agenda tu Sesión de Exploración y Resonancia TRIFOCAL (presencial en Viña del Mar o virtual vía Zoom).

Es un espacio seguro y confidencial donde podremos:
• Mapear con compasión las “Partes” que configuran tu ecosistema interno.
• Observar si existen lealtades invisibles o ecos familiares que influyen en tu forma de vincularte.
• Restablecer un primer diálogo interno desde la seguridad somática, para que tu sistema nervioso comience a recordar que el peligro pasó.

Es un diálogo guiado por la psicotraumatología, la neurociencia afectiva y la perspectiva sistémica. Un acompañamiento para quitar los obstáculos que tu alma muestra, para que la vida pueda fluir con mayor coherencia, sentido y plenitud.

Escríbeme por WhatsApp: 9 2113 8713 (Humberto Del Pozo López, creador del Protocolo de Resonancia TRIFOCAL)

❝Todo lo que vívidamente imaginamos desde la integración Trifocal, ardientemente deseamos en diálogo con nuestras partes, sinceramente creemos a través de símbolos que reconfiguran nuestra biología y entusiastamente emprendemos, con y por Amor, Humor y Poesía, inevitablemente sucederá porque hemos enseñado a nuestro sistema nervioso que la emergencia terminó.❞

Porque tú mereces algo más que un guion reciclado. Mereces una resonancia propia.

💙 Centro Bert Hellinger de Constelaciones Familiares - Psicoanálisis Relacional 💙

"Todo lo que tiene que hacer un terapeuta es alinearse con el alma (del consultante) y quizás ayudar a quitar algunos de los obstáculos que el alma pueda mostrar y sacarle brillo, solo eso." – Bert Hellinger

"El pájaro no canta porque está feliz, está feliz porque canta." – William James 🐦‍⬛ Actúa y vendrá el sentimiento deseado.

El Marco Mental de la Guerra: Entre la Moral, la Teología y la MateriaExiste un fenómeno recurrente en nuestra forma de ...
05/03/2026

El Marco Mental de la Guerra: Entre la Moral, la Teología y la Materia

Existe un fenómeno recurrente en nuestra forma de relacionarnos con los conflictos contemporáneos. Funciona mediante un mecanismo relativamente simple: la transformación de situaciones geopolíticas complejas en relatos morales donde una parte encarna la civilización y la otra la barbarie. Cuando ese encuadre se instala, todo lo demás tiende a volverse automático. Los bombardeos aparecen como intervenciones necesarias. Los asesinatos selectivos se presentan como operaciones de precisión. Las sanciones económicas se convierten en instrumentos pedagógicos para corregir a gobiernos desviados. La violencia queda así disfrazada de administración del orden mundial.

Sin embargo, cuando se intenta pensar con mayor profundidad cualquier conflicto contemporáneo, suele aparecer un obstáculo que revela algo más interesante que la discusión sobre el conflicto mismo: el marco mental desde el cual interpretamos la guerra.

En los debates públicos aparecen objeciones diversas, testimonios de personas que han vivido bajo determinados regímenes, denuncias sobre represión política, referencias a atentados y acusaciones recíprocas. Esas intervenciones no pueden descartarse como mera propaganda ni como mala fe. Expresan experiencias reales y preguntas legítimas. Pero también dejan ver un fenómeno más profundo: en nuestro tiempo hipercomunicado tendemos, en realidad, a una gruesa simplificación dialéctica de los conflictos. Nos vemos compelidos por la lógica del discurso público a tomar bandos.

Por un lado, aparece la idea de que criticar a un gobierno o régimen determinado vuelve automáticamente legítima cualquier intervención extranjera sobre ese territorio. Por el otro, surge la tentación de convertir a cualquier adversario de las potencias occidentales en una figura de resistencia heroica, como si la oposición al imperialismo bastara para absolver cualquier forma de autoritarismo interno. Ambas posiciones comparten una misma estructura: la negativa a sostener la contradicción.

