25/03/2026
Es cierto que en la sociedad actual existen cambios en la forma en que hombres y mujeres viven su libertad, pero más allá de juicios generales, hay un principio que debe ser innegociable: el respeto. Cuando una mujer dice “no”, es no, y eso debe ser entendido y respetado sin excepción.
Las mujeres no son objetos, son personas con dignidad, autonomía y capacidad de decidir sobre sus vidas. Merecen ser tratadas con consideración, no por idealizarlas, sino por reconocer su valor como seres humanos. El respeto no debe basarse en estereotipos ni en roles tradicionales, sino en la igualdad.
Antes, enseñanzas como la urbanidad promovían la cortesía y el buen trato, algo que sigue siendo valioso. Sin embargo, también limitaban a las mujeres a ciertos roles, lo cual hoy sabemos que no es justo. El desafío actual es conservar el respeto y la empatía, pero sin imponer modelos rígidos ni restringir la libertad de nadie.
Cada persona, mujer u hombre, tiene derecho a vivir su vida como elija, siempre que no dañe a los demás. Por eso, es fundamental rechazar cualquier forma de acoso, abuso o violencia, ya sea en el ámbito personal o laboral.
Mi solidaridad con todas las mujeres que han sido víctimas de acoso. La sociedad necesita avanzar hacia relaciones basadas en el respeto mutuo, la igualdad y la libertad responsable.