La dificultad del análisis político comienza justamente donde terminan esas simplificaciones. Un Estado puede ejercer control autoritario sobre su propia sociedad y, al mismo tiempo, tener derecho a no ser bombardeado por una potencia extranjera. La historia de las relaciones internacionales está llena de situaciones en las que ambas cosas han coexistido. El problema es que el debate público contemporáneo tiende a expulsar esa contradicción. Prefiere reemplazarla por narrativas más cómodas, más alineadas con la lógica del bando, más rentables en términos de identificación emocional inmediata.

---

Aquí resulta útil recordar una tradición filosófica que durante siglos intentó responder a una pregunta muy antigua: ¿cuándo es legítima una guerra? Desde San Agustín hasta Tomás de Aquino, y posteriormente en el derecho internacional moderno con autores como Hugo Grocio, se desarrolló lo que se conoce como la teoría de la guerra justa. En tiempos más recientes, el filósofo Michael Walzer la reformuló en su obra Just and Unjust Wars, intentando rescatar la idea de que incluso en la guerra existen límites morales que no deberían cruzarse.

Según esa tradición, una guerra solo puede considerarse justa si cumple ciertos criterios. Debe existir una causa legítima, como la defensa frente a una agresión. Debe ser declarada por una autoridad legítima. Debe constituir el último recurso después de haber agotado todas las vías diplomáticas posibles. Debe mantener una proporcionalidad entre los medios utilizados y el daño que se pretende evitar. Y debe respetar una distinción fundamental entre combatientes y civiles. Estos principios fueron formulados precisamente para evitar que la guerra se convierta en un instrumento arbitrario de poder. La idea central es que incluso en situaciones extremas existe un marco moral que limita el uso de la violencia.

El problema aparece cuando se confronta ese marco teórico con la práctica de las guerras contemporáneas. Si se aplican los criterios clásicos de la teoría de la guerra justa a cualquier conflicto actual, la primera pregunta surge de inmediato: ¿cuál es la causa justa que legitima una operación militar? Durante décadas, la respuesta oficial suele invocar amenazas estratégicas: programas nucleares, apoyo al terrorismo, desestabilización regional. Pero incluso si se acepta que esas amenazas existen —algo que suele ser objeto de debate— surge una segunda pregunta inevitable: ¿se han agotado realmente las vías diplomáticas antes de recurrir a la guerra?

En numerosos casos, han existido acuerdos internacionales que limitaban determinados programas estratégicos y que los países implicados respetaron durante largos períodos, permitiendo inspecciones continuas por parte de organismos internacionales. Esos acuerdos han sido abandonados unilateralmente en varias ocasiones. La diplomacia no fracasó por incapacidad técnica, sino por decisión política. Este hecho, por sí solo, complica seriamente la afirmación de que la guerra fue el último recurso disponible.

La cuestión de la proporcionalidad introduce otra dificultad. Incluso si se aceptara la existencia de una amenaza estratégica, la teoría de la guerra justa exige que la respuesta militar no genere un daño mayor que el peligro que pretende evitar. Sin embargo, los reportes de las ofensivas militares contemporáneas hablan a menudo de bombardeos en múltiples ciudades, destrucción de infraestructura civil y episodios particularmente graves como ataques contra escuelas u hospitales. En ese punto aparece una pregunta moral difícil de esquivar: ¿en qué momento una operación preventiva deja de ser defensa y se convierte en guerra contra la sociedad misma?

La distinción entre combatientes y civiles, uno de los pilares de la teoría clásica de la guerra justa, también se vuelve problemática en el contexto de las guerras contemporáneas. Las operaciones aéreas modernas suelen dirigirse contra instalaciones militares, centros de inteligencia o plantas energéticas que se encuentran dentro de áreas urbanas densamente pobladas. Cuando esos objetivos son atacados con misiles de alta potencia, la línea entre infraestructura militar y vida civil se vuelve extremadamente difusa. El resultado es que la población termina pagando el precio de decisiones estratégicas que no ha tomado.

---

Pero el debate sobre cualquier conflicto geopolítico de envergadura no puede entenderse únicamente en términos morales. Existe también una dimensión material que rara vez ocupa el centro de la narrativa mediática. Ciertos territorios controlan el acceso a puntos estratégicos del sistema internacional: estrechos marítimos, rutas energéticas, regiones de tránsito obligado para el comercio global. Por esas franjas geográficas transita una proporción significativa del petróleo y el gas mundial. Esto significa que cualquier conflicto que involucre a esos territorios tiene implicaciones directas sobre el funcionamiento del mercado energético global.

Las consecuencias económicas de los conflictos aparecen casi de inmediato. Los precios del petróleo y del gas natural registran incrementos que afectan a economías enteras, especialmente a aquellas regiones que ya enfrentan recesiones prolongadas tras la ruptura de suministros energéticos derivados de conflictos anteriores. Europa, por ejemplo, se encuentra particularmente expuesta a este tipo de shocks.

La dimensión estratégica de los conflictos también introduce elementos que rara vez aparecen en el debate público. Países con poblaciones numerosas y geografías complejas suelen desarrollar doctrinas militares basadas en la guerra asimétrica, diseñadas precisamente para enfrentar a potencias tecnológicamente superiores. El objetivo de esas doctrinas no es derrotar militarmente a una gran potencia en un enfrentamiento directo. El objetivo es mucho más simple: sobrevivir. Mientras el Estado no colapse, el conflicto se transforma en una guerra de desgaste. Ese tipo de guerra suele favorecer al actor que tiene mayor capacidad para absorber daño y prolongar el conflicto en el tiempo.

Existe además una dimensión industrial que empieza a ser cada vez más relevante en el equilibrio global. La producción de misiles, drones y sistemas de defensa depende de cadenas industriales complejas. En este terreno, la capacidad de reposición de armamento se vuelve tan importante como el arsenal inicial. Mientras algunas potencias enfrentan limitaciones en su capacidad de producción de misiles de precisión, otras industrias militares han alcanzado niveles de producción que podrían cambiar el equilibrio estratégico en conflictos prolongados.

Otra dimensión aparece en el terreno financiero. El sistema económico global depende en gran medida del reciclaje de los petrodólares. Los países exportadores de petróleo invierten una parte significativa de sus ingresos en activos financieros denominados en determinadas monedas. Este mecanismo ha sido durante décadas uno de los pilares del dominio global de ciertas divisas. Si el flujo energético global se reorganiza o se interrumpe de manera significativa, las consecuencias podrían extenderse mucho más allá del campo de batalla. Sectores enteros de la economía global dependen de ese circuito financiero.

Existe una dimensión política interna que tampoco puede ignorarse. Desde mediados del siglo XX, las grandes potencias no han obtenido victorias claras en sus guerras prolongadas. Corea terminó en un empate. Vietnam concluyó con una retirada. Afganistán terminó con el regreso al poder de fuerzas previamente desplazadas. Irak produjo una inestabilidad regional que aún hoy no ha sido completamente resuelta. En ese contexto, el uso de conflictos externos como instrumento de cohesión política interna no es un fenómeno nuevo. Cuando una economía enfrenta tensiones estructurales —desigualdad creciente, crisis habitacionales, inflación persistente o escándalos políticos— la movilización patriótica asociada a una guerra puede desplazar temporalmente la atención pública hacia un enemigo externo.

---

Finalmente, hay otro plano del conflicto que suele aparecer de manera fragmentaria en las noticias y que, sin embargo, tiene un peso real en la forma en que los propios actores entienden lo que está ocurriendo: el plano religioso. No porque estemos ante una "guerra de religiones" en el sentido medieval del término —esa simplificación suele servir más para oscurecer que para explicar— sino porque varias de las fuerzas políticas que participan en los conflictos contemporáneos interpretan la historia y la política a través de marcos teológicos muy antiguos.

En determinadas tradiciones del islam chiita, por ejemplo, la legitimidad del Estado está vinculada a una interpretación específica del poder político. El chiismo surgió en el siglo VII a partir de la disputa por la sucesión del profeta Mahoma y desarrolló una teología marcada por la memoria del martirio y la injusticia histórica. La muerte del imán Huséin en la batalla de Karbala, en el año 680, se convirtió en el símbolo central de esa tradición: la idea de una comunidad que resiste frente a la opresión aun cuando la derrota parece inevitable. Ciertas estructuras políticas contemporáneas han traducido ese imaginario religioso en formas de gobierno concretas. Desde esa perspectiva, la confrontación con potencias extranjeras puede ser interpretada no solo como una disputa geopolítica sino como una continuación de una narrativa histórica de resistencia contra la dominación. Por eso el lenguaje político de algunos actores regionales recurre con tanta frecuencia a conceptos como sacrificio, dignidad y martirio: no son meras metáforas retóricas, forman parte de una gramática religiosa que da sentido a la política.

El mundo musulmán mayoritario, sin embargo, es sunita y su relación con Irán está atravesada por una rivalidad histórica que también tiene raíces teológicas. La diferencia entre sunismo y chiismo no es solo doctrinal; también ha funcionado durante siglos como una línea de fractura política dentro del islam. Muchas de las monarquías del Golfo se identifican con la tradición sunita y perciben la expansión de la influencia iraní como una amenaza a su propio equilibrio interno. En varios de esos países existen poblaciones chiitas significativas, lo que convierte la rivalidad regional en un asunto de estabilidad doméstica. De esta manera, los conflictos actuales no pueden entenderse únicamente como una confrontación entre bloques geopolíticos, sino también como una disputa por liderazgo político dentro del propio mundo musulmán, donde las diferencias teológicas históricas se entrelazan con intereses estratégicos contemporáneos.

En el lado israelí aparece otra dimensión religiosa que también influye en la forma en que se interpreta el conflicto. El sionismo que dio origen al Estado de Israel tuvo inicialmente corrientes profundamente seculares, pero con el tiempo una parte significativa de la política israelí ha incorporado interpretaciones religiosas del proyecto nacional. Para sectores del sionismo religioso, el establecimiento y la expansión del Estado de Israel se vinculan con una promesa bíblica que conecta al pueblo judío con la tierra histórica de Israel. Esa visión no representa a todos los judíos —de hecho, existen corrientes judías muy críticas del sionismo político— pero sí tiene presencia real en el debate interno israelí y en la construcción de su narrativa nacional. Cuando el conflicto se describe como una lucha existencial por la supervivencia del Estado judío, ese lenguaje no se dirige únicamente al terreno estratégico; busca a su vez activar imaginarios religiosos profundamente arraigados en la tradición bíblica.

A este entramado se suma un actor que muchas veces se subestima fuera de Estados Unidos pero que tiene una influencia considerable en la política norteamericana: el fundamentalismo cristiano evangélico. Dentro de ciertos sectores del evangelicalismo estadounidense, el Medio Oriente ocupa un lugar central en una interpretación escatológica de la Biblia. Según esa lectura, el fortalecimiento del Estado de Israel y los conflictos en la región forman parte de una secuencia profética que conduciría a los acontecimientos finales descritos en el Apocalipsis. La reconstrucción de Israel, la confrontación con potencias hostiles y la eventual batalla del Armagedón aparecen en ese imaginario como pasos dentro de un plan divino para el final de los tiempos. Para quienes comparten esa visión, apoyar incondicionalmente a Israel no es solo una posición geopolítica, es una obligación religiosa vinculada al cumplimiento de una profecía.

Cuando se observan juntas estas tres tradiciones —el chiismo con su memoria de Karbala y ciertas expectativas mesiánicas, el sionismo religioso con su interpretación de la historia judía y el evangelicalismo estadounidense con su narrativa apocalíptica— aparece una dimensión del conflicto que rara vez se discute abiertamente en los análisis geopolíticos convencionales. Distintos actores políticos están interpretando los mismos acontecimientos a través de marcos religiosos que hablan de redención, destino histórico y cumplimiento profético. Eso no significa que la guerra sea inevitable ni que la religión determine automáticamente la política. Pero sí significa que, para comprender plenamente los conflictos contemporáneos, no basta con mirar mapas energéticos o balances militares. También es necesario entender los imaginarios teológicos que, para millones de personas y para algunos de los líderes que toman decisiones estratégicas, siguen siendo una forma real de interpretar el curso de la historia.

---

Cuando se colocan juntas todas estas dimensiones —la tradición filosófica de la guerra justa, los imaginarios religiosos que atraviesan a los actores del conflicto y las estructuras materiales que sostienen la política internacional— aparece con mayor claridad lo que realmente está en juego.

Por un lado, existe un lenguaje moral que intenta domesticar la guerra: el lenguaje que habla de causas legítimas, proporcionalidad, último recurso y protección de civiles, tal como lo formularon durante siglos los pensadores de la tradición de la guerra justa. Por otro lado, existe un lenguaje religioso que dota a los conflictos de un significado trascendente: la memoria de Karbala y la resistencia en el chiismo, la promesa bíblica que moviliza al sionismo religioso, o las lecturas apocalípticas del evangelicalismo norteamericano que ven en el Medio Oriente el escenario de una historia sagrada que avanza hacia su desenlace. Ambos lenguajes —el moral y el teológico— buscan dar sentido a la violencia, justificarla o encuadrarla dentro de un horizonte de legitimidad.

Pero la guerra real ocurre en otro plano. Ocurre en ciudades donde los proyectiles destruyen infraestructura civil y escuelas. Ocurre en economías que se sacuden cuando sube el precio de la energía o se interrumpen rutas vitales. Ocurre en sociedades donde la política se radicaliza bajo el peso de la amenaza externa y la represión interna. Ocurre también en el terreno más silencioso de la historia larga, donde las potencias compiten por recursos estratégicos, por equilibrios militares y por la arquitectura financiera que sostiene el orden global.

Comprender un conflicto exige sostener simultáneamente esas tres capas: la moral que intenta limitar la guerra, las creencias religiosas que le otorgan significado trascendental y la realidad material que finalmente determina cómo se libra y quién paga sus consecuencias. Solo cuando esas dimensiones se observan juntas se vuelve posible pensar la guerra sin reducirla a propaganda, y comprender que detrás de cada justificación —sea filosófica, teológica o estratégica— siempre aparece la misma pregunta humana: quién decide cuándo una vida puede convertirse en el precio de la historia.

---

No se trata, por supuesto, de alcanzar una imposible neutralidad. Hay situaciones en las que la violencia resulta tan desproporcionada, tan evidentemente dirigida contra poblaciones civiles, tan alejada de cualquier criterio de proporcionalidad, que la exigencia de tomar partido se vuelve moralmente ineludible.

Pero incluso en esos casos, la toma de posición debería estar precedida por un esfuerzo de comprensión que no reduzca el conflicto a la lógica del bando. Porque cuando eso ocurre, cuando el análisis se abandona en favor de la identificación emocional inmediata, algo importante se pierde: la capacidad de distinguir entre la violencia que ejerce un Estado contra otro y la violencia que un Estado ejerce contra su propia población, entre la legítima defensa y la agresión preventiva, entre la resistencia frente a la ocupación y el autoritarismo interno.

El pensamiento complejo no es una posición política. Es una herramienta para no ser gobernado por los marcos mentales que otros han diseñado para interpretar el mundo. Y en tiempos de guerra, esa herramienta se vuelve más necesaria que nunca. Porque la guerra no es solo destrucción física. Es también, y quizás sobre todo, destrucción de la capacidad de pensar con matices, de sostener contradicciones, de ver humanidad en el otro.

La guerra nos quiere simples. Nos quiere de un lado. Nos quiere convencidos de que el mundo se divide entre buenos y malos, entre víctimas y victimarios, entre quienes merecen vivir y quienes merecen morir. Resistir a esa simplificación no es ingenuidad. Es, quizás, la única forma de seguir siendo humanos mientras todo a nuestro alrededor arde.

Humberto Del Pozo López

Dirección

Viña Del Mar
2520000

Teléfono

+56999884313

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Centro Bert Hellinger: Psicoanálisis y Constelaciones Familiares publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Share on Facebook Share on Twitter Share on LinkedIn
Share on Pinterest Share on Reddit Share via Email
Share on WhatsApp Share on Instagram Share on Telegram

Categoría

Mi experiencia con las Constelaciones Familiares

En las Constelaciones Familiares nos reunimos un grupo de personas con un Constelador o Facilitador.

L@s que quieren tratar algún asunto, bien sea una dolencia, una enfermedad, una disfunción, un problema de personalidad, un problema con la pareja o con el trabajo, etc… se sientan junto al Constelador, a su derecha.

El Constelador se pone al servicio de la persona que va a constelar.

Esta persona, (cliente), dice lo que quiere trabajar.